Madagascar, desafíos del primer Gobierno electo en cinco años

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MadagascarPor Antonio Paneque Brizuela *

La Habana (PL) Después de cinco años de inconstitucionalidad tras un golpe de estado en 2009 y cumplido este febrero el primer mes de un gobierno surgido de elecciones, los 20 millones de malgaches se preguntan si mejorará la economía en la mayor isla africana.

Un lustro de mal Gobierno y sin poder cambiarlo mediante comicios trocaron el nivel de vida de la también cuarta isla del planeta (después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo), en uno de los peores del mundo y despertaron medidas punitivas en la comunidad mundial.

El país sufre no solo los habituales problemas estructurales y el intercambio desigual de las economías tercermundistas, sino de sanciones que emprendió su propio organismo regional, la Unión Africana (UA), al separar a la isla de su seno.

«La nación tiene un nuevo presidente electo pero aún gobierna la incertidumbre en el país», tituló días atrás un comentarista que omitió su identidad en un sitio web.

¿Acaso esto significa que Madagascar está realmente en camino de vuelta hacia la democracia? ¿Tendrá al fin paz y prosperidad este país marcado por la inestabilidad crónica y un constante descenso a la pobreza?, se pregunta ese autor.

EN POBREZA EXTREMA, EL 92 POR CIENTO

Principal mercado africano de canela, país de especies únicas (un 80 por ciento de ellas endémicas), esa vida animal pareció estar mejor defendida por la comunidad internacional durante este último lustro que su población, relegada a uno de los últimos lugares del planeta.

Según datos del Banco Mundial (BM), solo por la agitación política entre la población desde la asonada militar, Madagascar perdió unos ocho mil millones de dólares con el consiguiente atraso en su crecimiento industrial y en general económico.

Presionado por las habituales exigencias de institucionalidad de la UA, la ONU, la Unión Europea y gobiernos occidentales, la paralización industrial significó pérdidas por ocho mil millones de dólares.

La economía de la excolonia francesa de 587 mil 041 kilómetros cuadrados, que se independizó en 1960, descendió tanto a causa de protestas públicas y golpes militares y al cambio cinco veces de ejecutivo entre 1972 y 2009, mientras la cifra de pobres aumentó en al menos unos cuatro millones, según el BM.

«Alrededor del 92 por ciento de la población malgache vive por debajo del nivel de pobreza, la peor proporción para un país que no estuvo en guerra», asegura el representante de esa entidad financiera global Haleh Bridi.

ÁFRICA DA EL PRIMER PASO HACIA EL RETORNO

La UA fue también la primera en anunciar el 27 de enero último su intención de normalizar relaciones con el país, dos días después de tomar posesión el nuevo presidente, el exministro de Finanzas Hery Rajaonarimampianina, del partido Madagascar Fuerza Nueva.

El organismo regional anunció en un comunicado de su Consejo de Paz y Seguridad el levantamiento de la suspensión de Madagascar, su reingreso como miembro y «el fin de todas las otras medidas» dictadas contra el país.

La declaración de esa instancia advierte que esa aceptación tendrá vigencia «cuando el país haya completado el proceso de transición y restauración del orden constitucional» y llama además a la comunidad internacional a retomar su colaboración con las autoridades malgaches.

Antes, la UA había mostrado su intención de normalizar relaciones con Madagascar, sobre todo al constatar la viabilidad del proceso electoral, iniciado con la campaña de septiembre de 2013.

El organismo suspendió entonces varias sanciones impuestas en 2010 contra Rajoelina y caracterizó de «acontecimientos positivos» los actuales hechos en el país africano, pese al cuestionamiento de Jean Louis Robinson, del partido Arco Iris, principal candidato opositor.

La UA, que como otros organismos consideró golpe de Estado la remoción de Ravalomanana en marzo de 2009, había aplicado ese año sanciones contra sus gobernantes como la prohibición de viajes, el congelamiento de activos y el aislamiento diplomático.

Por su parte, la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADC, en inglés), encomendó al embajador namibio en Antananarivo, Tuliameni Kalomoh, representarla ante Madagascar para supervisar el proceso de reintegración del país a ese organismo subregional.

Esa organización de 15 Estados, con sede en Gaborone, Botswana, se sumó durante una reciente reunión en esa capital a la tendencia internacional de apoyo a la isla, de reconocimiento al nuevo Gobierno y en favor de levantar las sanciones.

Sin embargo, al menos hasta el cierre del primer mes de nuevo Gobierno, no se observan cambios notables internos ni organismos internacionales como la ONU y la UE habían anunciado medidas concretas de ayuda para al menos paliar la crisis malgache.

El bloque europeo, según observadores del ente regional que más incide en la problemática africana, se ha limitado hasta ahora a refrendar la fiabilidad de los comicios del pasado año mediante los tradicionales términos de «libres», «creíbles» y «transparentes».

La alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad, Catherine Ashton, elogió las elecciones y felicitó al presidente Rajaonarimampianina.

Ashton saludó en una nota diplomática «el espíritu de apertura y de reconciliación del nuevo gobernante y su voluntad de ruptura con el pasado, que permitirán restablecer la confianza y la plena normalización de las relaciones entre Madagascar y la UE».

ELECCIONES TRAS CINCO AÑOS DE PROMESAS

Los comicios, anunciados y suspendidos una y otra vez durante estos cinco años por desacuerdos entre partidos, políticos y partenaires, se hicieron al fin tangibles con la campaña electoral de septiembre, la primera vuelta en octubre, y la segunda y final en diciembre.

Casi hasta el mismo momento de prestar juramento Hery Rajaonarimampianina tras reconocerlo la Autoridad Electoral Nacional como presidente electo en la segunda vuelta del 20 de diciembre, la duda persistía entre partidos opositores que reclamaban revisar los sufragios.

El nuevo jefe de Estado, de 55 años y vencedor con el 53,5 por ciento de los votos (su oponente Jean Louis Robinson tuvo un 46,5 por ciento), llamó a la unidad nacional y pidió la calma para «reintegrar al país al camino de la expansión económica».

«Seré el presidente de todos ustedes sin distinción, pido ayuda para desarrollar el país», proclamó Rajaonarimampianina, mientras se comprometía a trabajar junto a sus oponentes para traer prosperidad a esta nación del océano Índico.

Rajaonarimampianina, exministro de Finanzas educado en Canadá, hizo tal reclamo a sabiendas de lo que significó su alianza política para esas elecciones con Andry Rajoelina, hasta ahora presidente de transición y líder del golpe de Estado en marzo de 2009.

Aún con los resultados comiciales ante sus ojos, Robinson, exministro de Sanidad y Deportes y colega partidista del anterior gobernante constitucional derrocado en 2009, Marc Ravalomanana, llamó de nuevo a investigar presuntos fraudes en la votación.

Los comicios registraron siete millones 971 mil 790 posibles electores, de los cuales votaron cuatro millones 43 mil 246 para un 50,72 por ciento de participación.

El propio proceso comicial que con seis meses figuró entre los más largos de la región e implicó a 33 candidatos, complicó el escenario político y agravó el desconcierto entre los malgaches.

Tras medio año entre campañas, rondas electorales y desencuentros, medios de prensa locales publican preguntas ciudadanas como estas: «¿Fueron en realidad libres y justas las elecciones? ¿Llevarán al país hacia un período de paz y prosperidad?».