Mali y República Centroafricana: cuando se procura la convivencia

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Soldats FrançaisPor Julio Morejón 

África trata de remontar los conflictos armados que frenan su avance hacia la prosperidad, pero esa acción tan loable encuentra obstáculos con la incapacidad de los protagonistas de asimilar los cambios de época.

Ante el auditorio continental se escenifican dramáticas contiendas como la de Sudán del Sur y Somalia, en las que se laboró para alcanzar la distensión, que sin embargo no llegó o se demora para materializarse.

En otros casos, con mayor agilidad las gestiones de paz avanzan en un sentido esperanzador como es el caso del entendimiento entre los rivales en la disputa de República Centroafricana y en Mali, dos casos en los cuales se perfila fructífera la mediación extranjera.

Los expresidentes de República Centroafricana Francois Bozizé y Michel Djotodia se comprometieron a participar en el proceso de pacificación de su país, donde se realizará un foro de reconciliación, que prevé sentar a la mesa de diálogo también a los representantes del gobierno y de las facciones cristianas.

El documento emitido apoya un acuerdo de armisticio firmado recientemente y con sus planteamientos pretende rescatar el frágil acuerdo de Brazaville, y esa contribución a la paz en África central posiblemente también irradie hacia la conflictiva región del oriente de la República Democrática del Congo.

Tal desenlace podría incluso repercutir en la región de los Grandes Lagos africanos, nunca exenta de tensiones.

Esos expresidentes de Centroafricana, acusados de socavar la transición en su país, firmaron en Nairobi (Kenya) esa declaración en la que se comprometen a participar en el proceso de reconciliación.

Los antiguos grupos armados de la coalición Seleka, de mayoría musulmana, y los anti-Balaka, con predominio cristiano, exigieron una amnistía general y un cambio de la posible hoja de ruta de la transición, iniciada tras el derrumbe político en 2013 del jefe de Estado Bozizé y en 2014de su sucesor Djotodia.

Aunque uno de los mediadores precisó que el texto aprobado entre las dos partes no solicita una amnistía, para ser consecuente con la práctica del Derecho Internacional, y que en otras secciones se refiere a la realización de posibles discusiones sobre las estructuras responsables de la transición.

La capital de Kenya acogió desde diciembre las conversaciones de paz entre los dos grupos rivales armados y los facilitadores , y se logró la firma de convenio el pasado 8 de abril, el llamado acuerdo de Nairobi, para potenciar el cese de hostilidades y la declaración de unirse seriamente al proceso de reconciliación nacional

Al tanto de ese evento estuvieron «el presidente de Kenya, Uhuru Kenyatta, el vicepresidente, William Ruto, y los mediadores (los presidente de la República del Congo y Uganda, Denis Sassou Nguesso y Yoweri Museveni, respectivamente)», recogió un reporte de prensa.

EL CASO MALI

Argelia -principal mediador en el conflicto del norte maliense- se distingue por ser uno de los Estados más sólidos del norte africano, lo cual le permite apoyar fehacientemente los procesos de paz en el continente.

Argel actúa en esa función en un conflicto que, sin dudas, aumentó la inseguridad en la región del Sahel.

Según el canciller argelino, Ramtan Lamamra, un equipo de la mediación internacional en la cuestión de Mali evaluó la situación en ese país, donde se logró avanzar en la firma de un acuerdo de paz, a la vez se adoptaron decisiones sobre lo que queda por hacer, que es tratar de establecer una hoja de ruta.

Lo que ocurre en Mali -tras el levantamiento de la guerrilla de la comunidad tuareg, en 2012- es consecuencia de enfrentar violencia con más violencia. La sublevación separatista de hace tres años, que asimiló a movimientos radicales de confesión islámica, fue enfrentada por las tropas franco-africanas de la Operación Serval.

Para precisar sobre ese aspecto se requiere comprender que la solución militar a la disputa sobre el norte de Mali, identificado como Azawad por los tuareg, no acaba con un grupo de problemas de esa comunidad septentrional derivados de la exclusión (económica, política y social), según plantea su principal guerrilla. El Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA), reconocido en las conversaciones de paz con el gobierno de Bamako, en principio sólo admitía discretamente al componente integrista islámico, pero tomó tal cuerpo que llegó paradójicamente a arrinconar a quien era su virtual compañero de viaje.

Cuando se desata la Operación Serval, los extremistas tenían fuerza para controlar las tres principales ciudades septentrionales: Gao, Kidal y Tombuctú, donde imponían sus prácticas rigoristas, entre ellas la destrucción de parte del patrimonio mundial, según denunció la ONU.

Acabada la ofensiva franco-africana y derrotados en lo principal los radicales, los restos de sus comandos en forma aislada continuaron atacando al ejército nacional y a la Misión de la ONU (Minusma).

La situación en el norte de Mali se complicó con los enfrentamientos entre rivales tuareg, unos que se pronunciaban a favor de una supuesta secesión del territorio de Azawad, mientras que los otros se proclamaron contra cualquier separación y manifestaban su lealtad al gobierno.

Una serie de combates ocurrieron en febrero pasado en la región de Tabankort, entre los Grupos de Autodefensa Tuareg (Gatia), progubernamental y el antigubernamental MNLA, combates que pusieron en riesgo las conversaciones en Argel.

No obstante las tensiones, a principios de marzo el gobierno de Mali y los principales representantes de los grupos armados sublevados de la zona septentrional del país firmaron un acuerdo de paz y de reconciliación en la capital argelina, el cual estaría bajo la supervisión de mediadores internacionales.

El bloque que agrupa a los MNLA, al Consejo Superior para la Unidad de la Azawad (HCUA) y el Movimiento Árabe del Azawad (MAA), solicitó tiempo para consultar su criterio al respecto con los militantes de base antes de firmar el documento, luego rechazó hacerlo y más tarde prometió que lo acreditaría, pero no lo hizo.

Según medios de prensa, el grupo planea que el texto relativo al acuerdo «no tiene en cuenta los intereses y las preocupaciones reales del pueblo de Azawad», lo cual es un obstáculo para el entendimiento con Bamako, que por su parte promete un aumento de autonomía y mejoras sociales, pero rechaza toda fractura del territorio nacional.

La capacidad militar de la Minusma, la voluntad negociadora de Bamako y de algunos movimientos armados contestatarios o no, la importancia estratégica que Francia le concede a Mali para la estabilidad en el Sahel, crea un ambiente favorable para una tregua permanente y llegar a la distensión, como prevé el mediador argelino.

Así, si bien son desesperanzadores los sucesos de las guerras en Somalia y Sudán del Sur, el quehacer africano para cosechar la convivencia muestra que se puede avanzar para despojarse de la rémora de la «pelea en familia» y ofrecerle a ese rico pedazo del mundo una perspectiva de paz y desarrollo; al menos en eso se trabaja.