La tentación del poder vitalicio en África

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poder vitalicio en ÁfricaEl año 2015 termina con la posibilidad para dos presidentes africanos de optar a un nuevo mandato (o incluso más), gracias a reformas constitucionales.

Es el caso de Denis Sassou Nguesso, presidente de Congo desde hace más de 31 años, y de Paul Kagame, desde 1994 al frente de Ruanda, quienes podrán optar a las próximas elecciones presidenciales en julio de 2016 y en 2017, respectivamente.

Vecina de estos dos países, República Democrática del Congo atraviesa un período de incertidumbre. Su presidente, Joseph Kabila, en el poder desde 2001, debe en virtud de la Constitución abandonar su cargo sin poder optar a su reelección en diciembre de 2016.

Sin embargo, el proceso electoral parece estancado y la oposición acusa al presidente de maniobrar para mantenerse en el poder. Por su parte, Kabila llama a un «diálogo nacional» para celebrar unas «elecciones en calma».

Sus detractores consideran este llamado como una «trampa», mientras que sus partidarios defienden la necesidad de un plazo de dos a cuatro años para organizar comicios «creíbles».

Al mismo tiempo, en la frontera oriental de la RDC, Burundi se hunde en la crisis iniciada en abril por la candidatura a un tercer mandato del presidente Pierre Nkurunziza, en el poder desde 2005. Incluso su propio campo consideró inconstitucional un nuevo mandato.

La situación empeoró con su reelección en julio al término de unos comicios boicoteados por la oposición y el país parece ahora hundirse en una espiral de violencia que, para la comunidad internacional, podría llevar a un genocidio.

«La inscripción del límite de dos mandatos presidenciales en las constituciones africanas remonta a finales de los años 90», explica a la AFP Thierry Vircoulon, investigador del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), para quien esta limitación aparece tras una serie de «regímenes autocráticos y de presidencialismo vitalicio».

La limitación del número de mandatos presidenciales de los años 1990 cayó rápidamente en desgracia, empezando por Togo en 2002, seguido en 2005 por Chad y Uganda. Los presidentes de estos dos últimos países, Idriss Deby Itno y Yoweri Museveni, siguen en el poder desde 1990 y 1986, respectivamente.

Desde entonces, las reformas constitucionales se encadenan en varios países con el objetivo de permitir al dirigente de turno continuar en el poder: Argelia y Camerún -donde Paul Biya fue reelegido en 2011 para un sexto mandato- en 2008, Angola y Yibuti en 2010, y en 2013 Zimbabue, cuyo presidente, Robert Mugabe (91 años), dirige desde 1980.

En África central, «la tendencia de estos últimos años no es la democratización, sino la regresión democrática», estima Vircoulon. «Las guerras civiles y los acuerdos de paz no han cambiado la manera de hacer política en estos países», añade el investigador.

Sin embargo, no ocurre igual en todo el continente.

En Burkina Faso, la intención de Compaoré de modificar la Constitución para poder presentarse a un nuevo mandato tras 27 años en el poder generó un levantamiento popular en Uagadugú, que le obligó a exiliarse a finales de octubre de 2014.

Tras un año de transición política marcado en septiembre por un golpe de Estado fallido, los burkineses escogieron el 29 de noviembre a un nuevo presidente en unos comicios calificados de transparentes y creíbles.

En Nigeria, país más poblado de África, la victoria de Muhammadu Buhari en la presidencial de marzo constituyó la primera alternancia democrática en el país.

El año 2015 también vio la consolidación de una nueva forma de oposición democrática bajo el liderazgo de movimientos juveniles y de la sociedad civil, que intentan organizarse en el ámbito transnacional.

En una nota reciente, la consultora Control Risks consideró, no obstante, «poco probable» que los cambios en Burkina Faso y en Nigeria se extiendan a «otras partes de África» en 2016.