Islamistas tunecinos prometen dejar el poder a fines de octubre

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Rached Ghannouchi
Rached Ghannouchi

El partido islamista Ennahda, que dirige el gobierno tunecino, se comprometió este sábado a dejar el poder antes de fines de octubre para resolver la crisis política dos años después de su victoria en las elecciones tras la revolución de enero de 2011.

El jefe de Ennahda, Rached Ghannouchi, y los dirigentes de los partidos de oposición, inicialaron una hoja de ruta que prevé la designación antes del fin de la semana próxima de un primer ministro independiente que tendrá dos semanas para formar gabinete.

Luego, el gobierno dirigido por Ennahda deberá renunciar. El documento firmado señala que «el gobierno presenta su dimisión en un plazo que no supera las tres semanas» después de la primera sesión de diálogo nacional.

La firma de este texto redactado por cuatro mediadores fue objeto de disputas hasta el final, demorando la ceremonia del sábado, pero finalmente Ghannouchi, así como los dirigentes opositores, lo firmaron ante la prensa y los jerarcas políticos.

El Congreso para la República, un partido al que pertenece el presidente Moncef Marzouki y es un aliado secular de Ennahda, se negó a inicialarlo.

Ennahda se comprometió políticamente, pero no jurídicamente, a dejar el poder dos años después de su victoria en las elecciones del 23 de octubre de 2011, los primeros comicios libres en la historia de Túnez.

Después de haber sido reprimido durante el anterior régimen de Zine El Abidine Ben Ali, Ennahda se vio debilitado en los últimos meses por los asesinatos de dos opositores, sucesivas disputas políticas y reiterados conflictos sociales, sin lograr concluir la redacción de la Constitución.

El anterior gobierno dirigido por los islamistas había renunciado en febrero, después del asesinato del opositor Chokri Belaid, y la crisis actual fue desencadenada por el asesinato del diputado Mohamed Brahmi.

Por otra parte, la hoja de ruta firmada el sábado prevé, luego de un «diálogo nacional» que reunirá a todos los grupos políticos, la adopción en un plazo de cuatro semanas de una Constitución y de un calendario electoral, dos temas que estaban bloqueados desde hacía meses.

Los dos bandos, que tienen malas relaciones, volvieron a atacarse mutuamente, demorando casi cuatro horas la ceremonia de inicio del diálogo nacional. Las negociaciones de fondo recién comenzarán a principios de la semana próxima.

Según la oposición, hasta último minuto Ennahda hizo todo lo que estuvo a su alcance para no firmar la hoja de ruta, pero terminó cediendo. Sin embargo, el líder del partido islamista criticó enérgicamente a la oposición en Twitter.

«Después de una demora debida al chantaje de último minuto de la oposición, comienza el diálogo nacional», escribió.

Antes de obtener la renuncia formal del gobierno, el «diálogo nacional» debe obtener un compromiso sobre la identidad de los futuros miembros del gobierno.

«Nosotros no decepcionaremos a los tunecinos ni al diálogo», aseguró el primer ministro Ali Larayedh ante numerosos responsables de partidos, los mediadores en la crisis y el presidente Marzouki.

El presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Mustafa Ben Jaafar, aliado laico de los islamistas, destacó en un discurso que «un fracaso sería un pecado del cual todos nosotros deberíamos responder».

Por su parte, el jefe del Estado insistió que un fracaso de las conversaciones «asestará un golpe a los derechos de cientos de miles de tunecinos».

Los expertos se mostraron muy prudentes en lo que respecta a las probabilidades de éxito de este «diálogo nacional», cuya organización requirió dos meses de negociaciones bajo la égida de la Unión General Tunecina del Trabajo y de otros tres mediadores.

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