Mali: Incómodo atraso en aplicación del plan de paz

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AzawadPor Julio Morejón 

Las protestas contra la presencia de tropas extranjeras en Mali ocurridas en la ciudad de Kidal en abril, muestran otro elemento de fricción en cuanto a seguridad ciudadana y que obstaculiza la consolidación de la paz.

Según resumió la prensa: «Los locales protestaban contra el acoso de la Misión de la ONU (Minusma) y las fuerzas francesas de la Operación Barkhane, ambas tropas se hallan en el norte del país como parte de (las acciones para) lograr recuperar la estabilidad tras la guerra desatada en 2012 por las guerrillas de la comunidad tuareg.

La Minusma expuso que los disturbios en Kidal ocurrieron cuando los manifestantes demandaban la liberación de tres hombres detenidos por las tropas galas pertenecientes a la Operación Barkhane, en virtud de la cual París tiene unos tres mil 500 efectivos desplegados en cinco países en la región del Sahel.

Un soldado guineano de la Minusma apuntó los militares franceses creían que el trío detenido tenía vínculos con «los terroristas que recientemente sembraron las minas que mataron a tres soldados del país europeo», y su arresto motivó que los ánimos se caldearan en Kidal, donde hay una base de la Misión.

Eso ocurrió en un momento en el cual el proceso de paz entre el gobierno y la guerrilla tuareg se ralentiza, luego de tantos esfuerzos por descontaminarlo de aspectos perturbadores y hacer que poco a poco se encarrilara para alcanzar la reconciliación debida en la que ambas partes deberán ganar, tarea difícil, pero posible.

En la actualidad se considera que es un imperativo desplegar todas las potencialidades políticas y diplomáticas para evitar la frustración del pacto acordado, y sin dudas cualquier desajuste en el norte del país amenaza con afectar la viabilidad del arreglo.

CONTRA LA DEMORA

Las autoridades de Mali coinciden con el jefe de mantenimiento de la paz de ONU, Hervé Ladsous, en que cada día perdido en la aplicación del acuerdo de paz es una jornada ganada por extremistas y terroristas.

El también subsecretario general es de la opinión de que el gobierno de Bamako y los grupos armados que firmaron el acuerdo deben situar límites de tiempo para resolver las cuestiones pendientes, y poder dedicar sus esfuerzos a la construcción de una mejor relación con el norte, habitado mayormente por la comunidad tuareg.

Aunque el funcionario de Naciones Unidas consideró ante el Consejo de Seguridad que se registraron avances en la implementación del acuerdo, esos pasos no son suficientes para garantizar el desarrollo de los asuntos que en su momento centraron la atención de los interlocutores: el gobierno de Mali, la guerrilla y el mediador, Argelia.

Uno de esos tópicos lo constituye proyectarse con celeridad hacia el establecimiento de disposiciones administrativas provisionales en la zona norteña y la creación de dos nuevas regiones, las de Taoudenni y Menaka, temas indicados como importantes por Ladsous ante el Consejo.

Los atrasos persisten pese a los estímulos derivados de una reunión del 18 de enero en la capital argelina del Comité de Supervisión del Acuerdo, y otra convocada por el presidente de Mali, Ibrahim Boubacar Keita, el 27 de febrero en Bamako, cuando las partes acordaron un calendario de ejecución para marzo y este mes de abril.

En esa línea se espera el reconocimiento y/o apoyo internacional al establecimiento de comisiones sobre el desarme, la desmovilización y la reintegración social, así como la construcción de lugares de acantonamiento para crear un contexto seguro a fin de poner completamente en práctica el Acuerdo de Paz y Reconciliación.

Sin embargo, en su alocución ante el Consejo de Seguridad, Ladsous reconoció que «el progreso en materia de defensa y de seguridad es demasiado lento», lo cual entraña peligros para la estabilidad de la región septentrional, donde aún se sufren secuelas de la guerra, que junto con las amenazas de grupos extremistas disparan las tensiones.

Con una percepción antiterrorista operan en la zona norte la Minusma y las tropas destacadas allí por París, y, tal vez para evitar choques como los ocurridos en Kidal ambas requieran perfeccionar sus actividades a fin de cumplir sus contenidos sin crear ventiscas en sus relaciones con la ciudadanía norteña.

RECUENTO INDISPENSABLE

El conflicto maliense, asunto con repercusiones en toda la región del Sahel y el cual colocó en situación riesgosa la estabilidad del país, se desató en enero de 2012, cuando el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) puso en crisis la capacidad operativa del ejército en la región septentrional.

La incapacidad castrense para detener allí la ofensiva de la guerrilla tuareg se evidenció al retirarse del área en un repliegue hacia el sur, hacia la capital, Bamako, mientras acusaba al gobierno de Amadou Toumani Touré de no apoyarlo en el enfrentamiento a los insurgentes.

El caos concluyó con un golpe de Estado contra Toumani Touré y la instauración de una junta militar, y aunque con la nueva redistribución del poder no se avanzó mucho, África multiplicó su atención a los acontecimientos en Mali, lo cual algunos estudiosos identificaban con las consecuencias de la guerra contra Libia en 2011.

La repercusión regional del conflicto armado contra Muamar Gadafi y en el cual le asesinaron, un trágico desenlace para el norte del continente, fue muy amplia: su subregión sahelo-sahariana se convirtió en un avispero con la sublevación tuareg y la reactivación de grupos fundamentalistas hasta entonces en hibernación.

Una extraña alianza -aunque no absurda en medio de la guerra por la región de Azawad- se estableció entre los guerrilleros tuareg y los grupos armados extremistas de filiación islámica, una fusión de corta duración y que ni el concierto de Estados africanos ni la exmetrópolis francesa veían con buenos ojos.

Entonces esos dos componentes de las relaciones subregionales articularon la Operación Serval, cuyo principal objetivo era restablecer el orden en la región norteña, a la vez que trataban de eliminar de Mali y del Sahel el peligro del integrismo de base confesional.

Esa opción militar prosperó aunque no al ciento por ciento, porque aún ese Estado es víctima de ataques terroristas perpetradas por células de Ansar Dine, Al Morabitum Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento para la Unicidad y la Jihad en África Occidental (Mujao) y algunas otras facciones menos conocidas.

La onda expansiva del islamismo, como radicalismo, a una velocidad dramática en África pone a toda la política de identidad ante una verdadera amenaza existencial, expone el articulista Trayo A. Ali, al evaluar el impacto de la propuesta extremista en un continente que se une sobre la base de otros criterios y comportamientos.

En ese ámbito, se transparentaron algunas definiciones entre las guerrillas tuareg y el gobierno de Bamako, contendientes que estimulados por la mediación de la diplomacia argelina negociaron un acuerdo de paz, cuya adopción no estuvo exenta de contradicciones, principalmente en el seno de la comunidad tuareg.

La firma e implementación del pacto se presenta como una necesidad histórica, que podría beneficiar política y económicamente al norte de Mali, en tanto daría respuestas a las demandas tuareg de mejoras, en relación con un incremento de las posibilidades de desarrollo de su comunidad contra una lamentable alternativa de exclusión.