La paz inconclusa corroe al norte de Mali

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Norte de MaliPor Julio Morejón

Como componente de un ciclo vicioso, en mayo se reanudaron los combates en el norte maliense entre el ejército y la guerrilla tuareg, poco después de comenzar otra etapa de la franco-africana operación militar Serval.

Existe la convicción por parte de Bamako de que el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) violó el acuerdo de paz de Uagadugu, firmados el 18 de junio de 2013, mientras que los rebeldes expresan estar insatisfechos con los pasos dados por el gabinete en el cumplimiento de tal pacto. El MNLA, precisa que su mayor reivindicación es establecer un verdadero proceso de reconciliación nacional, el cual reconozca sus derechos y un mayor desarrollo del norte del país, mucho más abandonado que el sur.

Las contradicciones se reproducen, parecen no tener fin y lo que muestra su persistencia e intensificación es que en la segunda quincena de mayo, los enfrentamientos retornaron al orden del día en la ciudad de Kidal, centro regional norteño y en los cuales el ejército reconoció la pérdida de unos 20 soldados.

De la guerrilla se desconoce la cifra de bajas, pero no se descarta que también las sufrió, al igual que hubo víctimas en la ciudadanía.

La paz que aparecía en el horizonte vuelve a peligrar, lo cual pone en dudas de que Mali se sitúe al margen de la violencia y resguarde su integridad territorial, siempre amenazada (por una parte por el interés separatista del MNLA y por la otra de los islamistas, que en 2012 ocuparon la zona tras expulsar a la guerrilla tuareg).

Los más recientes combates coincidieron con la primera visita del primer ministro, Musa Mara, a Kidal, considerada el principal bastión de los rebeldes. Esos choques armados fueron intensos y según el Ministerio de Defensa causaron en total 36 muertos y 87 heridos.

CONTRICANTES Y ALIADOS

Para comprender el conflicto en el norte de Mali se debe revisar su catálogo de participantes: por una parte está el gobierno y su respaldo, las tropas francesas y de la Comunidad de Estados de África Occidental (Cedeao) y su fuerza de disuasión el Ecomog o Grupo de Monitoreo.

En el otro bando la integración también es múltiple: unos se agrupan en una coalición que incluye a los grupos rebeldes, que además del MNLA integran el Alto Consejo para la Unidad del Azawad (HCUA) y el Movimiento Árabe del Azawad (MAA).

Asimismo, el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad no es homogéneo y para lograr su fin en su momento contactó con agrupaciones islamitas como Ansar Dine, el Movimiento para la Unidad y la Jihad en África Occidental (Mujao) y Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

Pero resulta que los perfiles de las alianzas también cambiaron en los últimos tiempos, por lo cual no se descarta que participen en la contienda maliense de miembros de la secta extremista nigeriana Boko Haram, cuya presencia en el norte del país ya se conocía desde el pasado año.

La existencia de destacamentos radicales de confesión islámica bien armados es uno de los problemas ideológicos y políticos más difíciles de solucionar en la región saheliana donde está Mali. Su presencia amenaza la estabilidad del área, y son difíciles de asimilar en cualquier cuadro o arreglo incluyente por sus posturas aislacionistas.

En ese contexto de guerra, se señala que permanecen estables y funcionando los conductos que alimentan tanto a la insurrección como al gobierno, a este último se espera que dentro de poco tiempo le llegue un refuerzo de tropas frescas francesas, un centenar de soldados que se ubicarían en Gao.

«Se decidió tomar elementos de Abiyán para enviarlos a Gao» adonde llegarán en pocos días, declaró recientemente en un encuentro con la prensa el vocero del estado mayor galo, coronel Gilles Jaron. En todo el país acantonados mil 600 soldados procedentes del Estado europeo.

París envió también a una treintena de efectivos de refuerzo a Kidal, donde nuevos tiroteos entre soldados malienses y grupos armados aumentaron la inestabilidad y ya se registró un incremento en de las cifras de desplazados, lo cual se interpreta como síntoma de miedo e inseguridad de la población.

«En el frente humanitario, un estimado de tres mil .400 residentes de Kidal huyeron a las zonas rurales, Argelia y Gao desde que iniciaron los enfrentamientos», dijo la ONU sobre el acelerado flujo migratorio en los días de los combates por la ciudad, que en definitiva fue ocupada por la guerrilla.

UNA PAZ CON MINÚSCULA

La crisis maliense del 2012, con el golpe militar que derrocó al entonces presidente Amadou Toumani Touré y el retroceso del ejército ante el avance guerrillero tureg, generó el caos en la región septentrional del país y puso en peligro la estabilidad en todo el Sahel al que pertenece Mali, país sin litoral con 16 millones de habitantes.

Esa situación de desequilibrio se multiplicó cuando la guerrilla del MNLA y sus aliados fueron expulsados de la región norteña por destacamentos extremistas de confesión islámica, lo cual aumentó el temor a una posible secesión del septentrional Azawad y a la vez mostró la ineficacia de Bamako ante una emergencia similar.

La solución planteada para resolver el problema fue la bélica, la operación Serval., en la cual tropas francesas y africanas ayudaron a aplastar la rebelión en enero de 2013 y auxiliaron al país a recuperar algo de control sobre su parte norte, pero actualmente el conflicto persiste.

No obstante, Mali hizo esfuerzos para fortalecer su institucionalidad que es también un modo de construir la paz, el Estado realizó elecciones presidenciales en agosto de 2013 con el propósito de poner fin a los disturbios políticos, pero eso no ocurrió y ahora sufre la reanudación de los ataques rebeldes.

En esa línea sobresalen algunos aspectos claves necesarios de subrayar, primero, la opción militar no resolvió en su totalidad el problema norteño maliense, segundo, los intereses diversos conspiran contra la estabilidad en esa zona, tercero, aflora un claro sentido de exclusión que afecta la cohesión nacional y suministra material al conflicto.

Todo lo anterior mueve a que la paz allí se perciba como una meta inalcanzable o cuando más como un ideal escrito con minúscula.