Las reformas de Etiopía bajo el liderazgo del nuevo primer ministro

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Por Richard Ruíz Julién
Etiopía experimenta una transformación política y económica notable, nunca vista en la historia reciente del país, estimaron hoy analistas locales.
El nuevo primer ministro, Abiy Ahmed, adoptó una serie de medidas consideradas radicales, que reestructuran el mapa gubernamental y contribuyen a la restauración de la confianza en la autoridad pública.

Así, Ahmed hizo en los últimos días tres anuncios importantes, consecuentes con el plan de reforma planteado por su administración, que comenzó hace apenas dos meses.

Levantó el estado de emergencia antes de lo previsto, anunció programas para liberalizar la economía y declaró que estaban listos para cumplir plenamente con el Acuerdo de Argel, el cual puso fin al conflicto armado con Eritrea, considerado uno de los más letal de África, con saldo de al menos 100 mil muertos.

Tal vez el gobernante etíope más popular en tan poco tiempo de mandato tiene un desempeño estelar en sus ocho semanas de gestión, refirió Awol Alo, profesor de la Universidad de Addis Abeba.

Desde la toma de posesión, recorrió el país, el segundo más poblado del continente, escuchando las quejas de la ciudadanía.

Asimismo, aseguró al público que está listo para dar pasos concretos hacia la apertura democrática y la reconciliación nacional.

En ese sentido, el Gobierno liberó a miles de presos políticos, se reunió con la oposición y la sociedad civil para discutir la reforma, invitó a partidos previamente exiliados a regresar a la nación y se embarcó en cambios institucionales, incluidos los sectores de seguridad y justicia.

En solo 66 días, el primer ministro cambió una página en la historia de Etiopía, restaurando la esperanza y el optimismo en la dirección que está tomando el estado, añadió Alo.

Los pasos concretos y simbólicos que se llevan a cabo, tanto a nivel nacional como regional, muestran que las autoridades dan pasos hacia la promesa de ampliar el espectro de libertades y fomentar la unidad de un país con diversas culturas y formas de vida.

Así lo cree el investigador del Centro de Estudios Estratégicos Tewolde Mehari, para quien el llamado de reconciliación con Eritrea representa el vértice de un cambo de visión total en las altas esferas etíopes.

El anuncio de Addis Abeba de cumplir plenamente con la decisión de la Comisión de Fronteras, que le concedió a la vecina nación la ciudad de Badme, simbólicamente importante, marcará un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales y será consecuente para la paz y la estabilidad regional, afirmó Mehari.

En 1998 los dos países lucharon en una cruenta guerra, que además de las muertes provocadas rompió el tejido social que unía a estos pueblos cultural y económicamente.

En 2000, se firmó el Acuerdo de Paz de Argel, diseñado para poner fin a las hostilidades militares y los homicidios, aunque 16 años después aún los gobiernos se encuentran en una situación de ‘no paz, no guerra’, con miles de soldados todavía desplegados en las zonas fronterizas.

Aunque la disputa territorial fue la justificación oficial para los enfrentamientos, la verdadera razón detrás de todo ello es mucho más compleja y tiene raíces históricas únicas, según los expertos.

Etiopía invocó razones técnicas y burocráticas para desbaratar la implementación del convenio y finalmente frustró el proceso, preparando el escenario para el estancamiento intratable.

A su vez Eritrea usó tal negativa para hacer valer sus propias normas represivas, lo cual causó el éxodo de alrededor del tres por ciento de la población.

Los especialistas destacan, por otra parte, que la liberalización de la economía, sobre todo de sectores clave como la aviación, la energía, las telecomunicaciones y la manufactura demuestra astucia y compromiso con el desarrollo.

Sin embargo, alertan sobre la necesidad de ir paso a paso, para tampoco sucumbir bajo el paradigma neoliberal.