Negociaciones en Argelia: El arte de la paz maliense

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AzawadPor Julio Morejón

Con entusiasmo el jefe del gobierno maliense, Ibrahim Boubakar Keita, convocó a los participantes en la quinta ronda de negociaciones entre Bamako y los grupos armados tuareg a avanzar rápidos y decididos hacia un acuerdo de paz.

Tras los primeros pasos marcadamente tortuosos del dialogo, parecía que este estaba estancado, pero luego -encarando los riesgos y quemando aceleradamente etapas del proceso, así como para que se observaran los primeros frutos de la gestión- las partes sorprendieron al acordar un alto al fuego.

Nadie esperaba esa reacción, y menos en un contexto político bastante complejo para las guerrillas del norte de Mali enfrascadas en una lucha armada entre quienes defienden en planteamiento gubernamental de mantener integro al país y otros que pregonan una suerte de secesión, sino física, al menos institucional.

El pacto, firmado dos días después de iniciarse la quinta ronda de negociaciones intermalienses, «se aplicara en colaboración con la Misión de la ONU para Mali e incluirá la liberación de detenidos en la región septentrional, controlada desde enero de 2012 por guerrilleros tuareg», dijo el canciller argelino, y mediador, Ramtan Lamamra.

La reunión sesionó en Argelia, que facilita las condiciones para abordar el conflicto maliense, asunto con repercusiones en toda la región del Sahel y el cual puede poner en peligro su estabilidad como ocurrió en 2011, cuando el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) puso en crisis la capacidad operativa del ejército.

En aquel entonces, Mali atravesaba una situación delicada que generó una sublevación castrense y el golpe de Estado contra el presidente Amadou Toumani Toureg, lo cual debilitó profundamente la seguridad nacional, amenazada por la expansión en la zona septentrional de grupos extremistas de confesión islámica.

Por su parte, el MNLA, de los más exaltados de la comunidad tuareg, hacia temer por la integridad territorial al intimidar con fracturar al país por el Azawad, un territorio enorme en el norte maliense que ese grupo humano considera su cuna. Una separación como tal afectaría a por lo menos a otros tres países del Sahel.

Esas conversaciones para llegar a un acuerdo intermaliense suponen -ante todo- un respeto basado en la confianza por el interlocutor, el mediador y los representantes de otros Estados que acompañan al proceso, y el logro del alto al fuego con carácter inmediato, confirma esa apreciación.

Además del MNLA y el gobierno, el Alto Consejo para la Unidad de Azawad, el Movimiento Árabe de Azawad, Movimiento Árabe de Azawad-disidente, la Coordinación para el Pueblo de Azawad, y la Coordinación de Movimientos y Frentes Patrióticos de Resistencia, firmaron el documento.

Un proyecto de pacto que se avanzó entre los participantes en la cita -propuesto por Argel-, preveía una amplia autonomía para el norte de Mali y la exclusión del acuerdo de cese del fuego de los grupos armados vinculados con Al Qaeda, lo cual dejó claro la dirección que tomaba el proceso.

EL ACUERDO Y SU ENTORNO

Para varios analista resulta alentador el desarrollo de la quinta ronda negociadora y el gobierno en Bamako se dijo satisfecho porque las conversaciones con los grupos armados tuaregs y porque se recibían señales de que de acuerdo de paz y reconciliación no afectaría la unidad de Mali, ni su carácter laicismo.

Representantes de los jefes guerrilleros del norte maliense elogiaron el alto el fuego firmado con el gobierno y aseguraron que el propósito ahora es alcanzar un pacto que posibilite un arreglo definitivo del conflicto, que en los últimos tiempos se enrareció con la intensificación de las contradicciones entre grupos armados tuareg.

En declaraciones a la prensa tras la presentación del documento en Argel, el vocero de esos movimientos de base comunitaria, Harouna Tourey, declaró que el paso más inmediato era comunicar a las milicias que respetaran en el terreno lo acordado en las negociaciones, era una demanda urgente.

«La etapa más importante que tenemos por delante es de la firma de un acuerdo de paz global y definitivo. En los próximos días tendremos la oportunidad de rubricar al menos otro documento de paz aquí a Argel, durante esta quinta ronda (de conversaciones)», agregó Tourey.

Sin embargo, el diálogo para distender la crisis ocurría en un ámbito amenazado por una escalada bélica en la franja septentrional del país, donde combatían guerrilleros del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad y del progubernamental Grupo de Autodefensa Tuareg Imghad y Aliado (Gatia).

Tales enfrentamientos ocurrían en Tabankort, una zona donde rebeldes y el ejército, combatían desde hacía más de un mes, y en la que persistía una gran tirantez política entre guerrilleros tuaregs, ejército y la Misión de la ONU (Minusma). Allí ocurría un debate que transparentaba una verdadera lucha por el poder.

La comunidad tuareg o imuhagh es un pueblo bereber o amazigh del Sáhara y se estima que está integrada por algo más de un millón 200 mil personas, cuyo asiento originario -afirman- está en una zona que ahora forma parte de cuatro países: Argelia, Libia, Níger y Mali, la región de Azawad.

En el norte de Mali se ubican los principales yacimientos de petróleo y las mayores minas de oro y uranio del país, explotados por trasnacionales francesas. Para algunos ese fue el motivo central de la operación militar gala de 2013 contra la extensión integrista allí, y se asume que París no permitiría alteraciones al respecto.

Así es como las negociaciones en la capital argelina atravesaron por caminos sinuosos, entre conflictos armados, intereses económicos foráneos, el desequilibrio social persistente entre la franja septentrional y la región austral, los ideales políticos diversos en la comunidad tuareg y el deseo del gobierno de evitar la secesión.

A la larga, las autoridades en Bamako valoraron satisfactoriamente las conversaciones con los grupos armados del noroeste y su criterio positivo se basó esencialmente en que el «Proyecto de acuerdo de paz y reconciliación» no compromete la unidad del país ni su carácter laico, lo cual es legítimamente válido.

Epítome: De todas formas silenciar las armas es sólo el principio, después deberán llegar los compromisos y -con buena voluntad- el cumplimiento de esos para que la paz entre los malienses deje de ser una invocación para convertirse en una necesaria y sólida realidad.