Mali: Reconstruir la simbólica Tombuctú

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TombuctúPor Julio Morejón

La Historia muestra hechos aparentemente irracionales que pueden explicarse si escarbamos en su interior. Tal es el caso de la frenética destrucción en 2012 de una parte del patrimonio cultural de Tombuctú.

La ciudad maliense, también conocida como la Meca del Sahara, la deseada, o la de los 333 sabios (o santos), constituyó la inspiración de muchos aventureros, pues la leyenda cuenta que sus calles estaban enlosadas en oro.

La ciudad perdida del desierto fue establecida en el siglo XII sobre el emplazamiento de un campamento tuareg.

Durante largos períodos de la Edad Media africana fue centro de tráfico comercial y de amplio intercambio cultural bajo la difusión, más o menos generalizada, de las enseñanzas coránicas. Además sobresalió en términos arquitectónicos y constructivos en general.

Los historiadores puntualizan que a este sitio, en la región maliense de Gao, se le consideró capital intelectual y centro de propagación del Islam en África durante los siglos XV y XVI. También opinan que su arquitectura sintetiza la magnificencia de los monumentos erigidos sobre tierra.

Depositaria de piezas que atestiguan la continuidad histórica de la humanidad, las tres grandes mezquitas de la norteña ciudad: Djingareyber, Sankoré y Sidi Yahi, y sus 16 mausoleos, fueron inscritos en 1988 en el Patrimonio Mundial de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

La fabulosa Tombuctú, meta de caravanas que partían del Magreb y también las de Egipto que seguían las vías del este, es hoy una sombra de su grandeza, aunque se conservan restos de su rica trayectoria.

Entre esos testigos del violento paso del tiempo destaca un fragmento de muralla de unos cinco kilómetros, que en su momento debió proteger la localidad.

También se cuentan como lugares de interés las bibliotecas de manuscritos, el centro de estudios Ahmed Baba, el palacio Buctú, las casas de los exploradores, el museo privado Almansour Korey, el mercado y otras locaciones, algunas de ellas afectadas por la guerra desatada en 2010 en el norte de Mali.

CUANDO LA MEMORIA SANGRA

A finales de 2010, la región africana del Sahel se estremeció con la conflagración desatada por Occidente contra el Gobierno del presidente libio Muamar Kadafi, quien a la larga resultó asesinado.

Ese conflicto y la muerte del mandatario repercutieron en los Estados vecinos, principalmente en Mali, donde provocó la sublevación tuareg.

La tradición bélica de los llamados hombres azules es notoria, como lo es su demanda territorial, al reclamar la jurisdicción sobre una zona que abarcan territorios de cuatro países circundantes, Argelia, Níger, Mali y Libia, según exige el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA).

El reforzamiento armado del MNLA y la debilidad manifiesta del ejército maliense condujo a la retirada de este del teatro de operaciones militares en la dirección septentrional. Esto provocó una agudización de la crisis general y el Golpe de Estado contra Amadou Toumani Touré, protagonizado por las fuerzas armadas.

A ese caos sucedió, en el norte, el desalojo de la guerrilla tuareg de sus posiciones en las tres principales ciudades de la región: Gao, Kidal y Tombuctú por destacamentos de extremistas de confesión musulmana como Ansar Dine (Defensores de la fe) y el Monoteismo para la Unicidad y la Jihad Islámica en África Occidental (Mujao).

Guerrilleros que tienen fijación con destruir los monumentos. Tal es así, que el gobierno de Mali denunció la profanación por extremistas islámicos del mausoleo del Santo Sidi Mahmud, acto que calificó de bárbaro por «individuos sin fe».

El ataque ocurrió poco después de que la Unesco decidiera inscribir los monumentos de Tombuctú en la lista del patrimonio mundial en peligro, por lo que suscitó la condena de los habitantes de la ciudad y de diversas partes del mundo, donde se consideró un crimen contra la cultura.

No obstante, fue el 30 de junio de 2012 que Sanda Ould Boumama, segundo jefe de Ansar Dine, informó «oficialmente» el inicio de la destrucción de los 333 mausoleos de Tombuctú, por considerar que los peregrinajes a estos monumentos constituían muestras de idolatría contrarias al Islam.

«Se es o no musulmán. Vamos a erradicar todos los comportamientos impropios al Islam, que tiene sus normas. Hemos luchado y lo haremos por aplicar la Sharia (legislación musulmana) en Mali», fue el precepto que condujo a la destrucción del patrimonio, que paradójicamente es depositario de la cultura mahometana.

El primer monumento destrozado fue el de la Independencia de Tombuctú, una antigua estatua ecuestre a la cual le decapitaron al jinete, para luego arremeter contra la plaza que rodeaba al lugar. Más tarde fueron demolidos los mausoleos de Sidi Mahmud y Sidi Moctar.

Desde entonces los radicales ejecutaron un ciclo de demolición que puso en peligro el acervo cultural de un lapso importante en la formación de la conciencia nacional maliense y en la construcción espiritual de toda la región saheliana. Fue un ataque de la sinrazón y la barbarie. «El 2 de julio el número de mausoleos destruidos ascendió a siete, quedando en pie solo nueve de los 16 que originalmente existían. Los santuarios demolidos hasta la fecha eran los de Sidi Mahmud, Sidi Moctar, Alpha Moya, Sheij al Kebir y otros tres más», destacó una monografía, aunque llegó a hablarse de 11 monumentos destrozados.

La decisión de expulsar a los rigoristas de sus posesiones en el norte maliense asumió un sentido militar. En alguna medida, la destrucción prometida y cumplida en Tombuctú fue algo que también sensibilizó a una parte de la opinión pública mundial.

Tropas franco-africanas llevaron a cabo desde principios de enero de 2013 la Operación Serval, con la que en teoría los islamitas fueron expulsados de la región septentrional de Mali, donde según su Ministerio de Cultura la reconstrucción del patrimonio cultural supone una erogación de ocho millones de dólares.

ASUMIR UNA CUESTIûN DE VALORES

En el ámbito de su programa Quick Impact Project o Proyecto de Impacto Rápido, la Misión Multidimensional de Apoyo de las Naciones Unidas a Mali (Minusma) financiará en breve la rehabilitación de cuatro bibliotecas de Tombuctú, tras una evaluación realizada por el Ministerio y la Unesco.

El esquema de reconstrucción del patrimonio cultural de las provincias del norte de Mali fue concebido de conformidad con el plan elaborado por la Unesco, en colaboración con el gobierno maliense a través de las misiones de evaluación en Tombuctú y Gao.

Al respecto, especialistas de la Unesco afirmaron que los daños y destrucción al patrimonio cultural de Tombuctú como consecuencia de los ataques sistemáticos de los grupos armados, que ocuparon el norte de Mali a principios del pasado año, son más graves de lo que se estima.

Además de la reparación de los mausoleos, Europa restablecerá grandes obras como los 565 kilómetros de vías entre Tombuctú y Niono, afirmó el primer consejero político de la delegación de la Unión Europea en Mali, Bielecki Adrezi.

Con tales declaraciones y el financiamiento adecuado se prevé cumplir lo que Irina Bokova, directora general de la Unesco, identificó como tarea esencial en la rehabilitación del patrimonio de Mali, que «no es sólo una cuestión de reparar los daños, sino una cuestión de valores», que de seguro la humanidad agradecerá.