La unidad que adornó el fin del Ramadán en Etiopía

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Por Richard Ruíz Julién
El jolgorio propio de las grandes celebraciones continúa hoy en Etiopía, cuando millones de residentes prolongan los festejos por el Eid al-Fitr, el final del mes sagrado de Ramadán.

Las lluvias estacionales disminuyeron para dar paso a hombres, mujeres, niños y ancianos que se reunieron en el centro de la capital para cantar al unísono Allahu Akbar o Dios es grandioso.

A la gran reunión se sumaron funcionarios del Consejo Supremo de Asuntos Islámicos (CSAI) y del gobierno de esta nación, cuya población musulmana es la segunda más grande del África subsahariana después de Nigeria.

En la ocasión, el alcalde Diriba Kuma aseguró que Etiopía, un país pluralista, tiene una Constitución que otorga igualdad religiosa a todos.

Bajo ese prisma, nos embarcamos en medidas de reconciliación y reformas encaminadas a mejorar las condiciones de vida y potenciar la unidad nacional, recordó Kuma.

Para Sheikh Mohammed Sherif, jefe del CSAI de Addis Abeba, la paz finalmente prevaleció y las esperanzas de las personas revivieron luego de la llegada al poder del primer ministro, Abiy Ahmed, hace dos meses.

El discurso de Ahmed, basado en modificaciones rápidas y en la búsqueda de la estabilidad y el consenso político, incluyendo la liberación de prisioneros y musulmanes detenidos, fue una boconada de aire fresco para uno de los estados clave de África, sumido en años de tensiones étnicas y manifestaciones antigubernamentales.

La investigadora Zekeriya Mohammed subrayó que la celebración de Eid de este año, y el mes sagrado del Ramadán antes de ella, son especiales en más de un sentido.

‘Puedo decir que el Eid al-Fitr tiene un matiz diferente porque se observa en una atmósfera de cambios en curso; al igual que en los últimos años, durante el Ramadán, la comunidad oró apasionadamente a Alá para ayudar a Etiopía a sostener este desarrollo positivo’.

‘Los fieles de esta creencia fueron pioneros en un movimiento de resistencia pacífica contra la interferencia de las autoridades en asuntos religiosos de 2011 a 2014’, recordó Mohammed.

‘Aunque la iniciativa aún no alcanzó los resultados deseados, creo sin dudas inspiró las protestas de Oromo, Amhara y otras regiones, que resultaron en la movilización de las altas esferas en función de responder a los reclamos de la ciudadanía’, agregó.

En su opinión, más allá de que las peticiones de los musulmanes estaban vinculadas a los derechos religiosos consagrados en la carta magna, los representantes de la comunidad fueron encarcelados con falsas acusaciones de terrorismo y otros delitos.

‘Gracias a Alá, el Más Exaltado, todos los líderes del movimiento fueron liberados después de soportar cuatro años de injustos términos de prisión’, señaló.

Razones de sobra, según la especialista, para colmar la fiesta nacional, en la que los etíopes olvidaron si pertenecían a una u otra doctrina para honrar esta vez a las voces del cambio, quienes durante los tiempos recientes hicieron los sacrificios más grandes, pagaron el precio más alto.