Mujeres y política en África: ¿llegó la hora del cambio?

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Por Richard Ruíz Julién
La esperanza y admiración de mujeres africanas y nacionales crece luego de que Etiopía hiciera historia a finales de octubre y la escribiera en femenino, en opinión de expertos.
Días después de nombrar un gobierno con féminas en la mitad de sus carteras ministeriales, el Parlamento etíope designó a Sahle-Work Zewde como primera presidenta de la historia contemporánea de esta nación.

Aunque el puesto tiene un carácter representativo ‒el poder lo ostenta el primer ministro‒ el gesto fue aplaudido internacionalmente y generó una ola de optimismo en ellas, un sector marginado y estigmatizado en esta zona del mundo, según analistas.

Más allá de que queda mucho para lograr en la igualdad de género en África, donde conviven realidades diferentes, los avances en derechos en decenas de territorios y el aumento de representación política de las mujeres protagonizan el ritmo de cambio continental.

Para la profesora de sociología de la Universidad de Addis Abeba, Fatima Gebresembet, la clave es la mezcla de mentalidad y educación.

‘Las jóvenes están cada vez más concienciadas e implicadas, y eso es algo vital porque ésta es una región muy joven. No es sólo un movimiento feminista sino diverso: defiende los derechos del colectivo LGTB, a las afectadas por la violencia sexual o VIH… Cada vez hay más esfuerzos para proteger los derechos de las mujeres’, detalló a Prensa Latina.

La representación política es la punta de lanza del optimismo. En la última década se triplicó el número de africanas en puestos ministeriales y ya representan el 22,5 por ciento de los asientos parlamentarios, un porcentaje similar al de Europa (23,5) y superior al de Estados Unidos (18).

‘Es el resultado del trabajo incansable de movimientos y figuras activas en luchas de liberación e implicadas en toma de decisiones. Es el caso de Etiopía, Ruanda o Sudáfrica. Es un fenómeno político. Cada vez más mujeres tienen experiencia en posiciones de liderazgo’, refirió Gebresembet.

‘El rol que desempeñan en la sociedad es crucial. No sólo es madre, también mantiene a la familia unida o conserva la cultura y tradiciones. Ello le da una posición de respeto y permite que opine en público, delante de quien sea’, aseguró el investigador Teofilo Mebratu.

Pero es precisamente en el campo educativo donde el mapa africano resalta su diversidad.

A nivel general se observa un avance: de 1994 a 2004, el 52 por ciento de ellas eran analfabetas, hoy la cifra es del 32 por ciento, un descenso que duplica al de los hombres.

No obstante, al bajar al terreno las diferencias se enturbian: sólo una de cada tres chicas acaba la educación secundaria.

De acuerdo con el índice de Mujeres, Paz y Seguridad, del Georgetown Institute, mientras Sudáfrica o Namibia cumplen con la media de 10 años de educación infantil propia de países desarrollados, la puntuación global del continente desciende hasta los tres años de escolarización media por la decepcionante puntuación de otros como Níger, Mali, Burundi, República Centroafricana, Sudán del Sur, Congo o Somalia.

Aunque el índice, que puntúa la inclusión, la justicia o la seguridad, sitúa en el furgón de cola mundial hasta siete Estados africanos, sólo por encima de Siria, Afganistán, Yemen o Pakistán, subraya que naciones como Ghana, Islas Mauricio, Tanzania o Zimbabwe están ya por encima de la media en el orbe.

El estudio apunta además cambios en el rol del hombre: en los últimos años el porcentaje en Ghana o Botswana, que no aceptan que las mujeres trabajen fuera de hogar, es tan bajo como en los países europeos.

‘Aún hay muchos retos y desafíos como la violencia sexual, los matrimonios infantiles o la mortalidad materna. El despegue es positivo aunque queda mucho por batallar’, concluyó Mebratu.