Las razones de Etiopía para establecer una fuerza naval

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Por Richard Ruíz Julién
Cuando Eritrea se independizó en 1993, Etiopía se encontró repentinamente sin costas, por lo que dio el paso lógico de desmantelar su armada, aunque las perspectivas ahora están cambiando de manera radical, indicaron hoy expertos.

El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, aseguró que ‘los planes para hacerse de una de las fuerzas terrestres y aéreas más fuertes de África deben ir paralelos a los de reforzar la capacidad de la fuerza naval en el futuro’.

Sus comentarios revelaron las ambiciones en ese aspecto, pero las vías a tomar para lograr el objetivo no se han hecho públicas.

Sin embargo, el último impulso para llegar a acuerdos con las naciones costeras del área da algunas pistas de las estrategias adoptadas por la administración de Ahmed, refirió Roba Megerssa, jefe de la Empresa de Servicios de Transporte y Logística.

La emisora Fana Broadcasting Corporate citó al gobernante diciendo que las reformas militares deberían ‘tener en cuenta la situación socioeconómica y política actual, rápidamente cambiante’.

Pasó tiempo para darse cuenta de era necesario buscar alternativas, desde aquella guerra fronteriza que puso fin a la utilización de las costas de Asmara; finalmente parece haber un despertar, subrayó Megerssa.

Así, se firmó recientemente un acuerdo para adquirir una participación en el puerto de Djibouti, por el que ahora circula aproximadamente el 95 por ciento de todas las exportaciones e importaciones etíopes.

También está conectado con el pequeño estado por una nueva línea de ferrocarril de 759 kilómetros, inaugurada el año pasado, que le une con el enclave de Doraleh.

El tramo aumentó el movimiento de los volúmenes de carga hacia y desde el puerto a tal grado que al menos el 70 por ciento de toda la actividad ahora es comercio de Etiopía.

Pero según Tefere Megistu, especialista del Centro de Estudios Estratégicos, a esta nación le preocupaba que Djibouti fuera controlado por fuerzas navales extranjeras; Estados Unidos, China, Japón y Francia tienen bases militares allí.

‘Tememos quizás en el futuro el Gobierno no tenga voz propia para decidir realmente sobre su propio destino. Esta es una gran amenaza’, apuntó Megistu.

Agregó que una armada también ayudaría a proteger a los 11 buques comerciales en una zona como el Mar Rojo, ‘muy volátil’, donde persisten otros intereses económicos ‘y existen mecanismos políticos conflictivos’.

No obstante, construir una flota desde cero es un verdadero desafío: requeriría inversiones financieras masivas y mucho tiempo para entrenar a las fuerzas, así como a una base, en opinión de los analistas.

Como una alternativa loable, desde que llegó al poder en abril, el primer ministro rubricó convenios con Jartum para acceder a Port Sudan, en un intento por diversificar sus puntos de venta y reducir los aranceles portuarios.

Asimismo, acordó un pacto con el autoproclamado estado de Somalilandia por una participación del 19 por ciento en el puerto de Berbera, que incluye un plan para construir una carretera desde su frontera hasta el sitio marítimo.

El exdiplomático etíope Birhanemeskel Abebe especula que las preocupaciones de seguridad estratégica y geopolítica podrían estar impulsando el plan de la armada.

‘El derecho de Etiopía a usar aguas internacionales exige que tenga una base naval’, manifestó Abebe.

Sugirió a Kenya, Somalilandia y Djibouti como posibles ubicaciones para ese enclave.

El plan, dijo, es impulsar la ‘unificación del Cuerno de África como un bloque económico y la armada es parte de ese proyecto’.

Por su parte, Deo Gumba, investigador del Instituto de Estudios de Seguridad, aseguró que las ambiciones podrían estar dirigidas a contrarrestar las operaciones del grupo terrorista al-Shabab en Somalia, así como a la piratería en el océano Índico.

Sin embargo, advirtió que tomaría décadas para que el país tenga una unidad naval completamente desarrollada.

‘Puede crear una rama marítima de sus fuerzas armadas pero no una armada…llevaría demasiado tiempo obtener buques y entrenar a la fuerza’, sostuvo.

‘Muchos países africanos no tienen ese arsenal y si miras a la región, las grandes potencias mundiales son las que operan allí’, concluyó.