Lesoto, la cíclica lucha por el poder

0
956
Por Deisy Francis Mexidor
El primer ministro de Lesoto, Pakalitha Mosisili, perdió un voto de confianza en el Parlamento, lo que agrava hoy más la incertidumbre política que se vive en el reino de la montaña.

Mosisili ahora tiene tres días para renunciar o aconsejar al monarca Letsie III l convocatoria de elecciones, que se celebrarían en tres meses.

Jefe de un gobierno de coalición de siete partidos, Mosisili está sumido en su situación actual en lo que podría definirse como la cíclica lucha por el poder en ese pequeño país del sur de África.

Líder del partido Congreso Democrático (DC), Mosisili se reinstaló al frente de los destinos de la nación luego de vencer en los comicios de febrero de 2015 a Thomas Thabane, del All Basotho Covention (ABC), entonces el primer ministro.

Pero el viento sopló y Thabane, hasta hace poco junto a otros dirigentes de la oposición en un autoexilio en Sudáfrica, reclama su retorno a la silla de gobierno con una fórmula que quizás resulte.

El ABC se favoreció de las propias divisiones surgidas en el DC, y sumó al bloque de adversarios de Mosisili al disidente del partido gobernante Monyane Moleleki con su recién formada agrupación, Alianza de Demócratas (DA).

La escisión dejó a Mosisili con solo 42 escaños en el Parlamento, apenas el 35 por ciento del total de butacas, cifra muy por debajo de las 61 que se requieren para gobernar.

Finalmente ayer ocurrió lo que la oposición esperaba: la moción que instará a Su Majestad a que nombre a Moleleki en lugar de Mosisili pasó en el Legislativo.

Pero el asesor político del mandatario, Fako Likoti, dijo a la radio local que él no dimitiría y continuará en el puesto ‘hasta que vayamos a las elecciones’.

Moleleki sería el primer ministro durante los primeros 18 meses después de formar el gobierno, después de los eventuales comicios. Después asumiría Thabane, que en principio sería vice primer ministro. Ese es el pacto.

Mosisili, primer ministro de 1998 a 2012, reconoció a sus partidarios el pasado fin de semana que había perdido el respaldo de los de legisladores y que esperaba un escenario como este.

Completamente enclavada en el territorio de Sudáfrica, Lesoto, uno de los países más pobres del mundo, es una monarquía constitucional, que antes de su independencia del Reino Unido en 1966 estuvo bajo ese protectorado y era conocido como Basutolandia.

Según datos de organismos internacionales, cerca del 43 por ciento de su población, que no rebasa en mucho los dos millones de habitantes, vive por debajo del umbral de la pobreza.

Desde el punto de vita de su economía depende en gran medida de su vecino, al que exporta agua, su más preciado recurso. Además, cuenta cn los dividendos de las remesas.

La Comunidad para el Desarrollo de África del Sur (SADC) ha mediado reiteradamente a favor de la paz y la estabilidad en el reino. De hecho, las elecciones de 2015 fueron la conclusión de un proceso en ese sentido.

Un intento fallido de golpe de Estado en 2014 provocó que el primer ministro de la época (Thabane); el cierre parlamentario, y un oficial de alto rango considerado cercano al jefe de gobierno asesinado en 2015, fueron algunos de los hechos anteriores allí.

Hoy las olas, parece, que se mueven en dirección a Thabane. Regresó a Maseru vitoreado -en ocasiones los pueblos tienen corta la memoria colectiva- con la misma promesa de Mosisili hace dos años: recuperar el poder.