Los guetos sudafricanos vuelven a arder veinte años después del «apartheid»

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Guetos sudafricanosVeinte años después de la caída del régimen racista del «apartheid», las calles de los que fueran guetos negros sudafricanos vuelven a bullir con jóvenes airados que queman ruedas y se enfrentan a la Policía, ahora para exigir al Gobierno del partido que les liberó agua, luz, empleo y viviendas dignas.

«Es exactamente la misma lucha que hace veinte años. También ahora luchamos por nuestra dignidad», dice a Efe Themba Zuane, de 40 años, desempleado como la gran mayoría de sus vecinos de Kliptown, un poblado chabolista de Soweto, el antiguo gran gueto negro del suroeste de Johannesburgo.

Zuane se refiere a las protestas, en zonas rurales deprimidas y en los antiguos guetos («townships»), contra los deficientes servicios públicos y las compara con la lucha contra el «apartheid», que finalizó en 1994 y tuvo su epicentro en Soweto.

Como muchas otras zonas deprimidas de Sudáfrica, que ha registrado en lo que va de año 500 protestas de este tipo, según datos del Instituto de Relaciones Raciales, Kliptown vivió este mes de enero su último capítulo de manifestaciones callejeras.

Grupos de residentes en pie de guerra por la falta de servicios públicos subieron a la carretera que pasa por encima de los tejados de hojalata del barrio y cortaron el tráfico, incendiando neumáticos y enfrentándose a las fuerzas de seguridad.

Se quejaban de las casas en las que residen -sin electricidad o agua corriente- y de las promesas de las autoridades, mil veces hechas y mil veces incumplidas, de ofrecer a la gente nuevas viviendas o, al menos, servicios básicos.

«Tenemos miedo de que nuestros jóvenes se radicalicen. Esto puede ser ingobernable si nadie hace nada», comenta a Efe Phindile Sangweni, que tampoco tiene trabajo y vive en una chabola con nueve familiares.

Una de las encargadas de calmar los ánimos de cientos de jóvenes desocupados durante las protestas y de evitar que crezca el balance de diez muertos que estas manifestaciones han provocado este año en todo el país es Ivy Manyama, una mujer fuerte y orgullosa que se gana la vida vendiendo ropa tradicional en Johannesburgo.

Manyama habla delante de su choza, junto a unas vecinas que hacen la colada en uno de los grifos que se erigen en la tierra de las calles del poblado y dan agua a decenas de familias.

«Mama» Manyama negoció el fin de las últimas protestas con las autoridades, que se comprometieron a dar una solución en menos de un mes a las más de 3.500 familias del barrio que esperan una casa del Estado.

«Sé que el día 22 (de febrero) tendré que volver a preparar más protestas porque no me van a dar una solución», admite la mujer, madre de cinco hijos, acostumbrada a las promesas rotas.

El activismo de Manyama viene de su juventud, cuando participó en las manifestaciones contra el «apartheid» de Soweto.

Entonces, los neumáticos ardían como ahora, a menudo alrededor del cuello de quienes algunos líderes de la resistencia negra consideraban chivatos.

Pero Manyama rechaza igualar los dos períodos: «Ahora puedes protestar y volver a casa. No vas a la cárcel y la Policía no te detiene solo por manifestarte».

Si Manyama vuelve a manifestarse, uno de los que podría salir de nuevo a la calle es el joven Sipho Dladla, vecino de Kliptown y responsable de un proyecto social que da educación, comida y trabajo a grupos vulnerables, como niños o mujeres mayores.

Dladla es partidario de la acción, pero advierte contra la actitud de quienes, en muchos «townships, aducen luchar por sus derechos incendiando infraestructuras «por las que luchamos».

El joven es muy crítico con la «corrupción» y los «desfalcos» del Gobierno del Congreso Nacional Africano (CNA), que encabezó la lucha contra el «apartheid» y, desde la llegada de la democracia, está en el poder.

Pero pide realismo a la hora de juzgar al que aún considera su partido, pues «no se pueden cambiar 300 años (de colonialismo y dominio racista blanco) en solo 20».

En su reciente discurso sobre el Estado de la Nación, el presidente del país y del CNA, Jacob Zuma, ensalzó los éxitos de los gobiernos de su partido al proveer servicios públicos para todos, tras el creciente malestar en «townships» y zonas deprimidas.

Sin embargo, analistas como John Endres, director del centro de estudios Good Governance Africa (Buena Gobernanza de África), apuntan al deterioro de los servicios en esas áreas como causa del aumento del número y virulencia de las protestas, que, en menos de dos meses, han dejado más muertos que en ningún otro año desde 2004.

Endres culpa de la situación a la mala gestión, la corrupción y la incompetencia de algunos dirigentes, factores que podrían minar la mayoría del CNA en las elecciones generales del 7 de mayo, aunque no poner en peligro su victoria.

Mientras, Kliptown y decenas de barrios semejantes en todo el país viven una calma tensa a la espera de que una chispa vuelva a prender los neumáticos y hacer volar las piedras contra la Policía.