¿Hacia una burbuja petrolera en África Oriental?

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Los conflictos entre Estados vecinos y actores comerciales crean incertidumbre sobre la perforación, oleoductos y exportaciones de petróleo y gas en África oriental.

Así, la lucha por esos recursos se calienta, en opinión de expertos, con millones de dólares y el control de gasoductos estratégicos en juego.

Recientemente se descubrió petróleo en cantidades comerciales en Uganda y Kenya, y ambos países desean convertirse en exportadores de crudo.

Tanzania, que tiene importantes reservas, también quiere que los oleoductos conecten su petróleo con los puertos del Océano Índico.

Sin embargo, una disputa entre países vecinos y miembros de la Comunidad del África Oriental (EAC), así como entre las partes comerciales interesadas, crea incertidumbre en un momento de precios récord para la mezcla de hidrocarburos más ambicionada en el planeta.

UKCOP

Con el fin de llevar el petróleo de África oriental al mundo, se anunció el Oleoducto Uganda-Kenya (UKCOP) poco después del descubrimiento de petróleo en territorio keniano a finales de 2012.

La tubería debía transportarlo de los dos países al Puerto de Lamu, en el Océano Índico.

También se planeó que estimularía la explotación de las enormes reservas de Sudán del Sur.

El UKCOP habría hecho a esos tres Estados de África Oriental importantes exportadores de hidrocarburos, a la vez que generaría sustanciales ingresos para la región.

No obstante, casi tan pronto se anunciaron en Nairobi los planes de construcción a mediados de 2015, se expresaron preocupaciones en Kampala y por parte del conglomerado empresarial Big Oil, que citaron aspectos de seguridad, el terreno y los costos.

Casi un año después, el proyecto UKCOP se archivó y un acuerdo de conductora Uganda-Tanzania se firmó.

Eso conducirá el flujo de petróleo ugandés no a través de Kenya, sino de Tanzania a su puerto de Tanga, lo cual significa que el oleoducto para Sudán del Sur está en espera y que Kenya debe transportarlo por carretera o construir su propia conductora.

LUCHA PETROLERA EN ÁFRICA ORIENTAL

Aunque la seguridad en el norte de Kenya -especialmente la amenaza de terrorismo del grupo somalí Al Shabab- era probablemente un factor determinante para detener el UKCOP, otros argumentos como los factores domésticos, regionales e internacionales eran igualmente importantes.

Primero, un nuevo presidente mostró gran interés en expandir la influencia y el poder de Tanzania a través de la exportación de petróleo y gas de África Oriental.

En segundo lugar, en lo referente a la intención de obtener una mayor participación de los ingresos por el hidrocarburo y reducir la dependencia de Kenya, el presidente de Uganda resultó ser un negociador mercurial.

En tercer término, una importante compañía petrolera presionó a Kampala para que rechazara la UKCOP con el fin de consolidar su participación en la producción de petrolera de Uganda.

Por último, Kenya no pudo defender eficazmente el UKCOP.

El gobernante de Tanzania, John Magufuli, electo en 2015, intentó de inmediato ampliar la influencia de Tanzania a expensas de su vecino y rival Kenya, más poderoso económicamente.

Magufuli explotó las preocupaciones del presidente de Uganda, Yoweri Museveni, en torno a la parte keniana, la adquisición de tierras y la financiación para el UKCOP, enviando empresarios y diplomáticos a Kampala para hacer lobby acerca del oleoducto tanzano.

Asimismo, Magufuli prometió una fácil adquisición de terrenos en Tanzania, y un Puerto de Tanga completamente operativo, aunque esa rada supuestamente necesita dragado, está subutilizada y es inadecuada para manejar grandes volúmenes de carga, incluyendo el crudo.

Yoweri Museveni, presidente de Uganda desde 1986, adopta un enfoque altamente personal en su administración, la política y la relación de Uganda con otros Estados, según analistas.

Mientras que la relación de Museveni durante décadas con Kenya ha sido generalmente pragmática, la ansiedad existe debido a que Uganda, sin salida al mar, depende de ese país para la mayoría de las importaciones y exportaciones.

Es su mayor socio comercial en la región y buena parte de los suministros vienen por tierra desde el puerto de Mombasa, en territorio keniano.

Si los caminos son intransitables o Kenya experimenta problemas que van desde el clima hasta la política, Uganda sufre.

Cuando Magufuli llamó a su puerta, Museveni necesitaba poco convencimiento para ver el beneficio de exportar el petróleo de Uganda a través de Tanzania.

Siempre criticó al UKCOP, tras citar preocupaciones sobre seguridad y costos, lo que contradecía la aceptación de otros actores petroleros que operan en África Oriental.

De hecho, el grupo empresarial Total lanzó la idea de la ruta Tanga a mediados de 2015, con el fin de mantener su posición de privilegio en el desarrollo y exportación de las importantes reservas de petróleo de Uganda.

Total informó a Museveni que ayudaría en la construcción del oleoducto de Tanga y prometió financiar fuentes. En marzo de 2016, la empresa recaudó cuatro mil millones de dólares.

También contrató un estudio de factibilidad de tuberías Tanga que se unió con una investigación previa de tecnólogos ugandeses, a petición de Museveni, después de que Magufuli comenzó su encanto ofensivo.

Ambas pesquisas encontraron que la ruta Tanga sería más barata y más fácil de construir, aunque eso contradecía los estudios de viabilidad de Kenya y Japón.

CAPTURA POR LA ÉLITE Y LA PÉRDIDA DE KENYA

Fuera de las razones sobre la decisión del gasoducto de Uganda y Tanzania, la desaparición del UKCOP es un golpe para Kenya en la región al potencial de exportación petrolera, los ingresos de los derechos de tránsito y al desarrollo de infraestructura crítica.

¿Por qué Kenya no logró contrarrestar la ofensiva de encanto de Tanzania?

En primer lugar, se plantea que es el carácter de la política keniana. Eso contrasta rotundamente con Uganda, donde la mayoría de las decisiones son tomadas por Museveni, incluso decidir qué ruta del oleoducto convenía.

En segundo lugar, la insistencia de Kenya en negociar sobre las condiciones previas de Uganda en materia de seguridad, financiamiento y aranceles sólo provocó demoras que al parecer molestaron al mandatario de Kampala.

En tercer lugar, debió comprometerse más con la ruta del UKCOP.

De hecho, cuando Nairobi comprendió las reservas de Museveni (y la oferta de Total y Tanzania), junto con los actores petroleros que operan en Kenia, como Tullow Oil, debió ofrecer el sur del país para construir el UKCOP.

Al comprometer esa cuestión clave, las preocupaciones de Museveni por la inseguridad, la disponibilidad de los puertos y el financiamiento se habrían disipado.

Además, la incertidumbre financiera y logística que rodea el proyecto masivo del UKCOP mantuvo a la élite política y empresarial de Kenya al margen.

Es decir, ningún ministerio particular, grupo político o interés empresarial reclamó el UKCOP y, por lo tanto, se gastó poco capital político defendiéndolo.

La desaparición de un proyecto viable y asequible que traería desarrollo, empleo y apoyo a la construcción de un nuevo puerto contrasta con otros grandes planes de infraestructura sujetos a la ‘captura de élite’, característica de la vida política nacional. El UKCOP era discutiblemente demasiado masivo y la línea de tiempo muy nebulosa para interesar a las élites políticas y empresariales de Kenya en una etapa temprana.

De ahí que el resultado de esa lucha es que el compromiso con la cooperación y las fronteras abiertas de los Estados miembros de la EAC se cuestione.

Eso puede dar una pausa a los inversionistas externos y a las empresas, minimizando las oportunidades en la región, dada la economía política del petróleo y los oleoductos, predominante en el África Oriental.