La seguridad en África, un empeño en tiempo real

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La seguridad en ÁfricaPor Julio Morejón

Los caminos que conducen a la nueva era africana, etapa a todas luces mejor que las precedentes, pasan hoy principalmente por la protección de su bien más preciado: el hombre.

De lo anterior se colige el interés de la Unión Africana (UA) de hacer énfasis en los asuntos de seguridad, en el sentido más amplio, como medida para ofrecer opciones de vida ante los peligros de la contemporaneidad en todas las esferas, pero en especial en la de los conflictos bélicos que afectan al continente.

La XXIV reunión cumbre de la UA reforzó la dedicación que requiere el tema al colocar en el centro del debate la peligrosa emergencia de grupos armados de ideologías radicales, los cuales hacen peligrar la estabilidad por las pérdidas humanas y por las amenazas a la solidez institucional y física de los Estados.

El estilo asumido por las formaciones extremistas en la región es una aberración de sus credos, distorsiona sus pronunciamientos de fe, sean de corte confesional islámico o cristiano, comunidades mayoritarias en África, como son el Ejército de Resistencia del Señor (LAR) y Jamaâl at Ahl Al Sunna Li Al DaâÖwa Al Jihad (Boko Haram).

La primera es originaria de Uganda y su doctrina consiste en imponer en el país un Estado teocrático legislado por los Diez Mandamientos bíblicos. En tiempos de auge sus operaciones se extendieron a Sudán, Chad, República Centroafricana y la República Democrática del Congo.

En cuanto a Boko Haram, facción nigeriana militarizada a finales de la década del 2000, pretende construir un califato en el noreste del país, y en su desarrollo como movimiento armado asume una interpretación distorsionada de las enseñanzas del Islam. Propone imponer una versión rigorista de la Sharía, la ley musulmana.

Se presume que en sus filas, además de nacionales, hay mercenarios de Libia, Sudán y Mali, así como integrantes no africanos.

Esas dos formaciones poseen sangrientas trayectorias y entre sus prácticas están las matanzas indiscriminadas, los saqueos de bienes de las víctimas, reclutamientos forzados, violaciones de la dignidad humana, así como la conversión de sus cautivos en esclavos, entre otros delitos condenados por la justicia internacional.

La UA, en la más reciente reunión al máximo nivel, en enero pasado, se pronunció por aumentar su fuerza regional a siete mil 500 soldados, para poner fin a las agresiones de la organización extremista nigeriana, que desde abril del 2014 mantiene secuestradas más de 200 escolares.

Para argumentar la propuesta del empleo de las armas la presidenta de la Comisión de la UA, Nkosazana Dlamini Zuma, manifestó que «los abusos espantosos de Boko Haram, su crueldad indecible, su desprecio total por las vidas humanas, sus destrucciones de bienes totalmente gratuitas no tienen igual…»

LÍNEAS CONVERGENTES

Otros grupos armados que también amenazan la paz y la convivencia son los extremistas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y Ansar Dine, los que actúan en la región del Sahel, la estrecha franja de hasta cinco mil 400 kilómetros de ancho, que atraviesa desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo.

AQMI, antes Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, es una organización integrista internacional creada en 1997 en Argelia como escisión del Grupo Islámico Armado (GIA), responsable de masacres contra poblaciones civiles y de atentados contra las instituciones de ese Estado. Desde el 2004 la comanda Abdelmalek Droukdel.

Ansar Dine (Defensores de la Fe) es un grupo fundamentalista de filiación islámica existente en Mali y su principal jefe es Iyad Ag Ghaly, uno de los líderes de la insurrección tuareg de los años 1990.

A esa formación armada se le acusa de tener vínculos con AQMI y de relacionarse con otros grupos islamistas. Su propósito primario era establecer la Sharía como norma jurídica en Mali, es decir la conversión de la República en una teocracia rígida. Los integrantes del grupo son de ese país, de Argelia y Nigeria.

En 2012 se desató una guerra contra el ejército maliense en el norte de ese país, y la expulsión de las tropas de Bamako por efectivos del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) creó una nueva situación a la que se sumó Ansar Dine, que también se relaciona con la comunidad tuareg.

Un tercer grupo armado es el Movimiento para la Unicidad y la Jihad en África Occidental (Mujao), el cual comparte las formas de actuación de los dos anteriores, ente ellas el rapto y los atentados con explosivos en áreas civiles, lo que le suma a las organizaciones que amenazan la estabilidad africana.

Y LAS GUERRAS

Es indiscutible que en todos los casos el mayor peligro proviene de la guerra y el continente es escenario -además de los considerados conflictos larvados- de dos de esos eventos mayúsculos, uno se desarrolla de manera intermitente desde 1991 en Somalia y el otro comenzó en diciembre de 2013 en Sudán del Sur.

Otras contiendas bélicas de menor alcance, aunque muy destructivas, se ubican en Libia, donde el conflicto actual sucedió al asesinato del líder Muamar Gadafi, y en Sudán, donde persisten las tensiones entre el gobierno y las guerrillas del Movimiento Popular de Liberación de Sudán-Sector Norte (MPLS-N).

Nota aparte precisa el conflicto bélico en la occidental región sudanesa de Darfur, que llama la atención mundial por el nivel de violencia desatado allí en los enfrentamiento entre guerrilleros negroafricanos y los de etnias de perfil árabe. En esa contienda -según estudiosos- racismo y desequilibrio económico se conjugan.

En Somalia, la Unión Africana -representada por su Misión, la Amisom- apuesta por el reforzamiento de las instituciones oficiales, ante un enemigo, la guerrilla de Al Shabab, que califica de espuria toda construcción gubernamental y lleva su táctica más allá de las fronteras.

El conflicto sursudanés, a 14 meses de desatarse, continúa en un callejón sin salida, independientemente de las conversaciones realizadas para hallar la paz. Este disenso sucedió a una sublevación por parte de las fuerzas de seguridad contra el presidente, Salva Kiir, una rebelión que poco después capitalizó el ex vicepresidente Reik Mashar.

ESFUERZOS INMEDIATOS

Pese a los obstáculos para fortalecer las bases de la seguridad, lo que es requisito para la subsistencia, África se esfuerza por vencer una carrera contra todas las adversidades, y el balance comienza a mostrar resultados alentadores, toda vez que los primeros pasos para cambiar el panorama se remiten a realizar acciones conjuntas.

Lo anterior es la victoria del consenso, algo que requiere la unidad continental, para que sobrevivir allí no sea una asignatura pendiente, y ese es el primer gran logro en medio de la turbulencia.

«Debemos tener en cuenta acciones concretas entre todos los países y regiones del continente, para estimular las cadenas de valores del negocio agrícola, identificando estos con medidas concretas», declaró Nkosazana Dlamini Zuma, en junio de 2014 en Guinea Ecuatorial, al abordar el tema de seguridad alimentaria.

Este artículo se refirió al tema de los conflictos armados, pero la seguridad abarca muchos ámbitos: las batallas regionales contra el Sida, el Ébola, la Malaria, junto con el enfrentamiento contra el Hambre, la destrucción del Entorno y sus consecuencias en perjuicio climático y, en fin, son muchos los cuerpo a cuerpo