Haile Grebreselasie: el deporte es el lenguaje del mundo

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Por Richard Ruíz Julién
Algunos citan 2005 como el mejor año del etíope Haile Grebreselasie, deportivamente hablando, pero casi todos coinciden hoy en que Sidney 2000, el segundo oro olímpico para »Nefteña» (El indomable), fue la carrera de su vida.

Verlo llegar a la meta en primer lugar, aún cuando el lastre de una lesión en el talón de Aquiles le descartaba como ganador, detuvo los corazones de muchos en el orbe; un millón de personas lo recibirían, días después, con honores de jefe de Estado en Addis Abeba porque, para su agradecido pueblo, la hazaña no merecía menos que eso.

Tampoco fue malo 2008, en el que Grebreselasie batió el record histórico absoluto del maratón y lo dejó en 2:03:59 horas, que rebajaba su propia marca anterior en 27 segundos.

Sus 10 hermanos fueron los que le pusieron por sobrenombre Nefteña, cuando a los cuatro años iba corriendo descalzo a la escuela, distante 10 kilómetros de su casa de Asella, en pleno Valle del Rift, y volvía por la tarde del mismo modo.

Ese espíritu de sacrificio, de constancia, de intensidad, sigue plenamente vigente a sus 45 años, cuando, tras mantenerse fiel a la competición deportiva que tanta gloria le dio, dirige la Federación de Atletismo de Etiopía.

No hace falta añadir que es querido, respetado y admirado en su país. En plena flor de la vida ya ha logrado la gloria y el dinero. Sólo le queda el poder político, pero eso es harina de otro costal, dice.

‘Para mí el deporte es el lenguaje del mundo, y lo seguiré defendiendo a capa y espada, porque, ya te digo: no hay mejor diplomacia que esa’, puntualiza la leyenda de las carreras de fondo, con mirada clara y un porte sencillo.

Hay tanta altanería hoy en día, por el hecho de alcanzar un podio; mi cuna me enseñó que la vida hay que verla con ojos humildes y, si algún éxito alcanzas, que éste sea útil para ayudar a los demás, sostiene.

Gebrselassie ha sido conocido siempre por su gran fortaleza mental, una cualidad indispensable en todo campeón.

Pero el general es la mente, considera, ‘la inteligencia, la planificación, la estrategia y la determinación. El soldado es la parte física, las piernas. Si uno de los dos falla, no hay manera de vencer’.

Asegura que ya cumplió uno de sus sueños: crear una academia de formación y también un campo de experimentación, donde puedan venir atletas de todo el mundo a prepararse para la alta competición, aunque aún queda mucho por hacer para el deporte en Etiopía y él quiere, hasta donde sus fuerzas se lo permitan, aportar para que otros también logren tocar las alturas.

Si le preguntas en qué piensa un fondista de élite en plena carrera, subraya que un maratón son dos horas y se pasa por muchos estados mentales; vienen pensamientos sobre la familia, los amigos, las metas cumplidas…

‘No obstante, hay momentos en los que la mente se retira de la carrera y el cuerpo va solo a velocidad de crucero, como un avión con piloto automático, pero de pronto te pasa un atleta y se disparan las alarmas. Hay que repensar la estrategia, calcular las fuerzas y tomar decisiones clave. Ahí se gana o se pierde una competición’.

Le confronto con la idea de que si, con la experiencia adquirida a lo largo de su trayectoria y suponiendo que volviera a tener 20 años podría bajar de las dos horas, responde de manera intrépida: ‘Absolutamente’.

De hecho, está involucrado en un proyecto científico, ‘subtwohours’ o ‘1:59:59’, dirigido por el profesor Yannis Pitsiladis, de la Universidad de Birmingham, que trata de conseguir que, antes de 10 años, un ser humano corra 42 kilómetros en menos de dos horas.

‘Nada de drogas, Âíeh! El proyecto se centra exclusivamente en la aplicación de un método científico para mejorar la dieta, el entrenamiento y la preparación psicológica’.

‘Yo creo que la gente joven hace lo mismo que yo lo que pasa es que tienen los colegios mucho más cerca del que lo tenía yo. En el mundo se pasa muchas horas con las redes sociales. Si quieres siempre hay tiempo para entrenar. Me da igual si hace sol, llueve o hace viento. No valen las excusas cuando se trata de trabajar duro, esa es y será siempre mi premisa’.