Los Vengadores en el Delta de Níger

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Vengadores del Delta del NigerPor Julio Morejón
El año entra en su recta final con afectaciones en la producción petrolera nigeriana, concentrada en la sureña región delta del Níger, donde la presencia de nuevas guerrillas causó un estruendo mediático en los meses más recientes.

El grupo antigubernamental más sobresaliente fue el de los Vengadores del Delta del Níger (NDA), que la emprendió contra la infraestructura del hidrocarburo, principalmente oleoductos y conductoras, tanto del ente energético nacional como de las firmas extranjeras que explotan el crudo en la región.

Fue el NDA el que encajó la primera banderilla y amenazó con arruinar las posibilidades de exportación del primer renglón económico de Nigeria, el hasta hace poco primer productor de África y sexto del planeta. Ahora Angola le supera no sólo en total de barriles diarios, sino también en la estabilidad de su producción.

Aunque la baja temporal nigeriana también responde a otros factores propios de la economía capitalista dependiente, debe mencionarse la constancia con que operan los Vengadores, de quienes se desconocen muchos aspectos, pero muestran su disposición a ser una pieza del juego político, aunque su meta apunta a lo económico.

Así las acciones del grupo causaron en los meses recientes que la producción de crudo nigeriano alcanzara su nivel más bajo de los último 20 años, lo que constituye un fuerte golpe para la economía nacional y su correspondiente impacto en una población de más de 189 millones de habitantes.

La formación se ha hecho muy popular gracias a su cuenta de Twiter en la que comenta sus acciones y publica sus anuncios y comunicados, dice el periodista Chema Caballero en Mundo Negro, y más adelante agrega una serie de atentados cometidos por esa guerrilla contra instalaciones del hidrocarburo.

Muchos de los residentes de la región parecen apoyar a los Vengadores del Delta del Níger, que dicen querer poner fin a la extrema miseria de la población de su zona de procedencia, unos 70 mil kilómetros cuadrados con 30 millones de habitantes, en su mayoría pobres.

A su efusividad mediática la secunda una realidad muy compleja y es respecto a la distribución de las ganancias de la explotación del crudo, toda vez que la región del delta del Níger produce un 75 por ciento del petróleo nigeriano, aporta el 50 por ciento de los ingresos estatales y a cambio sólo recibe un 13 por ciento de beneficio.

Esa distribución creó más de un problema, motivó protestas de las comunidades afectadas, a las cuales les toca lo peor de terrenos depauperados, los derrames del combustible y un medioambiente condenado a morir, y todo eso generó la integración de grupos armados y sociales de diversas tendencias y tácticas.

Dos de ellos fueron el Movimiento para la Supervivencia del Pueblo Ogoni (Mosop), del desaparecido intelectual Ken Saro-Wiwa, y el Movimiento de Emancipación del Delta del Níger (MEND), de Henry Okah, el primero partidario de la línea pacífica y el segundo de la vertiente violenta.

Los militares ejecutaron a Kenule Beeson Saro-Wiwa, escritor y productor de televisión, y a un grupo de destacados del Mosop en 1995. Henry Okah actualmente cumple prisión en Sudáfrica, donde permanece detenido tras beneficiarse de una amnistía del gobierno nigeriano.

Es decir que el NDA tiene antecedentes en esa demanda de reivindicaciones, cuya satisfacción aún se mantiene pendiente, pese a las promesas del gobierno, de agencias de la ONU y también las propias trasnacionales del hidrocarburo que arruinaron el hábitat y los elementales mecanismos de reproducción de la economía tradicional en esa área.

SIN ACUERDOS HASTA AHORA

Desde febrero-marzo pasado, cuando comenzaron los bombardeos contra las conductoras de petróleo se empezó a referirse, con certeza o no, que los ‘militantes’ del delta del Níger retomaron las armas para presionar a las autoridades, las que por su parte reaccionaron con la ejecución de operaciones militares que continúan.

Por parte de la guerrilla no existe una posición única respecto a si asumen un diálogo abarcador o no; por ejemplo, un vocero del NDA, Ballantyne Agiri, declaró que ‘aceptaron colectiva y voluntariamente escuchar la llamada de clarín de los eminentes nigerianos y la comunidad internacional al diálogo con el Gobierno Federal’.

Agregó que: ‘Los miembros del grupo de vengadores (que participarán en el diálogo) ya han sido seleccionados, cada uno basado en su integridad, sinceridad, honestidad y trayectoria de vida’, un conjunto de ideas que parecían podrían abrir una puerta para la solución del problema, o al menos para disminuir la tensión.

Sin embargo, otro portavoz, Mudoch Agbinibo, calificó a Agiri como un impostor, y apuntó en su cuenta de Twitter que ‘no estamos listos para ninguna negociación o diálogo con el Gobierno Federal’, una postura que dio paso a la incertidumbre porque tras un compás de silencio volvieron los atentados contra los oleoductos.

Medios de difusión recordaron que el MEND, que está en regresión pero aún activo en el delta del Níger, inició un diálogo con el gobierno, pero esto no puso fin a los bombardeos, con los cuales pretende herir la viabilidad económica del gobierno del presidente, Muhammadu Buhari.

La inestabilidad persiste en la región, y algunos estudiosos encuentran en el trayecto histórico vínculos ‘con la que una vez fuera la República de Biafra, y la lucha de las comunidades del Delta contra los abusos de las compañías petroleras y la contaminación de la zona se han unido’, como señala el periodista Chema Caballeros.

‘En los últimos años el fantasma de la independencia del sur (…) adquirió un nuevo protagonismo que, en los últimos meses, se ha vuelto violento’, añade el autor al evaluar la escalada de la contienda en el delta del Níger, lo que se identifica como un combinación letal que puede alimentarse con aires separatistas.

‘El conflicto del delta del Níger es un cóctel mortal, pero, además de desencadenar una espiral de corrupción política y económica, violencia armada, destrucción, enfermedad, miseria y muerte, ha supuesto la toma de conciencia de la sociedad civil, que, a través de múltiples organizaciones, lucha por sobrevivir (…)’.

Esa contienda ‘se moviliza, elabora propuestas novedosas y ya ha obtenido algún resultado significativo en el terreno de la justicia internacional’, acota el periodista Xavier Montanya, y eso va más allá de los ataques del NDA, que al llegar el problema a esa dimensión, puede incluso perder de vista al objeto de su venganza.

No obstante hasta ahora no hay previsión apocalíptica; pese a los atentados contra los oleoductos y las intermitencias de las operaciones militares en la zona, se hizo mención pública a una propuesta de 16 puntos que de adoptarse podría conducir a algún entendimiento.