Muhamadu Buhari ante complicados desafíos

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BuhariPor Julio Morejón 

Tras obtener alrededor del 54 por ciento de los votos en las elecciones del 28 de marzo, el nuevo presidente nigeriano, Muhamadu Buhari, tiene ante sí una complicada agenda de problemas nacionales a la que deberá dar respuesta.

En su campaña electoral capitalizó los cambios demandados por la población, ahora expectante de una gestión gubernamental más ágil que la de su predecesor, el cristiano sureño Goodluck Jonathan.

Para alcanzar su victoria, el musulmán de 72 años concentró su discurso en las diferencias de la situación económica entre el sur y el norte nigeriano, el primero en mejor condición que su antípoda y los fenómenos que generan tal disparidad, entre ellos la violencia sectaria.

Entre los desafíos que enfrenta el gobernante se incluyen el terrorismo de la secta radical islámica Boko Haram y el desempleo que afecta a un importante sector de la población económicamente activa.

Buhari, quien asumirá la presidencia el 29 de mayo, está obligado a concretar las propuestas emitidas en su discurso político. Se espera que el mandatario ponga fin a las acciones del beligerante Boko Haram, que desde 2009 causó aproximadamente 14 mil muertos y medio millón de desplazados, y ahora se empeña en ejecutar una contraofensiva para neutralizar las operaciones militares conjuntas de los países de la Cuenca del lago Chad.

Ese grupo extremista islámico nigeriano reinició su ofensiva contra localidades del nororiental estado de Borno poco después de concluir los comicios presidenciales y legislativos recientes.

El 6 de abril una fuente de las fuerzas de seguridad confirmó que Boko Haram causó la muerte a más de 20 personas en un ataque contra el poblado de Kwajaffa, en el noreste nigeriano, una de las zonas más afectadas por la violencia fundamentalista.

Un comando islamista incendió la mayoría de las edificaciones del lugar, disparó indiscriminadamente contra sus pobladores y causó la huida de los sobrevivientes.

La secta radical sufrió graves pérdidas en las últimas semanas de marzo y se replegó por la fuerte ofensiva del ejército nigeriano y las tropas de la coalición internacional establecida por mandato de la Unión Africana e integrada además por efectivos de Chad, Níger y Camerún.

Un vocero de las fuerzas de seguridad afirmó que una veintena de miembros de la secta fuertemente armados iniciaron desde la noche del domingo 30 de marzo el ataque contra Kwajaffa.

Esa formación islamista no logró afectar la realización de las elecciones nigerianas, vencidas por Buhari, quien tras conocerse los resultados de la consulta reiteró el compromiso de acabar con la amenaza que representa el grupo armado para el país y la seguridad subregional.

SITUACIÓN ECONÓMICA

También el nuevo jefe de Estado deberá combatir a otro mal que de hecho puede poner en riesgo la efectividad de los instrumentos del poder en cuanto a gobernabilidad, el desempleo que en el país más poblado del continente (170 millones de habitantes) es de más del 50 por ciento entre los jóvenes.

¿Qué significa tener un Producto Interno Bruto anual de 510 mil millones de dólares para una vendedora del mercado que forma parte del 60 por ciento de la población que está por debajo del nivel de pobreza?, se preguntó el analista Seun Kutiel el pasado año en un texto sobre la realidad económica nigeriana.

«Oficialmente, Nigeria tiene una tasa de desempleo juvenil del 54 por ciento, aunque en realidad la cifra podría llegar incluso al 80 por ciento», ampliaba en la descripción. Millones están obligados a sumergirse en la economía informal, donde no tienen protección ni perspectiva alguna.

«Pero no sólo toleramos estos bajos salarios, sino que además nos quedamos sentados viendo como los expatriados occidentales ganan hasta cinco veces más que nosotros por realizar el mismo trabajo, simplemente porque ellos se consideran expertos», añadió Kutiel.

En esa línea, Buhari deberá mantener un ritmo creíble del crecimiento de puestos de trabajo en los 36 estados que integran Nigeria, donde espera ser el presidente de todos, como aseguró al aceptar la decisión dimanada de las urnas.

«Les aseguro que nuestro Gobierno va a escuchar y abrazar todo. No habrá ningún sesgo en contra o favoritismo para ningún nigeriano por su origen étnico, religión, región, género o condición social», afirmó.

Inseguridad y desempleo son dos temas contemplados en la agenda presidencial sobre los que Buhari no debe retrasar soluciones.

FRENTE Y RETAGUARDIA

Por último, un tópico indispensable de abordar es el tema de la corrupción que fue básico en la campaña del Congreso de Todos los Progresistas (APC), el partido del presidente.

En sus primeras declaraciones a la prensa como mandatario, Buhari prometió combatir la «infraestructura de corrupción» en Nigeria.

El 20 de febrero de 2014 fue despedido el gobernador del Banco Central, Sanusi Lamido Sanusi, a quien la revista Banker nombró el mejor banquero central de 2011, y quien acusó a la petrolera estatal, la Nigerian National Petroleum Corporation, de ocultar al gobierno 12 mil millones de dólares de ganancias.

Hubo un duro intercambio entre Sanusi y el entonces presidente Jonathan, de quien el primero dijo que estaba rodeado de asesores corruptos.

El exgobernador del Banco Central fue acusado de «imprudencia financiera y conducta reprobable», que desorientaba los propósitos para los cuales ocupaba el cargo, pero quedó en el ámbito público el debate sobre el desvío de citado capital, sobre cuyo asunto -según medios de prensa- investigaba precisamente Sanusi. Abordando las prácticas ilegales en su país, el estudioso Emeka Njoku expuso en un artículo en Nigeria World, reproducido por el sitio digital Fundación Sur, que «la gente necesita desesperadamente líderes piadosos y no políticos corruptos, señores impulsados por el egoísmo, saqueando el tesoro nacional, como un ejército enemigo invasor».

Difíciles tareas para el nuevo presidente.