Kanouté y la esperanza de un futuro mejor

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Frédéric Kanouté ha fundado una academia de fútbol y una aldea para huérfanos, y está mejorando las vidas de cientos de niños. “Los niños necesitan cariño, cuidado y atención”, proclama. “Espero que luego se hagan personas fuertes y seguras de sí mismas, capaces de perseguir sus propios sueños”.

Frédéric, ahora radica usted aquí, en Dubái. ¿Por qué motivo?
Después de retirarme, me mudé a Dubái, donde fundé la Academia de Fútbol Kanouté (“Kafo Academy”). El fútbol es tremendamente popular aquí, pero aún está en fase de desarrollo. Por otro lado, me gusta mucho trabajar con niños y chavales en general, de modo que fue una combinación perfecta para mí. Ya llevamos trabajando cuatro años, y actualmente estamos entrenando a unos 200 muchachos de edades comprendidas entre los 5 y los 15 años. Ha sido una experiencia increíblemente enriquecedora para mí ver a todos estos chicos de procedencias diversas aprender y mejorar enormemente juntos.

¿Puede contarnos algo también de la aldea infantil Sakina en Mali? ¿De dónde surgió esa idea?​ ​​
La idea me vino a los veintipocos años, cuando estaba en el Reino Unido. Sin duda, mi educación, mi crianza, mis orígenes, mi fe y mi familia me influyeron en la manera en la que entiendo la vida y lo que quiero hacer con ella. Cuando me hice futbolista profesional, ese sentido de la responsabilidad creció aún más. Después de hacer algunos viajes al país natal de mi padre, Malí, empecé a sentir la necesidad de hacer algo para ayudar a cambiar las cosas. Sin saber muy bien todavía lo que iba a hacer, sentí que la educación en general y poner a las personas en primer lugar, en particular a los niños, era la única manera de conseguir un cambio sostenible.

¿Qué sabía de los huérfanos?
Mi padre se crio huérfano, y había visto a muchos huérfanos en las calles de Bamako. Más tarde, consideré el asunto desde una perspectiva más general y decidí organizar una aldea para los niños más vulnerables con la idea de darles todo el apoyo, el cuidado y la educación posibles. Sakina incluye alojamiento con madres adoptivas, una guardería, escuelas de enseñanza primaria y secundaria, un programa de capacitación y un centro de salud. Las escuelas y el centro de salud, así como los demás servicios, están disponibles para las comunidades vecinas. Y, por último, aunque no por eso menos importante, tiene un programa de agricultura, ganadería y comercio para ayudar a la aldea a hacerse autosuficiente y sostenible, lo cual es una prioridad para nosotros.

¿Qué cree que es lo más importante para los huérfanos?
Lo más importante es evaluar primero las necesidades individuales. No hay un grupo homogéneo al que podamos llamar «los huérfanos», porque todos ellos son individuos, seres humanos con historias y experiencias diferentes, algunas de ellas traumáticas. Después, tienen que recibir el cariño, el cuidado y la atención que merecen. Espero que luego se hagan personas fuertes y seguras de sí mismas, capaces de perseguir sus propios sueños y aspiraciones, que nosotros procuraremos que alcancen.

¿Los chavales le conocen?
Sí que me conocen, ¡y me llaman Papá Kanouté! Quieren que pase tiempo con ellos. A menudo me piden que vaya a jugar al fútbol con ellos en medio de la aldea.

¿Con qué frecuencia los visita?
Voy a Malí dos o tres veces al año. A veces por motivos de trabajo, pero incluso entonces trato de visitar la aldea siempre que voy.

¿Cuántos niños viven en la aldea?
Hay 67 niños en Sakina, y la capacidad máxima es de unos 150.

¿Cualquiera puede entrar?
Sakina da prioridad a los niños más necesitados. Pero Sakina y la Fundación Kanouté trabajan y tienen fe en el efecto mariposa: queremos usar nuestra aldea y nuestra organización como una plataforma y una incubadora de la que emerjan nuevas ideas y conceptos, con el fin de que se pueda beneficiar más gente.

¿Recibe apoyo de otros jugadores de fútbol?​​
Sí, por ejemplo, la Fundación Kanouté y UNICEF organizaron conjuntamente los partidos de fútbol de beneficencia «Campeones para África». Cuando estaba en España, organizábamos cinco partidos anuales, a los que contribuían alegremente jugadores de las ligas europeas y de todo el mundo. El éxito de esa iniciativa fue asombroso, tanto en términos de publicidad para la causa como en cuanto a los fondos recaudados para beneficencia.

¿Qué significa para usted el destino?​
Que debo actuar lo mejor posible en esta vida poniendo mi confianza en Dios y no preocupándome demasiado por el mañana, pues solo Él sabe lo que ocurrirá.

¿Cuánta importancia tuvo su fe en la creación de la fundación?
Mi fe ha sido importante en cada paso de mi vida; para un paso tan importante como el de crear una organización de beneficencia, mi fe fue mi principal inspiración. Como ya he dicho alguna vez, la fe no solo está en el corazón sino también en las manos: tienes que forjarla con tus actos, y tiene que ser útil no solo para ti, sino también para la gente que te rodea. Asumir responsabilidades siempre ha sido importante para usted.

¿Por qué?
Nunca me consideré únicamente un futbolista; el fútbol es lo que hago; es una pasión, pero no es lo que yo soy. En primer lugar, somos personas, y como personas tenemos derechos, obligaciones y, lo que es más importante, responsabilidades. Mi vida como persona, como ciudadano, como creyente, entraña responsabilidades hacia Dios y hacia los demás seres humanos. El fútbol me ha ayudado muchísimo, como herramienta, como guía, al darme una voz y la oportunidad y los medios de llegar a más gente y de manera más eficiente.

¿Cree que debería haber más gente famosa que ayudara a los desfavorecidos?
Yo no soy nadie para decir lo que la gente debe o no debe hacer. Por supuesto que espero que la gente use su influencia para cambiar las cosas a mejor. Pero en general, eso tiene que salir de un cambio en uno mismo en primer lugar. De un despertar personal.

¿Cuál cree que es su propósito en la vida?
Actuar de la mejor manera posible cada día para acercarme a mi Creador (Dios) a través de todos los medios que Él me dio. Y como homenaje al gran Muhammad Ali, cito sus palabras: «prepararme para mi encuentro con Dios», que es la razón última.

¿Cómo le gustaría que la gente le recordara dentro de 30 años?
Como alguien que hizo todo lo que pudo por agradar al Señor a pesar de todas sus limitaciones humanas. Y esperemos que como alguien que afectó positivamente las vidas de otras personas, empezando por las de mis propios hijos y mi familia.