Mujeres, perseverante bregar en sociedades árabes e islámicas

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Por Ulises Canales
Los discursos gubernamentales suelen edulcorar su realidad, pero las mujeres de países árabes e islámicos sienten que, aún con indiscutibles progresos sociales y políticos, necesitan perseverar en su bregar por un trato de iguales con los hombres.

 

Amén de las especificidades de cada país en materia de igualdad de género, en todos el 8 de Marzo muchas -y muchos- lo asumieron como una jornada para sopesar éxitos, decepciones y aspiraciones.

INSATISFACCIONES EN SOCIEDADES ISLÁMICAS

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el secretario general de la Organización de Cooperación Islámica (OCI), Yousef bin Ahmed Al Othaimeen, remarcó el rol social de las féminas y su contribución a edificar las sociedades donde predomina la religión musulmana.

‘Es una oportunidad para enfatizar la importancia de los acuerdos de la OCI sobre las mujeres y revisar las condiciones (de éstas) a la luz de los desafíos que enfrentan para lograr sus derechos’, apuntó el funcionario en un mensaje de congratulación desde la ciudad saudita de Jeddah.

En ese sentido, felicitó a los gobiernos que se esfuerzan por empoderar y promover a la mujer implementando el Plan de Acción para el Avance de las Mujeres aprobado por esa entidad en noviembre de 2008, en El Cairo, Egipto.

Al Othaimeen sacó a colación resoluciones de conferencias ministeriales sobre ese particular que instan a los 57 estados miembros de ese bloque a ‘tomar todas las medidas y pasos necesarios para garantizar la participación efectiva de las mujeres en todos los aspectos del desarrollo social’.

‘Es imperativo en este día subrayar la necesidad de apoyar a las mujeres que son sostén de nuestras familias, que pueden estar viviendo en la pobreza más abyecta, resistiendo situaciones desastrosas en zonas de conflictos o bajo el yugo de la ocupación, y las que sufren necesidades especiales’, dijo. Igualmente, consideró menester ‘apuntalar’ las asociaciones y la cooperación para lograr mayor progreso en el área de empoderamiento de las féminas, mejorar sus condiciones, alcanzar la equidad de género y protegerlas contra los efectos de las guerras.

Urgió a los países que aún no ratifican el Estatuto de la OCI para el Desarrollo de las Mujeres a hacerlo ‘lo más pronto posible’ como prioridad que contribuirá al mejoramiento social, político y económico de ellas.

Del propio mensaje del secretario general del ente islámico se deduce que cuando de igualdad de género y derechos de las mujeres se trata, las declaraciones, acuerdos, resoluciones y convenciones toman derroteros no necesariamente coincidentes con la cotidianeidad en países musulmanes.

Junto a una mentalidad machista cultivada durante siglos de marginación al que consideraban sexo débil coexisten prejuicios que con frecuencia se escudan en la religión, un elemento sin dudas omnipresente y con fuerte influjo en el quehacer político-social de las sociedades del área.

BATALLA INFATIGABLE DE LAS LIBANESAS

En el caso de El Líbano, que posee la singularidad de ser el único país árabe e islámico presidido por un cristiano y tener un alto porcentaje de habitantes con ese credo, se aprecia a priori más apertura, tolerancia y emancipación femenina, pero los hechos confirman que es un espejismo.

Para el periodista y poeta Akel Al Aweet, el 8 de marzo marca una ‘admisión vergonzosa’ de cada ser humano en el mundo de que los derechos de las mujeres aún no han sido obtenidos y que su situación en El Líbano y en muchos países árabes sigue siendo ‘injusta y, a veces, incluso devastadora’. La lista de demandas que enarbolaron las libanesas es interminable, pero en opinión del intelectual sobresale la falta de representación política en el parlamento del que han sido relegadas, pues aunque fueron pioneras en ganar el derecho a votar desde 1952, apenas tienen presencia en el hemiciclo.

Una coalición nacional actualmente demanda una cuota de 30 de los 128 escaños de la cámara, y organizaciones como Al Owaet abogan por una ley que garantice la proporción de 50-50.

Según datos oficiales, en 2009 sólo ocupaban el 3,1 por ciento de los asientos del Legislativo, y hasta entonces únicamente 17 mujeres habían servido en la cámara desde que lograron derecho al sufragio.

Tal situación colocaba a El Líbano en los sitios más bajos de la tabla de representación parlamentaria de mujeres en Medio Oriente, casi a la par de Omán (ninguna), Yemen (0,3) y Bahrein (2,7), una realidad muy similar ahora.

Valga acotar que en Siria las féminas ocupaban entonces el 12,4 por ciento de la Asamblea, en Túnez llegaban al 22,8 y en Iraq la cuota era de 25.

En un foro realizado en marzo por la Comisión Nacional para las Mujeres Libanesas con apoyo de la Unión Europea sobre ‘Igualdad de Género y Empoderamiento de las Mujeres’, la jefa de la delegación comunitaria en Beirut, Christina Lassen, expuso un panorama decepcionante para ese sector.

La diplomática puntualizó que las mujeres representan alrededor del 53 por ciento de la población y son activas en los sectores público y privado, pero usualmente tienen muy poco o nulo rol en niveles de dirección y altos cargos.

Si bien en materia de vestimenta y ocio las mujeres libanesas son más liberales que otras del mundo árabe, y poseen casi iguales derechos civiles que los hombres, el hecho de que coexistan 18 religiones oficiales en su país torna muy complejos los asuntos de familia.

Hay unos 15 códigos de estatus personal basados en preceptos religiosos y la protección legal de la mujer varía según la confesión que profese. Las familias musulmanas, por ejemplo, permiten el matrimonio de niñas de nueve años y la poligamia, y sus mujeres pueden casarse con un cristiano.

Además, el divorcio, la protección de los niños y otros asuntos se dirimen en cortes religiosas que no reconocen los derechos de custodia compartida y suelen separar a las madres de sus hijos para dárselos a los padres o, en el mejor de los casos, les ofrecen arreglos injustos para cuidarlos.

Las mujeres libanesas han batallado desde hace años por una ley civil que rija los temas de estatus personal, en lugar de referirlos a tribunales religiosos donde por lo general salen en desventaja.

Otro problema expuesto por activistas es el de la ciudadanía, pues las mujeres que se casan con extranjeros carecen de derecho a pasar su nacionalidad a sus hijos y ello los priva de servicios de salud y educativos básicos convirtiéndolos en personas de segunda clase en su propio país.

La violencia doméstica y de género, en su sentido más amplio, es otra asignatura pendiente que encaran las libanesas y muchas de sus similares en países árabes donde el patriarcado está bien afincado y limita que ellas puedan acceder a la justicia en caso de abusos en el hogar.

Un sondeo realizado en 2016 arrojó que en El Líbano el 44 por ciento de las personas conocía a una víctima de abuso doméstico, pero nunca denunció, y a todo eso se añade que en muchas sociedades árabes un violador puede escapar del castigo si se casa con su víctima.

AVANCES TODAVÍA INSUFICIENTES

A comienzos de marzo, un foro sobre empoderamiento financiero del sector femenino realizado en Beirut instó a facilitarles la vida en esa esfera pues en el mundo hay 1,33 mil millones de mujeres que carecen de cuentas bancarias, y ese panorama se acentúa más en África y Medio Oriente.

El ministro libanés de Estado para Asuntos de las Mujeres, Jean Ogasapian, llamó a involucrar más las féminas en el desarrollo de los estados árabes, y reconoció la necesidad de que instituciones y organismos oficiales se tracen como metas invertir en sus capacidades para lograr el crecimiento social.

A su vez, el presidente de la Unión Mundial de Banqueros Árabes, Joseph Torbey, recriminó que aunque las mujeres representan más de la mitad de la población mundial, sólo poseen el uno por ciento de las riquezas del orbe y obtienen apenas el 10 por ciento de sus ingresos.

Además, ellas ocupan únicamente el 14 por ciento de los puestos mundiales de liderazgo, tanto en el sector público como en el privado, acotó.

Por su lado, la directora de la Organización de Mujeres Árabes, Mervat Telawi, consideró que las compañías que tienen a tres féminas ocupando posiciones de liderazgo son más productivas que las otras.

Lamentó, sin embargo, que aún enfrentan grandes desafíos debido a guerras y conflictos en estados de la región, y apeló a que los bancos árabes provean las necesarias facilidades para hacerlas fuerte económica y financieramente.

Telawi enalteció a las mujeres árabes porque a su juicio alcanzaron recientes ‘éxitos razonables’ en Arabia Saudita, Argelia, Marruecos, Túnez e en Iraq, mientras por su parte Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait y Qatar se autodefinen como vanguardias a nivel regional.

El vicepresidente y primer ministro de EAU, jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, aseguró que en su país el 70 por ciento de las mujeres son graduadas universitarias, y también el 70 por ciento está empleada en el gobierno.

Un tercio de los miembros del Consejo de Ministros emiratí es mujer y se espera que las personas de ese sexo lleguen a copar el 50 por ciento de dicho órgano ‘en el futuro cercano’, según el gerente ejecutivo de la Autoridad de Agua y Electricidad de Dubai, Saeed Mohammed Al Tayer.

A modo de ejemplo, Al Tayer señaló que esa entidad emplea a mil 785 mujeres en el ámbito de operaciones, de las cuales 601 trabajan en puestos de ingeniería y otros técnicos, y el 78 por ciento son ciudadanas emiratíes.

En EAU, que según un informe de la Escuela de Negocios de Harvard está en el primer lugar mundial en cuanto a buen trato a las féminas, los avances a veces tropiezan con la propia legislación, como es el caso de una norma de 2014 que obliga a las madres a amamantar a sus hijos hasta los dos años.

Precisamente, el hecho de que la sociedad introdujo cambios a favor de la incorporación de las emiratíes al mercado laboral y cada vez más desempeñando puestos de mayor responsabilidad, impide a las progenitoras dar el pecho a sus bebés, a pesar de que la ley contempla severos castigos.

La percepción oficial de que también se ha hecho mucho por las mujeres tampoco escapa a Qatar, donde el lema de la celebración internacional de este 8 de Marzo ‘Mujeres en el Mundo Cambiante de Trabajo: Planeta 50-50 en 2030’, se ajusta a las políticas gubernamentales de implicarlas más socialmente.

Aunque entre ciudadanas y expatriadas también hay distinciones y discriminación, las autoridades de Doha afirman defender la eliminación de la creciente informalidad del empleo y la inequidad de los ingresos.

Las mujeres en Qatar han desempeñado los más altos puestos diplomáticos, administrativos, científicos y empresariales, tienen derecho a elegir y ser elegidas y registra ‘logros relevantes’ en ramas de inversión, finanzas, banca, turismo, prensa, fotografía, artes plásticas y labor humanitaria.

Una valoración muy similar hacen las autoridades de Kuwait, donde tras largos años de reivindicaciones y presiones, las mujeres lograron en 2009 entrar a la escena política ocupando un escaño en la Asamblea Nacional.

Conscientes de que en Occidente la lista de reivindicaciones de sus congéneres es también extensa, aunque en esencia muy distinta, las mujeres árabes e islámicas arribaron al 8 de marzo con la certeza ya inmutable de que sus vidas y sus sociedades emprendieron caminos irreversibles.