Libia: Sirte, la última estación hacia la dominación externa

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salafist-libyaPor Julio Morejón 

La Habana (PL) La batalla contra el Estado Islámico (EI) en Sirte centra la atención de la prensa por sus hechos, pero lo que acontece en la ciudad libia donde nació y murió el líder Muamar Gadafi, trasciende la inmediatez.

Al parecer esa urbe será el principio y fin de la desventura bélica a la que se somete Libia, ‘casualmente’ en el contexto internacional de la guerra contra el terrorismo, pues en los planes de Occidente está expulsar de allí al EI e implantar un sistema cuyas instituciones fijen su vista hacia el oeste y tomen determinaciones en la misma línea.

Esa localidad en la que se combate actualmente, se halla en el camino entre Trípoli y Bengasi y a 180 kilómetros de Misrata, de donde partió la mayor parte de las fuerzas del Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN), compuestas por varias milicias para enfrentar a los comandos del grupo extremista posesionados allí desde 2015.

Según fuentes militares, el grueso de los combates se concentraba en los alrededores de los distritos (o barrios) 1 y 3, los últimos que ocupa el EI: ‘La batalla se libra calle por calle y ya controlamos gran parte de esas áreas’, aseguró una fuente, antes de insistir en que se acerca la victoria.

De un lado están los fundamentalistas y del otro las fuerzas de la Alianza de milicias leal al Gobierno de Unidad libio -formado por la ONU el pasado marzo-, y que lograron quebrar la resistencia rival, así como ampliar su control del centro urbano de Sirte, que la rama libia del grupo Estado Islámico controlaba totalmente desde febrero de 2015.

Para la ofensiva final de la operación Al Bunian al Marsus contra el EI, se realizó una amplia movilización a fin de conciliar los aspectos esenciales de la ofensiva, conforme las declaraciones del coronel Mohamed al Ghosri, quien no aludió a lo difícil de lograr un entendimiento en la dispersión que sufre Libia.

Aunque la falta de autoridad central la suplen otras estructuras de mando portadoras de alguna representatividad, de ahí la existencia de un sector castrense que comparte su gestión con milicias y facciones de señores de la guerra, y en lo civil la existencia de dos Parlamentos, uno con sede en Trípoli y otro en Tobruk, y a este último lo reconoce la ONU.

En la ciudad costera de Sirte se acantonó el Estado Islámico, que allí creó una jefatura con la perspectiva de extender su dominio incluyendo vías que conducen a las terminales petroleras, un objetivo más material que el final de Gadafi, al cual algunos aludieron con algazara como el advenimiento de otra era.

El fin de esa falacia llegó no con el Estado Islámico, sino con los futuros dueños del pastel -aquellos que desataron una extemporánea ‘Primavera Árabe’ para destrozar a la Jamahiriya y asesinar brutalmente a Gadafi-, cuando hicieron acto de presencia en el terreno político y ahora incluso actúan como salvadores cuando bombardean al EI.

EL CAOS, EL CAOS Y OTRA VEZ EL CAOS

EIDesde el derrocamiento y asesinato del líder, Libia sufre una guerra civil intermitente, e institucionalmente dos Legislativos se disputan la autoridad legítima: uno en Trípoli, que califican de rebelde; otro en Tobruk, reconocido por varios países, y el Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN), respaldado por la ONU y la Unión Europea.

Conforme medios de prensa, ese ambiente anárquico lo aprovechan los grupos extremistas de confesión islámica que operan en el país, en especial la rama libia afiliada al Estado Islámico, cuya existencia sirve a terceros como instrumento de presión ideológica para justificar acciones de guerra.

‘El territorio libio se hunde en el desgobierno y los enfrentamientos armados. Atentados, administraciones paralelas y permanentes pujas por el poder son lo cotidiano. EE.UU. y sus aliados, responsables de la situación en Libia, ahora muestran preocupación’, apunta el analista Leandro Albani.

Existe el escenario sobre el que se yuxtaponen muchos intereses, los que pretenden hacer que el país se mueva como un péndulo que vaya desde admirar a Occidente hasta rendirse a sus pies (quedaría mejor decir, poner a su servicio más que nunca el potencial petrolero nacional).

También están las demandas de los señores de la guerra, enfrascados en su sempiterno negocio, los fundamentalistas que quieren su tajada y ahora se hallan marginados; la claque política cuyos integrantes se desvelan por adivinar el futuro de Libia y en qué lugar quedarán ellos.

Asimismo, quedan dos actores muy importantes y que pudieran matizar el asunto nacional, los llamados gadafistas, quienes de hecho no olvidaron la historia de los cinco últimos años sin su líder y el pueblo a quien en definitiva le corresponderá decir la última palabra.

MIENTRAS TANTO, ¿QUÉ?

Sirte es la batalla contra el tiempo, la cual seguramente ganarán las fuerzas del Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN), apoyadas por los bombardeos de la aviación estadounidense y quizás con el respaldo de sus asesores, así como con el arsenal político de la Unión Europea, preocupada por cualquier peligro en su estratégica ‘frontera sur’.

Entre tanto se espera el desenlace final, que debe favorecer a las tropas del GAN por su armamento, el apoyo extranjero y el carácter terrorista confeso de su enemigo, mientras continúa el éxodo desde esa ciudad: se estima que casi las tres cuartas partes de la población partió hacia lugares más seguros.

La aviación estadounidense bombardea a Sirte para apoyar a sus partidarios del GAN, exactamente 30 años después que los aviones de Ronald Reagan lo hicieran contra Trípoli y Bengasi y que mataron a una hija adoptiva de Gadafi.

Tras cruentos combates, los milicianos lograron ocupar el distrito 1 y desde allí comenzaron a preparar la ofensiva contra el número 3, donde se consideraba que se concentró el núcleo duro de la resistencia de los fundamentalistas, aunque según el vocero de la operación Reda Issa, los sectores que controla el EI no son estratégicos.

‘El objetivo ahora es asegurar las posiciones para entrar en el distrito 3′, un área de unos dos kilómetros cuadrados asomada al mar, densa de edificaciones y callejones estrechos, donde se cree que resiste el último centenar de musulmanes fanáticos’, expresó a la prensa española uno de los capitanes de las milicias progubernamentales.

Los informes de bajas de la ofensiva indican que desde su inicio en junio pereció medio centenar de efectivos de la Alianza y más de 200 sufrieron heridas, una decena de ellos de extrema gravedad, en tanto se presume que ascienda a 500 la cifra de contrincantes muertos.

Según pronósticos de fuentes militares, que pueden resultar atrevidos, se prevé que la operación conclusiva dure pocos días y que los ciudadanos desplazados de Sirte puedan regresar a ella para la celebración de la fiesta musulmana del sacrificio en este septiembre.