Libia pide ayuda a la comunidad internacional para superar el caos

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Asamblea General de la ONULibia echó en cara a la comunidad internacional no haber tomado en serio la crisis que se estaba gestando en ese país y que ha derivado en un extenso derramamiento de sangre y profundas divisiones políticas.

El mensaje lo trajo ante la Asamblea General de la ONU el presidente de la Cámara de Diputados de Libia, Aquila Saleh, que también ha participado en otras reuniones mantenidas en los últimos días en Nueva York para analizar específicamente la crisis libia.

Saleh describió las luchas entre grupos armados rivales, los daños a la infraestructura a esa nación, el exilio de las autoridades legítimas a unos 1.500 kilómetros de la capital y el papel creciente de grupos próximos aAl Qaeda.

«Esto no habría pasado si la comunidad internacional hubiera tomado en serio la situación en Libia», se lamentó Saleh al dirigirse a la Asamblea General de la ONU.

«Desde esta tribuna, digo que hacer la vista gorda al terrorismo en Libia es inaceptable», insistió.

Saleh hablaba a nombre del poder legislativo que surgió de las elecciones del pasado 25 de junio, que permitieron formar una Cámara de Diputados ahora refugiada en Tobruk, a 1.500 kilómetros de la capital, por el caos que reina en Trípoli.

Pero su legitimidad es puesta en duda por la Asamblea Legislativa saliente, lo que ha creado dos estructuras políticas paralelas, una en Trípoli y otra en Tobruk, profundizando la división política en el país.

En su exposición, Saleh reconoció que muchos de los que le oían debían sorprenderse al preguntarse dónde quedaron las figuras que se levantaron en 2011 contra Muamar el Gadafi y lograron derrocar su dictadura, una de las más largas de África.

Ahora, muchos de ellos han abandonado la política, otros han quedado aislados y otros han sido asesinados por grupos armados que han desafiado el poder formal y convertido a Libia en prácticamente un estado fallido.

Una coalición de grupos armados, Al Fayer (Amanecer), en la que hay combatientes vinculados a Al Qaeda, ha capturado Trípoli y destruido su aeropuerto, y las luchas han generado un éxodo de miles de personas escapando de los combates.

El representante libio dijo que la comunidad internacional debe mantenerse al lado de «las autoridades legítimamente elegidas».

Advirtió que «todo contacto ilegal» de países extranjeros con representantes políticos que no reconocen al poder legislativo de Tobruk «será considerado como un acto hostil contra la unidad de Libia y su estabilidad».

En su discurso, pidió cinco cosas a la comunidad internacional, entre ellas reforzar el aparato militar y de seguridad para que el Gobierno «sea capaz de monopolizar el legítimo uso de la fuerza» con el fin de desarmar a las milicias armadas.

También requirió cooperación para que el Gobierno recupere la capital, marginar a estructuras políticas «paralelas», establecer una «activa cooperación» a fin de luchar contra el terrorismo y, finalmente, fortalecer «la cultura del diálogo».

Estos mismos principios los defendió Saleh el pasado jueves cuando participó en una reunión sobre la crisis libia a la que asistieron presidentes de países vecinos, ministros y otros altos funcionarios convocados por la ONU para analizar este caso.

En esa ocasión Saleh advirtió que la crisis de Libia puede derivar en una guerra civil si no se pone remedio pronto, mientras que el presidente de Chad, Idriss Deby, dijo que las consecuencias de la crisis libia se han comenzado a sentir en los países vecinos.

«La confusión es absoluta entre los distintos grupos armados y en el gobierno de transición», afirmó Deby.

Era la segunda vez en pocos días que en Nueva York se celebraba una reunión para analizar el caso libio.

El pasado lunes, representantes de trece gobiernos con influencia en la zona, de la ONU y de la Unión Europea establecieron una «hoja de ruta» con una serie de reuniones que culminarán en Madrid en un plazo de dos meses.

De esa reunión surgió la petición para un alto el fuego «inmediato y completo» y el llamamiento para buscar una solución política entre todos los actores, a la vez que se reconoció la legitimidad del Parlamento de Tobruk.