La Unión Africana y los signos de esperanza continentales

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Por Rafael Arzuaga

El 2019 comenzó en febrero para la Unión Africana (UA), después de concluir su XXXII Cumbre, que refrendó el crecimiento y mostró los grandes desafíos políticos, económicos y sociales urgidos todavía de soluciones eficaces.

Y no es metáfora. Los cónclaves del bloque panafricano establecen puntos de partida para cumplir pequeñas metas en el futuro inmediato con el propósito de avanzar, cada vez con mayor celeridad, hacia objetivos de desarrollo sostenible.

De modo que, sin tiempo para mirar atrás, el presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, asumió el mandato rotatorio con muchos puntos rojos en la agenda y el objetivo de mantener el rol protagónico de la organización en la dinámica del continente africano.

Al Sisi sucedió al presidente de Ruanda, Paul Kagame, con la orden expresa de los Estados miembros de implementar estrategias para solucionar la situación de más de 22 millones de desplazados internos y refugiados durante su año de mandato.

El tema central es ‘Refugiados, repatriados y desplazados internos en África: hacia soluciones duraderas para el desplazamiento forzado’.

Cumpliremos las expectativas de los africanos, seguiremos avanzando en la construcción de un continente mejor a partir de los éxitos logrados hasta el momento, comentó durante su discurso de investidura.

Sabe Al Sisi, sin embargo, que una respuesta definitiva a esa problemática demanda muchos recursos materiales y humanos, tantos, que resolverla en 2019 parece una misión imposible, según observadores.

Es que también mucho esfuerzo y capital exige la resolución del terrorismo, la inseguridad, los conflictos étnicos y fronterizos, y el enfrentamiento a las consecuencias del cambio climático, algunos de los otros principales problemas de África, de manera que le será imposible abstenerse de afrontarlos, debatirlos y gestionar sus posibles soluciones.

Ahora bien, Al Sisi no ha cumplido siquiera un mes en la presidencia, por tanto, no hay elementos para evaluar su gestión, sobre todo lo relacionado con uno de los retos que le esperan: continuar la reforma de financiamiento de la UA para no depender del tributo presupuestario de Estados Unidos y las naciones de Europa.

El principio de esa reforma es aplicar a cada país miembro un impuesto del 0,2 por ciento sobre las importaciones.

Pero algo sí está claro, la UA continúa su lucha por solventar las crisis del continente, crear condiciones para la integración y el desarrollo, y avanzar hacia el objetivo de silenciar las armas en 2020.

Miró hacia adelante tratando los problemas desde la mejor perspectiva posible, desde una visión regional, toda vez que para la UA, aunque la acción nacional es imprescindible, urge proyectar soluciones regionales en conflictos y dificultades que afectan a todos los africanos por igual, a pesar de lindes fronterizos, étnicos, sociales, culturales o económicos.

La Primera Conferencia Internacional sobre Inocuidad de los Alimentos, junto a la FAO y la OMS; el inicio del plan para erradicar el trabajo infantil y la esclavitud moderna; firma de un memorando de entendimiento con la Organización Panafricana de Mujeres; y el taller técnico sobre vigilancia de la mortalidad en África, son apenas cuatro botones de muestra de las muchas acciones de la organización.

Entre sus resultados recientes, pueden contarse los acuerdos de paz concluidos en Sudán del Sur y República Centroafricana, las elecciones en Madagascar y República Democrática del Congo, y los pasos hacia la paz e integración en el denominado Cuerno de África.

Asimismo, la UA realizó una labor diplomática dirigida a fortalecer el resto de los organismos del continente e instaurar alianzas o fortalecer las ya establecidas.

Este fue el caso de la asociación con Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad adoptó el 27 de febrero por unanimidad, una resolución que apoya los esfuerzos de paz en África y aboga por una mayor cooperación con la organización.

Es positivo que el texto del Consejo exprese preocupación por los conflictos en distintas zonas geográficas, identifique el tráfico y comercio ilícito de recursos naturales como una de las causas principales de las conflagraciones, subraye los desafíos económicos, políticos y sociales del continente y reitere el compromiso del órgano para afrontarlos.

A propósito, en la propia sede de Naciones Unidas el alto representante de la UA para Silenciar las Armas en África, Ramtane Lamamra, declaró que es esencial tener en cuenta los importantes desafíos y obstáculos por superar a fin de poner al continente en una mejor postura con vistas a disfrutar los dividendos de la paz.

Así, expuso dos juicios que signan el quehacer de la organización.

Uno, el proyecto para liberar a África de conflictos y hacer realidad la paz para los pueblos es una prioridad en la Agenda 2063 que exige y cuenta con la mayor inteligencia, energía y consagración de la entidad.

Dos, el poder de convocatoria en el mundo para asistir a África aumenta y genera confianza en el surgimiento de una región con opciones reales de avanzar hacia la prosperidad, paz y estabilidad.