Los 100 primeros días de Ahmed, la reinvención del estado etíope

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Por Richard Ruíz Julién
Uno tras otro, los cambios sobrevenidos en el orden político y económico en los primeros 100 días del gobierno del primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, provocan estupor hasta en los más avezados.

Solo el año pasado cualquiera de esas reformas hubiera sido impensable; juntas, son una revolución, una reinvención global del estado etíope, consideran analistas.

En opinión de los especialistas, tales han sido la velocidad y la escala de las transformaciones que quizás por primera vez los ciudadanos de este país del denominado cuerno africano, y los de otras regiones, estén seguros de que llegó un líder genuino a Etiopía, referente para sus homólogos del continente.

Cuando Ahmed asumió el poder en abril de este año, tras la sorpresiva renuncia de su predecesor, Hailemariam Desalegn, se podría perdonar a los observadores cierto grado de cinismo al prometer el comienzo de una amplia gama de modificaciones muy necesarias, refirió Simon Allison, experto en tópicos africanos radicado en esta capital.

Pero, por esta ocasión, ese cinismo parece haber estado fuera de lugar, añadió.

La primera etapa de su administración contempló la liberación de miles de presos; terminó el estado de emergencia; anunció planes para privatizar parcialmente las industrias clave, incluidas las telecomunicaciones y la aviación.

A su vez, se admitió y denunció el uso de la tortura por parte de los servicios de seguridad, lo cual condujo al despido de funcionarios de centros de reclutamiento implicados en abusos contra los derechos humanos a raíz de informes condenatorios.

El colofón del torbellino fue el fin de la guerra con Eritrea; las hostilidades se remontan a décadas atrás, pero al gobernante le llevó solo unas pocas semanas concluir un acuerdo de paz con el presidente Isaias Afwerki, en Asmara.

Fundamentalmente, estaba preparado para hacer concesiones, incluido el retiro de tropas de las regiones fronterizas en disputa. Ahora hay vuelos programados entre los dos países y, por primera vez, es posible hacer llamadas internacionales entre ellos, lo que permite a algunas familias separadas por mucho tiempo hablar con los suyos del lado de allá de las fronteras.

‘Las cosas que están sucediendo en este país están más allá de nuestros sueños e imaginación’, indicó Hallelujah Lulie, director del programa en Amani África y especialista en temas políticos. ‘No podemos decir que los cambios sean irreversibles. Pero en este punto parecen legítimos’.

La mayor amenaza para el programa, argumenta Lulie, es poco probable que provenga de la falta de voluntad política por parte del primer ministro, sino de aquellos que saldrán perdiendo en la nueva administración.

Cambiar a ese ritmo dramático nunca pasa desapercibido, como lo demuestra el ataque con granadas del mes pasado contra la multitud en un discurso de Ahmed en Addis Abeba, que mató a dos personas e hirió a 150.

Hay elementos poderosos dentro de la elite de Gobierno y su sector de seguridad con fuertes motivaciones para mantener el status quo, a consideración de los expertos.

‘Creo que los mayores desafíos podrían ser otros de índole estructural, como la economía y la falta de cohesión entre la coalición que dirige al país. Etiopía tuvo un estado autoritario con acciones cuestionables. Estamos en una transición en este momento y las sociedades de transición tienen desafíos específicos’, agregó el investigador.

Todavía hay mucho trabajo por hacer. Para desmantelar realmente los férreos controles, se necesita reformar por completo el sector de la seguridad y consagrar los derechos y libertades básicos en la legislación, puntualizan los estudiosos.

Pero en este punto, ¿quién apostaría contra Ahmed para cumplir con esas promesas? En sus primeros 100 días en el cargo, logró más de lo que muchos líderes pueden soñar, sobre todo al sacudir el panorama político de Etiopía y la región más amplia del Cuerno de África en ese proceso, concluyeron.