Los peligros sobre el gran Tana, llamado el corazón de Etiopía

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Por Richard Ruíz Julién

En la región que bañan las aguas del gran Tana, el lago etíope más grande, pervive el pasado imperial y el esplendor de la cultura de este singular país africano, preciado ecosistema que enfrenta hoy numerosos peligros.
Las tierras que rodean al Tana, llamado el corazón de Etiopía, son mucho más que un espacio geográfico de donde fluye un gran río, el Nilo; se trata además de la región más importante desde el punto de vista histórico.

Durante varios siglos, entre el XV y el XIX, la zona fue elegida por los emperadores abisinios para establecer sus cortes, que en aquellos días eran itinerantes, cambiando de emplazamiento según escaseaban el agua y la caza, y los bosques habían sido cumplidamente talados.

Todo ese pasado de aventuras monárquicas e incontables guerras ha dejado sus rastros en el área; una huella no exenta de riqueza cultural, teniendo en cuenta que esta nación es la única del África subsahariana que cuenta desde tiempos inmemoriales con lengua escrita, el amárico, y crónicas reales y leyendas trasladadas a libro con más de 500 años de antigüedad.

La mayoría de los residentes de las zonas aledañas viven de la pesca, pero las existencias están amenazadas.

Cada vez hay menos peces, hasta ahora no se ha estipulado cuándo y quién puede ir a pescar, nadie controla las temporadas, así que de momento cada uno pesca cuándo y todo lo que quiere, de forma que la población disminuye, apuntó Melaku Tadesse, jefe de la Asociación de Pescadores del lago Tana.

Los peces tampoco pueden desovar con tranquilidad, pues las riberas también enfrentan riesgos: los trabajadores del sector cortan papiros para construir sus botes, igual que hace siglos.

Así, el Gobierno estudia ahora vías para cambiar la situación, de conjunto con la Asociación alemana para la Protección de la Naturaleza, que quiere conservar la región, manteniendo las tradiciones, pero cambiando el modelo de explotación.

Más de tres millones de personas dependen del lago, las autoridades invirtieron demasiado sin pensar en los daños al ecosistema; se han instalado muchas centrales hidroeléctricas y hay más de 70 mil hectáreas de superficie agrícola, todo está pensando como si las reservas fueran inagotables, pero estamos hablando de la supervivencia de muchos y proteger todo, es indispensable, apuntó Teowdroes Kassahun, gestor de proyectos.

Los agricultores cultivan la tierra hasta el borde mismo del agua, con medios primitivos y esto genera descontento entre los ecologistas, pues la región es refugio invernal de varias especies de aves migratorias como las grullas; más del 50 por ciento anidan allí mientras las temperaturas bajan en Europa.

Se trabaja para incentivar a los que laboran en las cercanías del Tana a crear una red de ecoturismo y tomar conciencia así en cuanto a la necesidad de protección, aunque es un trabajo arduo: para la gente local es un terreno desconocido.

Hasta ahora solo los llamados bosques sagrados, que cubren más de 30 islas, en 20 de las cuales se alzan templos y monasterios, algunos del siglo XIV, son objeto de conservación.

En Kentran-Gabriel una comunidad de monjes mantienen una iglesia antiquísima en la que pueden verse bellísimas pinturas murales del arte etíope, de corte bizantino.

Hay allí un rústico y pequeño museo donde se guardan viejos códices, crónicas reales, trípticos con pinturas religiosas, y sables y coronas de antiguos emperadores; los propios monjes son los guardianes del bosque, para ellos, la naturaleza es sagrada.

Pero las islas no son solo importantes para la conservación; las zonas ribereñas y los ríos que desembocan en el Tana ofrecen un hábitat natural.

Los peces del lago depositan en las desembocaduras de los afluentes, hay 66 especies además de cuatro ríos principales; en los estuarios queremos trazar unos canales para que puedan desovar con tranquilidad y luego regresar a las aguas, puntualizó Kassahun.

Debemos aprender a proteger la biodiversidad, pues solo cuando regulemos las cuotas de pesca las poblaciones se podrán recuperar y esa es la única forma de asegurar nuestra subsistencia a largo plazo y la posibilidad de exportar a los mercados internacionales, concluyó Tadesse.