La historia de África ya era vieja cuando nació Occidente

0
320

Por Antonio Paneque Brizuela

Es difícil imaginar cómo el racismo, surgido en África como región originaria de la vida junto a otros males (y bienes) de la existencia, proliferó y regresó al continente, secó sus venas mediante el esclavismo, y casi anuló la personalidad de sus pobladores.

La primera criatura con apariencia humana, el Australopiteco, apareció en la Sudáfrica actual del Valle del Rift hace un millón 750 mil años, evolucionó hasta llegar a la era contemporánea convertido en su variante occidental, y explotó y negó al de la más antigua de las regiones, transformado en lobo de sí mismo.

Los africanos, creadores desde entonces de las primeras grandes inventivas de la historia, como el uso del fuego 790 mil años atrás en África oriental por el Homo Erectus, fueron también negados o poco admitidos por esos aportes, y lo son todavía, porque, en rigor, nadie puso todavía en ese sentido la piedra del reconocimiento en su justo lugar.

Así, el aporte del continente al desarrollo de la humanidad fue tan diverso e imprescindible, que surgió allí el principal ‘invento’ humano, el propio hombre, quien luego pobló al planeta y lo desarrolló mediante descubrimientos que dieron sentido a la vida.

UNA HISTORIA IGNORADA POR EUROPA

Esa evolución originaria es harto reconocida, pero la posterior, basada en inventos o descubrimientos del africano y su diáspora durante miles de años es tan ignorada que para muchos no existe, aunque gran parte del mundo industrializado lo sea gracias a ella.

Porque África no es solo el gran acreedor histórico de Occidente por la esclavitud de siglos y la explotación de todos los tiempos que sustentaron a las metrópolis.

Lo es también por ser importante fuente de desarrollo por las iniciativas tanto de sus primeros pobladores como de los de su diáspora, desde el ‘robo de cerebros’ hasta el descubrimiento para mejorar la existencia o por mera supervivencia.

‘Personas ahora olvidadas descubrieron, mientras otros eran todavía bárbaros, los elementos de las artes y la ciencia. Una raza de hombres ahora rechazada por la sociedad por su piel oscura y su pelo enrulado cimentó en el estudio de las leyes de la naturaleza esos sistemas civiles y religiosos que todavía gobiernan el universo’, escribió el renombrado historiador francés Count C. Volney.

Una visión afroamericana, la del doctor John Henrik Clarke, califica como hecho lamentable que ‘la mayoría de lo que nosotros llamamos ahora historia mundial es sólo la historia del primer y segundo florecimiento de Europa.

Los europeos todavía no reconocen que el mundo no los estaba esperando en la oscuridad para que trajeran la luz. La historia de África ya era vieja cuando Europa nació’.

Para otros estudiosos, como el británico Thomas Hodgkins, ‘cuando las personas hablan, como todavía algunas veces lo hacen, sobre el África al sur del Sahara como un continente sin historia, lo que ellos realmente dicen es que esa región tiene una historia de la que nosotros, los occidentales, somos deplorablemente ignorantes…

OSCUROS Y OSCURÍSIMOS, SEGÚN HENRY MORTON

Ya a principios del siglo XX, en 1910el estudioso y explorador alemán Leo Frobenius recordaba que a los pobladores de esa parte del globo, ‘el anglosajón Henry Morton Stanley les dio el nombre de ‘oscuros’ y ‘oscurísimos’…

‘Pero antes de las invasiones extranjeras, los africanos no vivían en grupos pequeños sino en comunidades de 20 mil o 30 mil habitantes, cuyas carreteras estaban sombreadas por espléndidas avenidas de palmeras, plantadas a intervalos regulares y de una manera ordenada’.

¿POR QUÉ IMHOTEP NO FUE ‘EL PADRE DE LA MEDICINA’

‘Uno debe admitir que todavía somos víctimas de una mentalidad colonialista: encontramos difícil de comprender que los africanos poseyeron su propia civilización durante muchos siglos antes de que los europeos, comenzando con los portugueses al final del siglo XV, concibieran la idea de intentar venderles la nuestra.’

Las entregas de esa región a la ciencia son tales y tan subestimadas que el científico británico Gerald Massy en su libro Antiguo Egipto: la Luz del Mundo’ (1907), se lamentaba de que el griego Hipócrates fuera reconocido como ‘el padre de la Medicina’, en lugar del galeno y erudito egipcio Imhotep (2300 ac), ‘el multifacético genio negro del cual tanto Grecia como Roma tomaron conocimientos’.

En la actualidad, la mayoría de los historiadores acepta que los antiguos imperios africanos de Ghana, Malí y Songhay (África Occidental, uno de los mayores de la historia) desplegaron verdaderas sociedades científicas, aunque pocos dominan que el periodista británico Jon Snow quedó asombrado al encontrar en los 70′ en una biblioteca en Tombuctú (Malí), pilas de libros fechados ‘hace más de 500 años’.

LOS AFROAMERICANOS INVENTARON MUCHO MÁS QUE EL SEMÁFORO

Víctimas a un tiempo del racismo y de la exclusión económico-social, muchos desconocen el ingenio innovador de los afroamericanos y lo recuerdan apenas solo por el invento en 1923 del semáforo, atribuido a Garrett Morgan.

Claro que la creación por él del sistema automático de señales de tránsito, cuyos derechos vendió después a la General Electric, fue en la era moderna el más resonante, visible y popular aporte allí de los emigrantes y descendientes del llamado continente negro.

Morgan (Kentucky, 1877-1963), de educación escolar elemental, pero extremadamente inteligente, redujo con ese mecanismo las intoxicaciones de tráfico, la taza de embotellamientos, los accidentes y la mortalidad.

Patentado en 1923, la primera prueba del entonces rústico aparato manejado a mano con señales rotativas de ‘pare’ y ‘siga’ fue en la esquina más congestionada de Ohio, la intersección entre las calles 9 y Euclid.

La General Electric desarrolló luego el equipo en forma eléctrica, aunque operado de forma manual y lo convirtió en el sistema que todos conocemos: luz roja de pare, verde para avanzar y ámbar como intermedia. La tecnología se encargaría de convertirlo en un aparato automático en sincronización con otros ubicados en calles aledañas.

Aunque Morgan creó también la máscara de gas, los miles de afroamericanos que le siguieron rebasan ampliamente esos primeros pasos y, según el manual Científicos negros e inventores, editado en Reino Unido por BIS Publications, comprenden los siguientes:

UN AFROAMERICANO INVENTÃ’ EL PRIMER RELOJ ESTADOUNIDENSE

Benjamín Banneker fue el fundador de los inventos afroamericanos, al concebir el primer reloj del país y después trabajar como asistente del francés La Flan, quien planificó la ciudad de Washington, y, cuando este dejó el país, recordó los planos y fue su definitivo diseñador.

El físico Lloyd Quarterman integró el equipo científico norteamericano que desarrolló el primer reactor nuclear en los años treinta e inició la era atómica en el mundo, mientras Robert E. Shurney, inventó los neumáticos de malla de alambre para el robot de la Apolo XV que alunizó en 1972.

Ernest E. Just estudió la fertilización y la estructura celular del huevo antes de la Primera Guerra Mundial y ofreció la visión pionera de la arquitectura humana al explicar cómo trabajan las células.

William Hinton publicó en 1935 el primer libro de texto médico escrito por un afroamericano, basado en una investigación sobre sífilis, mientras Daniel Hale Williams fue el primero en realizar, en 1893, una operación de corazón en un hombre.

El químico Percy L. Julian, ‘uno de los más grandes científicos del siglo XX’, según la revista Ébano, abrió con sus experimentos en 1933 el camino para el tratamiento del mal de Alzheimer y del glaucoma.

En 1989, el emigrante nigeriano Philip Emeagwali realizó el cálculo de computadora más rápido del mundo, una operación de tres mil 100 millones de estimados por segundo, aporte que cambió los estudios sobre el calentamiento global y las condiciones del tiempo, y determinó cómo fluye el petróleo en la tierra.

Lewis Latimer, colaborador y dibujante de Thomas Edison, inventó en 1881 la bombilla de filamento de carbono para mejorar la concebida por el primero, lo cual hizo su producción más barata, eficiente y práctica.

Henry Sampson creó las células eléctricas Gamma para la transmisión y recepción de señales de audio por ondas de radio, lo cual inauguró la industria de celulares.

Richard Spikes desarrolló en 1932 la caja de cambios automáticos para automóviles, en tanto George Carruthers ideó en los años setenta la cámara remota ultravioleta que se usó en la misión de la Apolo XVI y permitió la visualización de cráteres en la luna.