Misterios vigentes del lago asesino

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Por Lemay Padrón Oliveros
Usualmente cuando se habla de muertes asociadas a cuestiones naturales se piensa en huracanes, tifones, terremotos o tornados, pero en África existe un lago que mató en una sola noche a casi dos mil personas y todavía los científicos no saben a ciencia cierta cómo.

Nada de inundaciones, descargas eléctricas o cataclismos, lo sucedido hace ya más de 30 años en los alrededores del lago Nyos fue tan inesperado como silencioso: sencillamente una nube de gas tóxico que acabó con toda la vida humana y animal que encontró a su paso.

También conocido como lago Lwi, está ubicado en un cráter volcánico cerca del monte Oku, en el noroeste de Camerún, y es uno de los 29 de su tipo que ocupan la zona, en la llamada línea volcánica camerunesa.

La laguna tiene más de 200 metros de profundidad y durante la temporada de lluvia el agua desborda la orilla e inunda los valles vecinos. Hasta ahí todo normal, pero lo que ocurrió el 21 de agosto de 1986 rompió todo lo establecido.

Ese día, una nube de dióxido de carbono se escapó del lago Nyos y mató a unas mil 800 personas y seis mil cabezas de ganado. Se calcula que el nubarrón tenía hasta un kilómetro cúbico de gas y se desplazó a casi 50 kilómetros por hora por los valles circundantes, a unos 23 kilómetros a la redonda.

Testigos afirmaron en su momento que aproximadamente a las nueve de la noche (hora local) escucharon algo similar a una explosión y vieron cómo sus animales morían. Sólo cuatro personas lograron sobrevivir de las mil 300 que habitaban la localidad de Nyos, según las cifras oficiales.

Se dice que la emanación de esa gran nube de gas tóxico fue provocada por el agua del lago al saturarse de dióxido de carbono, que se filtró de los manantiales subterráneos tras ser liberada como consecuencia de un derrumbe o un sismo.

Un cambio en el color de la piel de algunos cadáveres llevó a los científicos a pensar que la nube de gas podría haber contenido un ácido disuelto, como cloruro de hidrógeno.

El fenómeno, llamado erupción límnica, es bien raro, pero tuvo un antecedente cerca de ese lugar, en el también camerunés lago Monoun, donde en 1984 tuvo lugar un suceso similar que causó la asfixia y muerte de 37 personas que vivían en los alrededores.

Investigaciones posteriores llegaron a la conclusión de que para que ocurra un desastre de ese tipo el agua debe mantenerse fría todo el año, porque cuando se eleva en verano, por ejemplo, libera el dióxido de carbono poco a poco, y evita una concentración tal que provoque una explosión.

Además, el estanque debe ser lo bastante profundo para tener la suficiente presión que le haga mantener una alta cantidad de DIÃ’XIDO DE CARBONO (CO2) en los estratos profundos, por eso es tan rara la existencia de estos lugares propensos a las erupciones límnicas.

Lo que sucede es similar a cuando se agita una botella de una bebida gaseosa: las burbujas no se ven hasta ese momento, y si se destapa de pronto, explota al liberar la presión. De todas formas, los expertos aún no se ponen de acuerdo sobre si el detonante fueron movimientos tectónicos o saturación de los niveles de CO2.

El ecologista George Kling declaró al diario The Guardian en 2005 que tras un largo estudio de lo ocurrido, el evento seguía siendo ‘uno de los desastres más desconcertantes que los científicos han investigado, porque los lagos simplemente no se levantan y exterminan a miles de personas’.

Algunos apuntan también a los deslizamientos de tierra, comunes en ambos lagos cameruneses en el mes de agosto, y los científicos aseguran que la única opción es huir a las alturas, porque como el dióxido de carbono es más denso que el aire, no asciende mucho.

Apenas un 10 por ciento del gas presente en la atmósfera ya resulta letal para el ser humano; en Nyos los expertos han llegado a medir niveles de hasta el 30 por ciento de CO2 poco después de la explosión.

Varios esfuerzos han apuntado a buscar una solución para eliminar el gas desde estos lagos y prevenir una explosión que podría llevar a otra catástrofe.

En el caso del Nyos, desde 1990 un equipo de científicos franceses ha trabajado para desgasificarlo, y se han instalado una serie de tuberías a fin de prevenir las formaciones de dióxido de carbono allí.

Sin embargo, la acidez de las aguas causa corrosión en los tubos y obliga a un mantenimiento constante, y también existe el temor de que el CO2 pueda permanecer en la superficie del lago formando una delgada capa de aire irrespirable y cause problemas a la fauna.

En enero de 2001, un solo tubo fue instalado en el lago Nyos, y un segundo tubo se instaló en el Monoun a fines de 2002.

Se cree que estos dos tubos son suficientes para prevenir un incremento en los niveles de CO2, porque extraen aproximadamente la misma cantidad de gas que naturalmente entraría al lecho del lago, bajo cuyas aguas se encuentra un antiguo volcán inactivo.

No obstante, la clave para predecir el siguiente evento de esta magnitud sigue siendo un misterio tan extraño como perturbador, ya que una simple burbuja indetectable a los modelos podría originar en cualquier momento otra erupción límnica de consecuencias impredecible.