La sonrisa perdida en Sudán del Sur

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Tras retomar el proceso de paz en Sudán del Sur, es válido hacer un balance aproximado sobre perjuicios causados por esos cinco años de guerra, principalmente en la población civil.
En Addis Abeba, la capital de Etiopía, el presidente sursudanés, Salva Kiir, y el jefe de la oposición armada Reik Machar firmaron el 12 de septiembre pasado el acuerdo de paz, el cual se presume tienda a eliminar todas las expresiones de violencia que colocó al país en una grave crisis humanitaria.

Un resumen del impacto de lo ocurrido en ese período apunta a los segmentos más susceptibles, los niños y las mujeres, ambos no sólo víctimas de crímenes dimanados del acto bélico, sino también de bajos instintos de participantes en la contienda.

Tal vez el recuento revele que militares del Gobierno y efectivos rebeldes sean culpables de delitos de lesa humanidad, y que la justicia pueda castigar a fin de evitar su reedición y a la vez sanear el ambiente de beligerancia que aún persiste, pese a la firma del pacto por los principales contendientes.

PROFUNDAS HERIDAS DE LA GUERRA

Con una población de unos 12,5 millones de habitantes, de ellos el 50 por ciento menores de edad, el país sufre un grave problema, el reclutamiento de niños; ‘pese a la presión internacional y las enmiendas de la ONU que prohíben estas acciones, ninguno de los dos bandos en conflicto las respeta’, cita el articulista Jair Soto.

Muchos de esos menores proceden de familias muy pobres que consideran al enrolamiento militar como una opción para sobrellevar la miseria, pero eso conduce a otra cuestión más grave, porque pelear solo por dinero convierte al individuo (adulto o niño) en mercenario, algo condenado también por la justicia a nivel mundial.

Según medios de prensa, en Sudán del Sur hay unos 19 mil niños-soldados en las fuerzas gubernamentales y en los diversos grupos armados que protagonizan el conflicto armado desatado en el país en diciembre de 2013, cuando el presidente Kiir acusó a Machar de intentar derrocarlo mediante un golpe de Estado.

‘En lo que va de 2018, hemos visto la liberación de casi mil niños por parte de grupos armados, pero sigue habiendo otros 19 mil’, declaró a la prensa europea el vocero de Unicef en Sudán del Sur, Tim Irwin, y añadió: ‘Esperamos que el ritmo del número de estas liberaciones se incremente como resultado del acuerdo de paz’.

Hay esperanzas, pero las heridas de la guerra están a flor de piel, lo cual hace más compleja la reinserción de los posibles futuros desmovilizados, con sus traumas y frustraciones causadas por agresiones como la denunciada por Naciones Unidas y colocadas en Noticias el 23 de febrero pasado.

‘Un informe de la ONU identifica a oficiales de alto rango del Ejército y del Gobierno como responsables de crímenes de guerra. El dossier, que contiene 58 mil documentos y 230 declaraciones, servirá de base para establecer un tribunal híbrido para juzgar los crímenes’, asegura la nota.

Los niños de Sudán del Sur fueron obligados a mirar como violaban a sus madres y las asesinaban. (…), amplía el informe confeccionado por expertos en Derechos Humanos, el cual implica a 38 oficiales de alto rango del Ejército y a tres gobernadores, todos identificados como responsables de crímenes contra la humanidad y de guerra.

Los niños fueron reclutados a la fuerza por los dos bandos en conflicto y la comisión de la ONU estima que representan un cuarto de las víctimas de abusos sexuales. Además, constituyen una generación perdida con ‘sólo uno de cada 13 que terminará la primaria’.

Tras el entendimiento entre los jefes beligerantes, a lo cual colaboró la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), las víctimas -esos niños que como definía el humanista galo Anatole France, no son adultos pequeños- requieren también de ayuda para reparar sus vidas y recobrar la sonrisa extraviada en esa guerra por el poder.

Quizás hasta la intervención de la IGAD sirva para asegurar el fin del temor y del terror que para los menores representó disociarse de su rutina durante cinco años y convertirse en refugiados, desplazados, niños-soldados, esclavos sexuales y también en sádicos asesinos que llegaron al fondo, tras ser ignorantes instrumentos de la política.