La presión interna: un enemigo para la paz entre Etiopía y Eritrea

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Por Richard Ruíz Julién

Las sensibilidades de ambos lados, que provocan cierta presión interna, pueden prolongar las conversaciones de paz entre los líderes de Etiopía y Eritrea, aseguraron expertos.

Tanto el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, como el presidente eritreo, Isaias Afwerki, expresaron interés en sostener próximamente un encuentro cara a cara en el contexto de las negociaciones para poner fin a uno de los diferendos más antiguos de África.

La guerra de 1998-2000 librada entre los dos países causó la muerte a unas 80 mil personas y desplazó a cientos de miles de ambos lados.

Aunque formalmente la beligerancia cesó con la firma del Acuerdo de Argel, soldados y milicias permanecen desplegadas a lo largo de los mil kilómetros de frontera común en las últimas dos décadas.

No obstante, la llegada de Ahmed al poder, supuso un cambio de postura en Addis Abeba, hasta ese momento reacia a aceptar los términos del pacto, que incluyen la decisión de una comisión fronteriza internacional de otorgar a Asmara una pequeña ciudad, Badme, punto álgido del conflicto.

Afewerki accedió a la propuesta de la contraparte de iniciar diálogos de paz y envió una delegación encabezada por el ministro de Relaciones Exteriores, Osman Sale, quien sostuvo encuentros con funcionarios etíopes.

Como resultado de esa cita histórica, se acordó reanudar los vuelos directos y eventualmente firmar acuerdos para ampliar la cooperación económica.

En ese contexto, Yacob Haile-Mariam, profesor de derecho en la Universidad de Addis Abeba y asesor principal de la ONU para la negociación de disputas fronterizas entre Nigeria y Camerún, indicó que múltiples factores hicieron posible la concreción de estrategias pacificadoras.

‘El acercamiento se debió en gran parte a la actual orientación política en Etiopía y a la audaz movida adoptada por Ahmed, que desencadenó una pronta respuesta de Afwerki’, dijo.

Además, apuntó, la situación de ‘no guerra, no paz’ se había agotado y ya no podían soportar la carga de mantenerse en pie de lucha.

‘Durante los últimos 10 años, la comunidad internacional, los intelectuales y los ciudadanos de ambos territorios exigieron enormemente poner fin al estancamiento que separó a la ciudadanía, culturalmente vinculada a lo largo de la historia’.

En su opinión, la nación colindante, que sufrió sanciones de la ONU durante años, se dio cuenta de lo ventajoso de la oferta, la cual podría terminar con el aislamiento mundial causante en buena medida de la paralizaron la economía.

Por su parte, Tigstu Awelu, presidente del Partido Unidad de Etiopía y especialista en relaciones internacionales, manifestó que, a pesar de que la iniciativa fue ofrecida por Ahmed, la decisión al final fue refrendada por la coalición gobernante, el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (Eprdf).

‘Querían hacer las paces y poner fin a los ataques de grupos armados con sede en el vecino Estado’, subrayó.

A su vez, Awelu destacó que el Eprdf considera la presencia de las fuerzas navales y aéreas de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita en el puerto eritreo de Assab como una amenaza.

‘Es imperativo evitar las consecuencias impredecibles de las acciones de los países del Golfo, situados muy cerca, al equilibrar las relaciones’, puntualizó.

En las últimas semanas, millones de etíopes que organizaron concentraciones masivas en la capital y en diferentes partes del país expresaron su apoyo al diálogo.

Abiyot Charente, de 27 años, funcionario gubernamental, le dijo a Prensa Latina que el acuerdo de paz pondría fin a años de animosidad.

‘Espero que al final se reencuentren; confío en que el primer ministro hará que esto suceda’, agregó.

Pero Ashenafi Abrham, de 54 años, manifestó que Asmara era el enemigo jurado y que no se podía confiar en su tranquila aceptación. ‘Quieren dividir al partido gobernante, que tiene diferencias en muchos asuntos’, argumentó.

Las comunidades fronterizas, incluidos los residentes de Badme, también expresaron su oposición al plan de reconciliación, que implicaría una larga discusión para determinar la nacionalidad y otras cuestiones territoriales.