Los rescoldos de la intransigencia

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Por Julio Morejón

Los presidentes de Kenya, Uhuru Kenyatta, y de Sudán del Sur, Salva Kiir, debatieron en Nairobi aspectos de una agenda que incluyó relaciones bilaterales, proceso de paz sursudanés y la disputa en el Triángulo Ilemi.

Ese encuentro ocurrido a mediados de año destacó la preocupación subregional por la estabilidad en Sudán del Sur, el Estado más joven del continente, y que meses después de acordar la distensión y comenzar su trayecto hacia la estabilidad, esta demora en concretarse totalmente.

Sin dudas el aspecto inevitable fue la marcha del proceso de paz sursudanés, que apoya la mediación de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), modelo de integración de países de África oriental al que pertenece Kenya, cuyo gobernante impulsó al entendimiento entre los contrincantes de la guerra (2013-2018).

‘Sudán del Sur, en este momento, puede cristalizar el optimismo y la esperanza que todas las naciones del mundo tenían cuando su independencia el 9 de julio de 2011’, declaró, Uhuru Kenyatta a la prensa, tras el intercambio oficial, y exhortó a los participantes en el proceso de paz a evitar las diferencias y trabajar por la unidad.

Luego de cinco años de sangriento conflicto bélico ?que causó 400 mil muertos y cuatro millones de desplazados- en septiembre del año pasado se firmó un pacto de paz entre el gobierno de Salva Kiir y el Movimiento Popular de Liberación de Sudán en la Oposición (SPLM-IO), del jefe rebelde Riak Machar.

No obstante, la ejecución del proceso de distensión que sucedió a ese ceremonioso acto marcha lenta, la institucionalidad que debe sostenerlo aún es escasa y pese a la voluntad de hallar soluciones a los problemas del cronograma, estos persisten como es, por ejemplo, la instauración del gobierno de reconciliación.

Mientras que Juba trabaja con una administración provisional, se anunció que un gabinete concertado entre los rivales se establecería el 12 de noviembre, pero las condiciones existentes impidieron ese objetivo. Las autoridades pospusieron por 100 días la presentación del gobierno de unidad, es decir hasta febrero de 2020.

Salva Kiir aceptó aplazar la formación de ese Ejecutivo para evitar que el país retornara a la guerra, según declaró. Machar demandó un aplazamiento de la puesta en marcha de ese equipo, porque está incompleta la unificación de fuerzas y otros asuntos que consideró peliagudos contemplados en el acuerdo rubricado en 2018.

Esa gestión demorada disparó las alertas en la IGAD ante la probabilidad de que todo lo avanzado en el plan de paz se pierda y haya que rehacer desde la base el proceso de acercamiento, lo cual sería engorroso y complejo tanto para las partes como para mediadores y garantes.

También está pendiente la creación de un comité conjunto del Gobierno y oposición para continuar las discusiones sobre el número de estados y sus fronteras, lo cual debe resolverse para la implementación completa del acuerdo de paz, afirmó Tut Galuak, asesor de seguridad de la Presidencia.

¿INTRANSIGENCIA O INTOLERANCIA?

La IGAD y la Unión Africana (UA) prestan atención a los acontecimientos relacionados con Sudán del Sur, donde en 2013 estalló la guerra cuando Kiir acusó a su exvicepresidente Machar de intentar derrocarlo mediante un golpe de Estado con la sublevación de un sector de las fuerzas de seguridad.

El antiguo aliado en el seno del Movimiento Popular de Liberación de Sudán (SPLM), optó por el exilio, pero se evidenció que comandaba la insurrección que fue tomando fuerza y polarizando cada vez más a los rivales en lo que se interpretó como la etnificación de la contienda, algo peligroso luego del genocidio ruandés de 1994.

Ese conflicto reflejó la división de las comunidades por encima de la cohesión en el Estado nacional, enfatizó las contradicciones entre dinkas del presidente frente a los lou nuer, de Machar, coaligados durante la guerra civil contra Jartum (1983-2005) y que tras su conclusión compartieron el poder durante dos años desde 2011.

La intransigencia en gran medida se corresponde con la legitimidad de quién define y controla los recursos petroleros del país surgido tras un referendo constitucional que les separó de la composición sudanesa, pero esa lucha por el poder asumió matices étnicos, lo cual fue (y es) muy mal visto en el ámbito subregional.

En la primavera de 1994 extremistas de milicias hutu y remanentes del Ejército ruandés asesinaron de 800 mil a un millón de ciudadanos mayormente tutsis, un etnocidio que África no olvida y rechaza que ocurra algo así nuevamente en el escenario de Sudán del Sur, de ahí también la importancia de las gestiones conciliatorias.

Aún hay otros temas diferidos como la extensión institucional a nivel nacional para evitar los pequeños ‘feudos’ con autoridad y con Sudán algunas definiciones geopolíticas pendientes, luego de la separación territorial ocurrida en obediencia a los resultados del referendo?pero ya va siendo tiempo de que todo se encarrile.