Mujeres rurales de África deben participar en manejo hídrico

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Las mujeres rurales de África deben ser incorporadas a la agenda hídrica posterior a 2015. Crédito: Miriam Gathigah/IPS

Por Miriam Gathigah

Las voces femeninas se hacen oír cada vez más en plataformas internacionales que buscan abordar la agenda hídrica posterior a 2015, pero no así en el ámbito local. Esa exclusión de las mujeres rurales genera falencias que ya impactan en países como Kenia, alertan los especialistas.

En la Conferencia Internacional del Agua, realizada entre el 15 y el 17 de este mes en la ciudad española de Zaragoza, “se adoptaron ciertas posiciones (…), pero quienes se encargan de implementarlas, que a menudo son mujeres rurales, todavía están en la oscuridad”, dijo a IPS el experto ambiental Dismas Wangai.

Citó como ejemplo las cinco represas construidas en el río Tana, el mayor de Kenia.

Según Wangai, las represas no funcionan de modo óptimo debido al mal manejo agrario, pues los agricultores continúan cultivando excesivamente cerca de estos embalses.

“Esta es una importante causa de preocupación, porque alrededor de 80 por ciento del agua potable en el país procede de estas represas, así como entre 60 y 70 por ciento de la energía hidroeléctrica”, dijo.

El experto destacó que hay una amplia erosión del suelo originada en la agricultura extensiva que se practica en torno a los embalses y, a consecuencia, “buena parte del suelo se asienta en estas represas”.

“De continuar esta tendencia, las represas producirán cada vez menos agua y energía”, sostuvo.

Mary Rusimbi, directora ejecutiva del no gubernamental Fondo de Mujeres de Tanzania y oradora en la conferencia de Zaragoza, dijo a IPS que las mujeres deben participar en el manejo del agua a todos los niveles.

Es muy importante que los movimientos comunitarios de mujeres “tengan injerencia en el manejo del agua, porque ellas son las más afectadas por las tensiones hídricas, y son las mejor posicionadas para implementar mejores prácticas”, señaló.

Según Rusimbi, las mujeres constituyen por lo menos 80 por ciento de la mano de obra agrícola en África. “Esto significa que, si no se les enseñan mejores prácticas de cultivo, esto tendrá serias implicaciones para el manejo del agua”, añadió.

Alice Bouman, presidenta fundadora honoraria de la Asociación de Mujeres para el Agua, dijo a IPS que el déficit del líquido para satisfacer necesidades básicas afecta a la población femenina en particular, o sea que “ellas son las mejor ubicadas para aportar información valiosa sobre los desafíos que enfrentan para acceder” al mismo.

“Por lo tanto, ellas tienen más probabilidades de abrazar soluciones al mal manejo del agua, porque son quienes padece las tensiones hídricas a un nivel más inmediato”, agregó.

Según Bouman, es tiempo de que los socios hídricos mundiales empiecen a incluir a las mujeres de ámbitos locales como socias y no meramente como grupos vulnerables a los caprichos del cambio climático.

Las asociaciones en torno al agua deben aprovechar el capital social de las mujeres, señaló, porque ellas “establecen conexiones y redes fuertes de manera muy fácil, y estas redes pueden volverse vehículos para crear conciencia sobre el manejo hídrico”.

Bouman también llamó a desarrollar un enfoque más exhaustivo del manejo hídrico que incluya la perspectiva de género.

Mientras, Rusimbi planteó que, aunque tal vez a las mujeres les resulte difícil hacerse oír en las conferencias internacionales sobre el agua, pueden lograrlo a través de organizaciones de la sociedad civil.

También reclamó poner fin a la tendencia de que las organizaciones internacionales sean las que aporten soluciones a las comunidades locales.

“Tenemos que involucrar a las mujeres rurales en estos debates desde el momento de diseñar estas intervenciones. Ellas tienen más para decir que el resto de nosotros, porque interactúan con el agua a niveles muy diferentes, que son cruciales para un manejo sostenible”, dijo Rusimbi.

Wangai también planteó que las mujeres rurales, que pasan muchas horas buscando agua, suelen asociarse apenas con las necesidades domésticas del líquido.

“A menudo la gente dice que estas mujeres pasan horas caminando para ir a buscar agua y por lo tanto necesitan que se caven pozos más cerca de sus hogares”, pero el debate sobre el agua debe ampliarse y abordar proactiva y conscientemente la necesidad de incluir a las mujeres rurales en el abordaje de los desafíos hídricos que todavía enfrentamos, agregó.

Editado por Phil Harris