La gobernante coalición ante el reto de unir a Etiopía

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Académicos locales consideraron que las políticas implementadas en los últimos meses por el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (Eprdf) demuestran pericia de la gobernante coalición para traer estabilidad al país.

Según los expertos, Eprdf estaba al borde de una crisis que para muchos parecería insuperable, producto de años de mala gestión de los recursos, corrupción y descontento social.

Pero, apuntó el comentarista Yohannes Gedamu, el grupo de partidos que dirige la segunda nación más poblada de África desde hace 27 años, finalmente se dio cuenta de que los últimos episodios de disturbios populares no se resolverían sin introducir cambios importantes en el orden político y económico.

En ese contexto, la coalición dio a conocer una agenda de reformas centrada en la necesidad de ampliar el espacio democrático, liberar a miembros de la oposición presos y escuchar las voces de los diversos sectores de la sociedad civil.

Como muestra de compromiso con las demandas y para poner fin a la violencia y allanar el camino para la implementación de la agenda de transformación, Hailemariam Desalegn anunció su renuncia al cargo de primer ministro el 15 de febrero pasado, recordó Gedamu.

Y así, apuntó, después de un mes de suspenso e incertidumbre, Abiy Ahmed, un joven tecnócrata, tomó el puesto; esa movida se produjo en medio de tensiones intrapartidarias que pusieron al descubierto divisiones en el Eprdf.

No obstante, los especialistas puntualizaron que en Etiopía no existe una oposición fuerte y creíble, por lo que la opción de estabilidad ofrecida en buena medida por el Gobierno, más allá de los desafíos presentes, fue la esperanza a la cual se aferraron millones de ciudadanos.

Con la llegada de Ahmed y su amplio atractivo político, la fe se renovó, con miras a lograr la prosperidad, lejos de la violencia y el desenfreno social, que traen consigo pérdidas de todo tipo, puntualizó Solomon Alemayehu, profesor de estado de derecho de la Universidad de Addis Abeba.

Su ascenso fue el resultado directo del cambio de actitud logrado por dos agrupaciones que forman parte del acuerdo federal, la Organización Democrática Popular Oromo (OPDO) y el Movimiento Democrático Nacional de Amhara (ANDM).

Hasta hace poco, esas fuerzas no podían ejercer gran influencia; el Frente de Liberación del Pueblo Tigrayan (TPLF), que lideró el camino en la creación del Eprdf, controlaba el aparato de seguridad del estado, precisó Alemayehu.

Durante mucho tiempo, el OPDO y el ANDM fueron culpados por no fomentar la unidad entre Oromos y Amharas.

Recientemente, sin embargo, unieron esfuerzos para poner fin al dominio de TPLF y ahora son alabados por reavivar entre sus afiliados el nacionalismo etíope debilitado.

Al trabajar juntos, la élite política dentro de estos dos partidos logró obtener un amplio apoyo popular.

Consciente de este panorama, el actual primer ministro adoptó un tono conciliador y ha estado tratando de abordar la desconfianza entre las facciones, así como la de los ciudadanos a través de discusiones sobre ‘Ethiopiawinet’, la palabra en amárico para Etiopía, apuntó Tefere Mehistu, investigador del Centro de Estudios Estratégico.

Pero quedan algunos retos aún por resolver para la flamante administración, en opinión de los observadores, como el hecho de que los Amharas siguen siendo blanco de asesinatos y desalojos en una región conocida como Benishangul Gumuz.

Además, el destino de decenas de miles de oromos, desplazados internos desde que fueron expulsados de la región somalí, aún no está claro y no hay señales de un retorno a la normalidad.

Los académicos concluyeron que tampoco pueden lograrse todos los cambios en dos meses de gestión, hay que ir analizado el transcurso de los acontecimientos de a poco hasta ver si definitivamente se garantiza la transición democrática y el bienestar general, en lugar de priorizar la supervivencia del Eprdf.