La paz entre Etiopía y Eritrea: puerta abierta al éxodo

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Por Richard Ruíz Julién
Durante tres años, el miedo y la pobreza impidieron a Nebyat Zerea salir de Eritrea para buscar a su esposo, hasta hace unas semanas, cuando se reabrió la frontera con Etiopía y todo cambió.

El proceso de paz entre los enemigos del cuerno africano que comenzó a principios de este año ha hecho que los vuelos se reinicien y las embajadas se restablezcan, aunque para muchos ninguno de esos pasos les afectó en tantas formas como la apertura del cruce.

Desde entonces, la tasa de eritreos en busca de refugio aumentó dramáticamente, según las Naciones Unidas, pues los soldados que una vez arrestaron a quienes como Nebyat se aventuraban ahora simplemente registran sus nombres cuando van de un país al otro.

‘Tenía que aprovechar esta oportunidad para salir’, comentó a Prensa Latina unos días después de llegar a la ciudad fronteriza de Zalambessa con sus tres hijas, todas menores de seis años.

Las cifras de solicitantes de asilo subió a alrededor de 390 por día desde 53 en el pasado, y las autoridades etíopes contabilizaron más de seis mil 700 recién llegados desde septiembre.

La migración desde Eritrea no es nada nuevo: miles de personas han huido en los últimos años, y muchos de ellos realizan viajes peligrosos a través de desiertos y el Mediterráneo hasta Europa, recordó el investigador del Centro de Estudios Estratégicos, Alemayehu Kassa.

La normalización de las relaciones entre Asmara y Addis Abeba generó esperanzas de que el presidente Isaías Afwerki revirtiera las políticas que impulsan ese fenómeno, subrayó Kassa.

Entre las principales normativas que la ciudadanía esperó llegaran estaba la abolición del servicio militar indefinido, que obliga a los ciudadanos a trabajos específicos con salarios bajos y les prohíbe viajar al extranjero.

Pero aún no se han anunciado cambios al respecto, mientras el éxodo sólo se intensificó notoriamente.

‘No me interesaba ir a otro lugar, pero al final me vi obligado’, puntualizó Daniel Hadgu, que pretende seguir camino a los Países Bajos para encontrarse con su hermana.

Eritrea, antigua provincia de Etiopía, votó a favor de separarse en 1993 después de una sangrienta lucha por la independencia que duró décadas.

Así, volvió a la guerra con su vecino del sur en 1998 debido a una disputa sobre su frontera compartida.

Mientras que los combates se detuvieron en 2000, las relaciones permanecieron estancadas y las zonas limítrofes se mantuvieron selladas después que esta nación renunciara a cumplir con una demarcación de límites respaldada por la comunidad internacional.

A partir de entonces, Afwerki, el único mandatario eritreo desde la secesión, implementó una serie de políticas que, en su opinión, eran necesarias en caso de que los etíopes atacaran, pero para los analistas no hicieron otra cosa que obstaculizar los negocios y alimentaron la emigración.

‘No hay nada que hacer, lamentablemente, en mi país. Sólo estoy buscando una vida mejor’, aseguró a esta agencia Jamila Abdela, de 18 años, uno más entre los cientos de habitantes del Estado del Mar Rojo que arribaron en días pasados.

‘Diariamente, la gente pasa por aquí’, dijo Taeme Lemlem, dueño de un bar en Zalambessa que ha observado un asombroso repunte de las ventas con este ir y venir. ‘Me pregunto, ¿a dónde van?’.