El hambre planea sobre el planeta

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Según Naciones Unidas, al menos 795 millones de personas en el mundo -una de cada nueve- son presa del hambre, flagelo que golpea en mayor medida a los países subdesarrollados.

Si hambreas un cordero, se convierte en lobo, reza un viejo refrán turco, que alerta sobre ese mal, cuyo combate para erradicarlo es una carrera contrarreloj, al decir de la directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Ertharine Cousin.

La funcionaria llamó esta semana en Bruselas a actuar ahora para salvar las vidas y los medios de existencia de millones de personas, en alusión al Objetivo número dos del Desarrollo Sostenible, orientado a la erradicación de ese fenómeno en 2030.

En el informe presentado en esa ciudad, la funcionaria alertó, además, que se trata de un fenómeno que exacerba las crisis y causa más inestabilidad e inseguridad.

Sin embargo, dolorosamente esa situación ha cambiado en el último año. Pese a los esfuerzos frente al hambre a nivel internacional, cerca de 108 millones de seres padecieron inseguridad alimentaria severa en 2016, lo que representa un drástico aumento en comparación con los 80 millones en 2015.

Tal fuerte incremento refleja los problemas de la población para producir y acceder a los alimentos, debido a los conflictos armados, precios a niveles récord en los mercados locales de los países afectados y a eventos meteorológicas extremos como la sequía y las lluvias irregulares causadas por el ‘caprichoso y devastador’ fenómeno meteorológico El Niño.

En el mencionado documento sobre crisis alimentarias, elaborado también con la participación de otros organismos de ONU e instituciones regionales, se afirma que cuatro naciones -Sudán del Sur, Somalia, Yemen y el noreste de Nigeria- corren riesgo de sufrir hambrunas.

Según una descripción de ese organismo internacional, el hambre comienza con una molesta sensación que se experimenta cuando el cuerpo manifiesta una necesidad imperiosa de comer, la cual es más intensa que el simple apetito.

Si la duración de esa necesidad es breve, los efectos para la salud no son graves, los cuales sí lo son y pueden constituir un peligro cuando se prolongan durante determinado tiempo y se convierte en desnutrición.

Este es aún un fantasma que planea sobre el planeta, y está asociado indisolublemente con la pobreza, el desempleo, la insalubridad, enfermedades y otros males económicos y sociales, responsables conjuntamente de la muerte de millones de personas por año, particularmente de niños.

Los expertos coinciden en que el hambre tiene solución, pues la producción global de alimentos supera en estos momentos la demanda, lo cual indica que resolverlo cae en el terreno de la distribución.

En lo anterior influye de manera decisiva la voluntad política de los Gobiernos, no sólo para una justa repartición de los alimentos, sino sobre todo adoptando estrategias de desarrollo, ha dicho en reiteradas ocasiones la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Esta subraya, en ese sentido, la necesidad de aplicar políticas que permitan crear más puestos de trabajo, elevar la producción agrícola y la preservación de los suelos sobre bases sostenibles, la eliminación de los conflictos bélicos y de toda forma de exclusión.

Volviendo a la titular del PMA: ‘Lo que es hoy un problema de seguridad alimentaria se convierte mañana en un problema de seguridad’.