Kagame a Francia: “Ningún país es tan poderoso para cambiar los hechos”

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François Hollande et Paul KagaméEl presidente de Ruanda, Paul Kagame, advirtió a Francia de que “ningún país es tan poderoso como para cambiar los hechos, incluso cuando piensa que lo es”, durante la conmemoración del vigésimo aniversario del genocidio de 1994.

“Los hechos son testarudos”, puntualizó en francés el mandatario -que pronunció en inglés el resto de su discurso- ante miles de ruandeses solo un día después de que su Ejecutivo volviera a acusar a Francia, aliado del Gobierno hutu en el poder en 1994, de haber tenido un “papel directo en la preparación del genocidio”.

En una ceremonia televisada por la web oficial de la conmemoración del genocidio, en la que Francia no está presente tras cancelar ayer su asistencia, Kagame también responsabilizó a “oficiales belgas y a la Iglesia Católica” de instaurar una organización política en Ruanda responsable del odio étnico que desencadenó la matanza de unos 800.000 tutsis y hutus moderados.

Tras las palabras “nunca más”, según Kagame, “hay una Historia que debe contarse en mayúsculas, no importa quiénes seáis ni cuán incómodos os sintáis”.

El mandatario criticó en varias ocasiones la herencia de la colonización europea en su país, ante miles de ruandeses y líderes internacionales reunidos en el día nacional de luto en el Tutsi Amahoro Stadium de Kigali, donde 12.000 personas se refugiaron durante la matanza ocurrida hace veinte años.

“El legado más devastador del control europeo en Ruanda fue la transformación de las distinciones sociales. Fuimos clasificados, de acuerdo con un marco inventado en otro lugar”, lamentó.

La diferenciación social entre los grupos hutu y tutsi durante la colonización belga se encuentra en el origen del enfrentamiento étnico que desembocó en la matanza, principalmente de tutsis, durante cien días.

Kagame reivindicó a continuación la fortaleza de un pueblo que, según afirmó, “eligió permanecer unido” tras la tragedia.

“Ruanda podría haber sido un Estado fallido. Podríamos habernos convertido en un protectorado permanente de la ONU“, aseguró.

En esa misma línea, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, responsabilizó a los colonizadores de introducir una división en la sociedad ruandesa que estaría en el origen del genocidio.

“La colonización fue una gran vergüenza para África“, a la que los europeos trajeron, según Museveni, “matanzas, enfermedades y el saqueo de los recursos naturales”.

Ruanda “fue una de sus víctimas”, ya que hasta la colonización “tutsis y hutus tenían una relación simbiótica”, defendió Museveni, siguiendo las tesis defendidas por su homólogo ruandés.

Por su parte, la presidenta de la comisión de la Unión Africana, Nkosazana Dlamini Zuma, emplazó a “no permitir nunca más a ningún grupo justificar la exclusión y el genocidio”.

“Nuestra diversidad es nuestra fuerza y debemos construir sociedades incluyentes donde nadie se sienta marginado”, enfatizó.

La ceremonia se celebró en presencia de familiares de las víctimas procedentes de todo el país y representantes gubernamentales de numerosas naciones.

Entre ellos se encontraba el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon; el ex primer ministro británico Toni Blair; y el expresidente sudafricano Thabo Mbeki.

Las intervenciones de los mandatarios comenzaron tras guardar un minuto de silencio por los fallecidos, y estuvieron precedidas por una coreografía que homenajeó a las víctimas.

El conflicto estalló el 6 de abril de 1994 con el asesinato del entonces presidente ruandés, Juvenal Habyarimana, aunque existían indicios claros de la situación que se estaba gestando desde meses antes.

Al día siguiente, diez “cascos azules” belgas que protegían a la primera ministra, Agathe Uwilingiyimana, fueron asesinados junto con la dirigente, lo que llevó a Bruselas a ordenar la retirada de su contingente.

La matanza que siguió terminaría con la vida de unas 800.000 personas en poco más de tres meses, la mayoría de ellos de la etnia tutsi, asesinadas a machetazos por extremistas de la etnia hutu.