Mali y su indefinido horizonte de la paz

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Mapa de MaliMapa de MaliPor Julio Morejón

La alerta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) respecto a la inestabilidad en el norte de Mali confirma la ineficacia de la solución militar aplicada desde enero de 2013.

Una vuelta de hoja no fue suficiente para sepultar las contradicciones existentes en la zona que los tuareg denominan Azawad, a la cual reivindican como la cuna de su comunidad.

Ese es el lugar donde supuestamente los extremistas islámicos quieren establecer un Estado confesional excluyente, lo cual Occidente vincula con el terrorismo jihadista.

La alarma que como campana repicó en la ONU y puede afectar las relaciones internacionales es parte de un protocolo que presagia otro movimiento de fuerzas armadas hacia la región septentrional maliense.

Todo podría ser la preparación de otra campaña bélica en áreas de la influencia francesa, pues recuérdese que además de Mali también está el caso de República Centroafricana.

El tema maliense es esencial por lo que implica para la seguridad de los Estados con los que comparte frontera, entre ellos Níger con su potencial de uranio, el cual explota la firma gala Areva.

MALI Y LA JIHAD

A mediados de enero, las operaciones contra supuestos guerrilleros islamitas continuaban en el norte del país, pese a que en el segundo semestre de 2013 se informó del fin de acciones realizadas por los franceses.

En aquel entonces se habló de la reubicación y retiro de una buena parte de esa fuerza, mientras que tropas africanas iban asumiendo las funciones interventoras.

Sin embargo, un incidente, el asesinato de dos periodistas de Radio Francia Internacional, cambió la situación en el terreno e hizo que hubiera nuevos movimientos de efectivos para perseguir a los extremistas.

La ofensiva franco-africana, desatada hace un año, fue una aparente solución para la crisis política y militar maliense, agravada por la debilidad del ejército nacional con vistas a enfrentar a sus contendientes.

Tras el golpe de Estado perpetrado contra el presidente Amadou Toumani Touré, se evidenció la incapacidad castrense para operar primero contra la guerrilla tuareg y los extremistas de confesión islámica.

El Movimiento Nacional para Liberación de Azawad (MNLA), de la comunidad tuareg, alcanzó su máxima beligerancia en un tiempo en que los mandos militares estaban sometidos a limitaciones y se mantenían descontentos con Toumani Touré.

Los islamitas desalojaron al MNLA de las principales ciudades norteñas: Kidal, Gao y Tombuctú, esta última Patrimonio de la Humanidad, categoría instituida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

En esa región, varios movimientos extremistas trataron de afianzarse como autoridad, pero ninguno se consolidó, tanto por la actitud ciudadana como por la ofensiva franco-africana, aceptada por el gobierno de transición en Bamako.

Desde entonces se le confirió prioridad a la solución armada al conflicto en la parte septentrional de Mali, de donde las tropas coaligadas expulsaron a los extremistas.

“Sin embargo, algunos combatientes vinculados con Al Qaeda (en el Magreb Islámico) continúan ocupando parte del territorio norteño un año después de la ofensiva”, afirmó la prensa británica.

Los ataques, apenas difundidos por los medios, se intensificaron en los últimos tiempos, pero también escaló la reacción contra grupos extremistas como Ansar Dine y el Movimiento para la Unicidad y Jihad en Africa Occidental.

Un grupo de 11 combatientes islamitas fue abatido el miércoles 22 de enero por las tropas francesas acantonadas en Mali durante el curso de una operación en Tombuctú, en la cual capturó gran cantidad de armas y municiones.

“La operación se llevó a cabo el miércoles por la noche aproximadamente a 100 kilómetros al norte de Tombuctú”, dijo una fuente castrense bajo anonimato. “Once terroristas murieron y un soldado francés resultó herido”, afirmó.

El Ministerio de Defensa de Mali apuntó que los soldados galos realizaban operaciones en la región septentrional contra extremistas islámicos con el uso de tropas de tierra y aire.

En este contexto, las autoridades militares francesas y malienses afirmaron que las amenazas de ataques de extremistas en las ciudades de Tombuctú y Kidal continúan siendo reales.

También indicaron que sus patrullas permanecen operando en la región montañosa de Adrar des Ifoghas, una región usada por los activistas como escondite, cerca de la frontera con Argelia.

PROBLEMAS DIFÍCILES DE SOLUCIONAR

La existencia de destacamentos radicales armados de confesión islámica es uno de los problemas más difíciles de solucionar en la región saheliana a la que pertenece Mali.

Su presencia amenaza la estabilidad de los países del área, y son difíciles de asimilar en cualquier cuadro o arreglo incluyente, precisamente por sus planteamientos aislacionistas.

No obstante, el peligro que significa presentar sólo la opción militar como salida del túnel hasta ahora sólo se ha quedado en las ramas del problema, nunca llegó al tronco y menos a las raíces.

Si el empleo de la fuerza es la prioridad, la respuesta portará esos mismos componentes, pero con la ventaja de que los islamitas se perciben como defensores de la fe en un espacio invadido.

La ausencia de un mecanismo disuasivo basado en la comprensión y no en la subordinación de los intereses del otro, invalida la verdadera comprensión del dilema y su solución real.

En el caso maliense, es evidente la falta de una respuesta viable a problemas de múltiples causas, mayormente sociales y de integración comunitaria, que obstaculizan el cese de hostilidades internas.

Así que para detener el conflicto en el norte del país se requiere de una interpretación que sobrepase el enfrentamiento y posibilite asumir un modelo eficaz de fraternidad nacional; entonces se hará la paz.