Los rebeldes del M23 anuncian su desarme y desmovilización

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Forces gouvernementales de la RDCEl Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC), Lambert Mende, ha anunciado este martes que los milicianos del grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23) han sido expulsados esta pasada madrugada de sus dos últimos bastiones en la provincia de Kivu Norte (este), Tshanzu y Runyoni, y que el conflicto, “en términos militares, ha terminado” después de 20 meses de enfrentamientos.

   Poco después, el líder del M23, Bertrand Bisimwa, ha asegurado en un comunicado que se ha ordenado al jefe de Estado Mayor y a los comandantes de todas las unidades de los rebeldes que preparen a sus tropas “con vistas al desarme, la desmovilización y la reintegración en los términos que se acuerden con el Gobierno de Congo”.

El portavoz del Gobierno, Lambert Mende, ha precisado también que los últimos rebeldes presentes en el país han cruzado la frontera o se han rendido y entregado las armas. Entre las personas que han huido del país, ha asegurado, se encuentra el líder militar de la guerrilla, Sultani Makenga, si bien ha dicho que se desconoce si se ha fugado a Ruanda o a Uganda.

La derrota del M23 es el resultado de la ofensiva lanzada en las últimas semanas por el Ejército, que había conseguido expulsar a los rebeldes de su último reducto, Bunagana, y arrinconarlos en las colinas de Runyoni, Mbuzi y Tshanzu, próximas a las fronteras con Ruanda y Uganda.

La brigada de intervención recientemente desplegada por la ONU en el marco de su misión en la RDC (MONUSCO) ha participado desde ayer lunes en la ofensiva del Ejército, al que ha apoyado con sus carros de combate y sus helicópteros, según el portavoz gubernamental.

El M23 se alzó en armas en abril de 2012 para protestar por el incumplimiento del acuerdo de paz firmado em 2009 entre el Gobierno y el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), un grupo guerrillero que, al igual que el M23, es de extracción fundamentalmente tutsi y también contaba con el apoyo de Ruanda.

Aquel acuerdo permitió la integración en el Ejército de los rebeldes de CNDP, incluidos varios comandantes acusados de graves violaciones de Derechos Humanos –entre ellos Bosco Ntaganda, actualmente en poder del Tribunal Penal Internacional– que, andando el tiempo, han sido la base del M23.

En noviembre de 2012, el M23 lanzó una vasta ofensiva que le permitió ocupar durante diez días la capital de Kivu Norte, Goma, y que concluyó en diciembre con un acuerdo de paz y el inicio de negociaciones con el Gobierno en Kampala, que se estancaron poco después de comenzar. La última ofensiva importante del M23 se produjo el pasado mes de agosto en torno a Goma.

Con el M23 definitivamente derrotado, y a la espera de los resultados del posible proceso negociador, la atención se centrará en los alrededor de 20 grupos armados que siguen operando en Kivu Norte, una región castigada desde hace al menos quince años por un gravísimo conflicto armado alimentado por la competencia internacional por hacerse con sus minerales estratégicos, como el oro, el cobre, el cobalto y el coltán, y por las tensiones étnicas internas y transfronterizas.

La nueva prioridad del Ejército y de las tropas de la ONU deberían ser los rebeldes de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), entre cuyas filas figuran numerosos combatientes hutus huidos de Ruanda tras el conflicto y el genocidio de 1994 y cuya presencia en el este de la RDC ha servido en numerosas ocasiones de excusa a Ruanda para intervenir en el país vecino.

Aparte, en el este del país siguen operando otros grupos rebeldes menores, tanto en Ituri, un distrito del noreste rico en oro, como en Katanga, una provincia del sureste rica en cobre.

LOS LÍDERES AFRICANOS Y RUANDA

Los presidentes de los países del sur de África y la región de los Grandes Lagos solicitaron ayer lunes al M23 que pusiera fin al conflicto y entregara las armas. Asimismo, en el comunicado final de la cumbre celebrada en la capital sudafricana, Pretoria, los países participantes advirtieron de que se podría firmar un acuerdo de paz “a condición de que el M23 haga una declaración pública renunciando a la rebelión, tras lo que el Gobierno hará una declaración pública de aceptación”.

“Cinco días después de que esto ocurra, se podría firmar formalmente el acuerdo”, recoge el comunicado, firmado por los presidentes de Malaui y Uganda, Joyce Banda y Yoweri Museveni, respectivamente, en representación de los líderes del sur del continente y la región de los Grandes Lagos.

El presidente congoleño, Joseph Kabila, estuvo presente en la cumbre, mientras que su homólogo ruandés, Paul Kagame, que ha rechazado en reiteradas ocasiones los informes de la ONU sobre el respaldo de su país al M23, no acudió, si bien envió a su ministra de Exteriores, Louise Mushikiwabo.

Naciones Unidas ha acusado a los gobiernos ruandés y ugandés, a través de varios informes, de apoyar militar y logísticamente a los grupos rebeldes que actúan en el este de RDC con el objetivo de apoderarse de los recursos naturales de su país vecino. Ruanda y Uganda han negado insistentemente estas acusaciones.

Precisamente, según el diario británico ‘Daily Telegraph’, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y el ministro británico de Asuntos Exteriores, William Hague, telefonearon por separado al presidente Kagame el pasado 25 de octubre para pedirle que Ruanda se abstuviera de apoyar a los rebeldes del M23 durante la ofensiva final del Ejército.

A juicio de ‘Le Potentiel’, el diario más importante de la RDC, esa presión diplomática británica y estadounidense debería servir para comprender “la facilidad” con que el Ejército se ha hecho con el poder, “en menos de una semana”, de las posiciones que mantenía el M23 “desde hacía más de un año”.

LA AMNISTÍA

Por su parte, el enviado especial de Estados Unidos para la RDC y la región de los Grandes Lagos, Russell Feingold, ha celebrado este martes el final del conflicto con el M23. “En una región que ha sufrido demasiado, obviamente es paso positivo en la dirección adecuada”, ha declarado ante los periodistas en Pretoria.

Feingold ha afirmado también que cuestiones como la amnistía y la reintegración de los rebeldes en el Ejército son fundamentales para que se llegue a un acuerdo que no descarrile de la misma forma que lo hizo el de 2009, pero ha advertido de que la amnistía no debe beneficiar a los sospechosos de graves violaciones de Derechos Humanos. Asimismo, ha expresado su esperanza de que Ruanda deje de apoyar a los insurgentes.

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