¿Hacia dónde se encamina Burkina Faso?

0
77

Por Julio Morejón

El poder en Burkina Faso sufrió fuertes conmociones en los últimos cinco años: una crisis humanitaria y una escalada de inseguridad, y ambos factores entorpecen el fortalecimiento del orden institucional.

Unido a esos aspectos desestabilizadores ocurrió un intento de golpe de Estado en 2015, que dejó entrever fisuras en su estructura política y la posibilidad de que un sector militar no apostara por la transición dirigida al empoderamiento de partidos y otras organizaciones civiles.

El país -antes uno de los notoriamente más estables del Sahel- ahora atraviesa un declive en su cotidianidad, en el quinto año del derrocamiento popular del gobierno de Blaise Compaoré, a quien se responsabiliza con la muerte del revolucionario Tomás Isidore Noel Sankara, para muchos el ‘Che Guevara africano’.

Durante esta etapa Burkina Faso entró en un proceso de transición que aún no logra definir totalmente todo lo que se debe hacer para salvarle; un ejemplo es que la cifra de personas desplazadas por la violencia ascendió en julio a 220 mil, 50 mil más de las reportadas en mayo, según Farhan Haq, vocero de la ONU.

El funcionario, asistente del secretario general, amplió acerca de las dificultades que por las lluvias tienen esas personas para acceder a las labores humanitarias elementales; ‘algunas carreteras son intransitables y en consecuencia, muchos de los afectados no tienen acceso a los servicios básicos’, resumió.

Burkina Faso y otros Estados sahelianos sufren el impacto de la desertificación, toda vez que el vecino Sahara no detiene su expansión y la emprende contra las escasas fuentes hídricas, muchas tan deterioradas que son muy difíciles de recuperar y/o en otras casos bajo el control de los señores de la guerra.

‘El acceso al agua también es difícil en muchas áreas de desplazados’, sintetizó Haq al exponer la dramática situación de esos migrantes.

Ese ambiente se hace más complejo por los ataques en diversas zonas del país de grupos extremistas de confesión islámica, que se presume estén conectados con otras formaciones similares que operan en otros sitios del semidesértico Sahel, lo cual proyecta el asunto de nacional a un plano subregional.

La Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA) informó que en lo que va de año, 42 incidentes en el país causaron 502 civiles muertos y 242 heridos, lo que evidencia el deterioro en las condiciones de seguridad, aunque se desconoce si la tendencia va a intensificarse o no.

Conforme con el funcionario, en las zonas afectadas por la violencia unas 370 mil personas tienen acceso limitado o ninguno a los servicios de salud, debido a que las dependencias correspondientes cerraron o redujeron severamente sus actividades por la inseguridad y el terror.

VARIOS CENTROS DE CONFLICTO 

Todo eso compone un cóctel corrosivo contra el modelo (político-económico-social) que se pretende implantar, que curiosamente será deudor de un pasado turbio y conflictivo heredado de la administración Compaoré (1987-2014), durante la cual se perpetraron actos represivos contra individuos que supuestamente hacían peligrar al régimen.

Pero el suceso más marcado fue el magnicidio perpetrado contra Sankara, respecto a lo que se espera aún que la justicia determine, pero para el periodista e investigador Boureima Ouedraogo ese asesinato no sólo se vincula con contradicciones políticas internas, ‘sino también con cuestiones de gobernanza mundial’.

Quienes defienden el capitalismo internacional ‘no querían un líder político que pudiera crear revueltas dentro de la comunidad de jefes de Estados africanos’ y con ejecutores nacionales le dieron muerte en 1987; sus restos y los de varios partidarios se sepultaron en fosas anónimas durante la conspiración comandada por Compaoré.

‘Todavía tenemos su discurso en la mente, pero lamentablemente, la fuerza y la voluntad que se requería para apoyar la acción política en la lucha contra la deuda (externa) no se encarnó en otros actores después de su deceso, al menos no a ese nivel político, precisa Ouedraogo, director del diario Le Reporter.

Aún se extienden muchos velos sobre la muerte del capitán Sankara e incluso acerca de aspectos que actualizan el asunto, un acto criminal, al que su sucesor Compaoré identificó como ‘accidente’, pero se conoce su carácter de confabulación vinculada con el jefe guerrillero liberiano Prince Johnson.

Durante el pasado régimen connotados extremistas como el maliense Iyad Ag Ghali estuvieron en la capital burkinabé, y trascendió que el exjefe del Ejército general Gilbert Dienderé mantuvo contacto con otros radicales en la región septentrional de Mali.

Según Ouedraogo, existen ‘todas las condiciones para la insatisfacción general. La mala gobernanza continúa, la administración sigue politizada y el enriquecimiento ilícito prosigue’ y recuerda que poco después de derrocar a Blaise Compaoré se presentó ‘una franja fanática islamo-fascista que aterroriza a la población’.

El periodista e investigador expresó en junio al entrevistador Jerome Duval para el sitio digital español el saltodiario.com que ‘lo más grave es que estamos asistiendo a la aparición de varios centros de conflicto, sin ningún vínculo aparente entre ellos, que podrían dar lugar a acciones incontroladas’.

Por cierto, el terrorista Iyad Ag Ghali y el exgeneral Gilbert Dienderé son parte de una madeja política muy confusa, al primero se le acusa de atentar militarmente contra el Estado burkinabé y el otro fracasó en su intento de derrocar al presidente Michel Kafando en 2015.

Ouedraogo llegó a la conclusión de que las actuales agresiones terroristas contra su país pueden estar relacionadas con una reacción política ‘a posteriori’ de Compaoré con el empleo de los destacamentos fundamentalistas a los que brindó cobertura antes de su derrocamiento en 2014.

Es decir que para sanar la estructura del poder se requiere resolver unos cuantos asuntos pendientes, que permitan reforzar la estabilidad con justicia social en ese Estado, el cual porta el nombre otorgado por Sankara: Burkina Faso (Patria de hombres íntegros).