Las mujeres piden la paz para acabar con su sufrimiento en Sudán del Sur

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mujeres  en Sudán del SurAfectadas por el conflicto armado que sufre Sudán del Sur, las mujeres de ese país tienen ahora un deseo inmediato: la paz para poner fin a la pérdida de seres queridos, a los desplazamientos forzosos y a las malas condiciones de vida.

Bajo el lema «Inspiración en la cultura de la paz», las sursudanesas tienen hoy una cita en los campos de refugiados de la ONU con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Su principal exigencia pasa por lograr la paz y la estabilidad en el país, donde miles de personas han muerto desde diciembre pasado en los combates entre las tropas gubernamentales y los rebeldes.

«Este año las mujeres del país tienen solo una demanda, que es la paz, porque el actual conflicto ha dejado efectos trágicos en la mujer: el desplazamiento forzoso, la pérdida de familiares y el derrumbe de la confianza», dijo a Efe la activista Julia Aker Benjemen.

«Pasaremos el día con las mujeres refugiadas en los campos de la ONU en Yuba y en el resto de lugares de acogida», agrega.

Y es que el conflicto ha obligado a numerosas mujeres a huir de sus hogares.

Así lo han hecho la mayoría de mujeres en las provincias de Jonglei, Alto Nilo y Unidad, en el este y norte del país; mientras que muchas otras han sido asesinadas, violadas y perseguidas.

Las hay que incluso han huido a pie a los países vecinos, como Sudán, Etiopía y Kenia, en compañía de los miembros de sus familias que lograron salvarse. Otras, por el contrario, han perdido a sus esposos en la lucha.

Ante esta situación, el Gobierno confiesa que no habrá grandes celebraciones en el país.

La subsecretaria de Infancia y Protección Social, Ester Akiri, apunta que, entre las actividades previstas, estarán con las mujeres que permanecen en los campos de refugiados de Nimule, ubicado en la frontera con Uganda, y en la zona de Aweirial con el fin de «apoyarlas moralmente».

Además de querer la paz, las mujeres urgen a las autoridades a que resuelva los problemas que afrontan, muchos de los cuales tienen su origen en las ancestrales costumbres tribales, que ensalzan los valores del hombre.

Según los activistas, faltan leyes que aborden de manera «seria» estas dificultades, visibles a pesar de otros hechos como que la participación femenina en los altos cargos gubernamentales haya ascendido a un 25 por ciento.

El joven país, independizado de Sudán en julio de 2011 mediante referéndum, parecía que iba a dar finalmente la oportunidad a las mujeres de mejorar su situación y acceder a la educación, algo que les impiden las tradiciones tribales.

Sin embargo, sigue siendo común que contraigan matrimonio en contra de su voluntad y a una edad temprana, y en algunas tribus como las Dinka, Nuer y Shiluk (las principales del país) persiste la costumbre de que la viuda pase a ser la mujer del hermano de su marido difunto.

Para la analista política Ajok Awad Allajabo, la mujer sursudanesa afronta un «conjunto de desafíos y obstáculos relacionados con la maternidad y la infancia, como la alta tasa de mortalidad durante el parto, especialmente motivada por los casamientos prematuros y las negligencias médicas».

En ese sentido, se calcula que Sudán tiene la tasa de mortalidad materna más alta del mundo, con 2.054 muertes por cada 100.000 nacimientos, según Naciones Unidas, que cita entre sus principales causas las hemorragias, la hipertensión, las complicaciones del parto y los abortos ilegales con riesgo.

Aunque no hay cifras oficiales sobre ese asunto, las estimaciones de la ONU señalan que, por cada madre que fallece, hay al menos otras treinta que sufrirán enfermedades o algún tipo de incapacidad a largo plazo.

Allajabo insiste en la solución a estos problemas de salud está en explicar a la sociedad la gravedad de los matrimonios con niñas y en mejorar los servicios médicos, para lo que hace falta una estrategia estatal que mejore la atención a las embarazadas y parturientas.

La analista es consciente igualmente de que, para hacer frente a estos desafíos, el país necesita vivir en paz. Y recuerda el sufrimiento de las mujeres en la guerra de los rebeldes contra el régimen de Sudán (1983-2005), así como por la violencia posterior a la independencia.