Guinea Bissau: la crisis que se resiste

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O presidente República da Guiné-Bissau, José Mário Vaz, fala aos jornalistas após um encontro com o seu homólogo de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, no Palácio de Belém, em Lisboa, 19 de junho de 2014. MIGUEL A. LOPES/LUSA
José Mario Vaz

Por Osvaldo Cardosa

África no se equivocó cuando alertó por la prolongada crisis que desde hace cerca de un año vapulea a Guinea Bissau, donde se prometen esperanzas pero se cumplen casi todos los temores.

Al parecer, sin importar las consecuencias, el presidente José Mario Vaz llevó a hechos sus palabras y dimitió por segunda vez un gobierno del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (Paigc) encabezado por Carlos Correia, quien ocupaba el cargo de primer ministro desde septiembre de 2015.

El esperado decreto fue leído ante la prensa el pasado 12 de mayo por el vocero de la Presidencia, Fernando Mendonza.

Antes de su publicación, Vaz habló a la nación y dejó bien en claro que no disolvería al Parlamento, sin embargo dio señales que derrumbaría al Ejecutivo.

Durante su alocución argumentó que cesaría la administración por motivos de expiración y falta de instrumentos como el Presupuesto General del Estado para su normal funcionamiento.

Anunció de igual manera que iniciaría un proceso de audición con las fuerzas políticas, cual única solución para la crisis institucional en la nación.

En el oficio, el mandatario clavó su mirada en el Parlamento, donde «bajo el velo de aparente bloqueo del regular y normal funcionamiento de la Asamblea Nacional, se encuentra un problema congénito de fondo que el actual gobierno no pudo superar: la falta de legitimidad política para entrar en plenitud de funciones».

Para el jefe de Estado, existen tres opciones a fin de enfrentar la actual crisis: alentar a la administración a hacer compromisos, disolver el parlamento y llamar a elecciones anticipadas o disolver el Gobierno y comenzar un proceso de escucha de las fuerzas políticas para la formación de un nuevo Ejecutivo.

Descartó la primera y segunda opciones. Esta última en virtud de su elevado costo. Vaz percibe como único recurso deponer al gobierno e iniciar la ronda de contactos.

«La solución es la composición de un gobierno que refleje los sentimientos de la mayoría de las personas, representadas en el parlamento, y se le permita gobernar en condiciones», argumentó.

Horas antes del decreto, el Consejo de Ministros responsabilizó al gobernante por las imprevisibles consecuencias que podrían germinar si ocurriera una dimisión del gobierno.

Reunido de emergencia, el Consejo determinó inculparlo de lo que pudiera suceder como resultado de su intento desesperado por cesar, por segunda vez consecutiva, a otra dirección constitucional del Paigc.

En el aviso final del encuentro, se alertó que las relaciones con socios de cooperación podrían verse afectadas por «la persistencia del presidente de la República en pretender instituir un gobierno inconstitucional».

Se culpó además a Vaz «por la prevalencia de un clima de desentendimiento en la Asamblea Nacional Popular debido a su clara posición en defensa de 15 diputados en régimen de pérdida de mandato, tornándose así en parte del problema y no de su solución».

Los legisladores fueron expulsados del Paigc y vieron decretada su pérdida de mandato después de alinearse con la oposición para crear una nueva mayoría y derrocar al gobierno.

TEMORES

Bajo este escenario y ante infaustas consecuencias, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas informó que está disponible para adoptar las medidas necesarias para ser «superada la crisis política en Guinea Bissau» y llamó a las fuerzas de defensa y de seguridad del país a no intervenir.

El egipcio Amr Aboulatta, quien este mayo preside el organismo, afirmó que los miembros del Consejo «reafirman la importancia de la no interferencia de las fuerzas de defensa y de seguridad guineanas en la situación política».

Cobijado bajo la misma sombrilla de temores, el líder de la Asamblea del Pueblo Unido-Partido Democrático (APU-PDGB), Nuno Gomes Na Biam, responsabilizó a Vaz por la crisis política.

Estimó que existen intenciones de silenciar a los opositores e impedir la realización de la marcha de protesta contra la crisis, resultante de las guerras internas del Paigc.

Llamó al Partido de la Renovación Social (PRS) a tener una oposición responsable en el Parlamento y alertó que la crisis no tiene una solución a la vista porque Vaz intenta controlar el Parlamento, el Paigc y el Gobierno para garantizar un segundo mandato en las próximas elecciones presidenciales.

En busca de soluciones, el Paigc, mayoritario en el Parlamento, propuso ahora al presidente quedarse con 18 asientos, incluido el de primer ministro en el nuevo gobierno, y entregar 16 a otras fuerzas.

El líder de ese Partido, Domingos Simoes Pereira, suscribió una propuesta en que anuncia estar disponible para confiar ocho carteras al PRS.

Otros tres lugares del gobierno estarían reservados para los restantes partidos con representación parlamentaria, otras dos carteras serían entregadas a la presidencia de la República, dos a fuerzas sin asiento en la Asamblea y una a la sociedad civil.

En la proposición, Simoes Pereira sugirió a Carlos Correia, primer ministro dimitido, para encabezar la administración y coloca como alternativa a Califa Seidi, líder del grupo parlamentario.

PRIMERA DIMISIûN DE GOBIERNO DEL PAIGC

Guinea-Bissau está marcada por fuertes turbulencias dentro del Ejército y la clase política que dieron origen a dos golpes de Estado, en 2010 y 2012.

Una larga crisis institucional sirvió de pretexto para que Vaz cesara el 13 de agosto de 2015 al primer gobierno del Paigc y argumentara que resultaban excesivos los enfrentamientos con el otrora primer ministro (Simoes Pereira).

En un discurso, el día antes de la destitución, el mandatario vislumbró que la exoneración del primer ministro y el resto de su administración era la única forma de acabar con las tensiones entre los dos políticos, opuestos desde la restitución de la democracia en junio de 2014, tras la asonada golpista perpetrada en 2012.

Durante su arenga, Vaz también demandó al Ejecutivo saliente que explicara el destino de unos 85 millones de euros, cuyo gasto no justificó y que, en parte, proceden de la ayuda al desarrollo dada por la comunidad internacional.

Preguntó en qué se fueron esos recursos y exteriorizó disgusto porque ese dinero «podría invertirse en la mejora de hospitales, escuelas, saneamiento o en el sector privado».

Cuatro días antes de la separación del primer ministro, el Paigc amenazó con liderar un proceso de destitución de Vaz, por irrespeto a los símbolos nacionales.

Resoluciones partidistas, leídas por un portavoz del Paigc, aseguraron que el jefe de Estado podría ser cesado del cargo si mantenía las repetidas maneras de insolencia por los emblemas nacionales.

Apelaron al que el gobernante retomara la vía del diálogo con las restantes figuras del Estado, principalmente con Simoes Pereira.

El Partido reiteró que condenaba de forma «vehemente las repetidas actitudes» de irrespeto por los símbolos nacionales, de la República y las fechas históricas, y alerta sobre el riesgo de retirarle la confianza política.

Sin consultar con nadie, Vaz entonces nombró a Baciro Dja como nuevo primer ministro en sustitución de Simoes Pereira.

Dja se desempeñaba como tercer vicepresidente del Paigc y también fue ministro y vocero en el gobierno de Simoes Pereira.

Seguidamente el Tribunal Supremo consideró inconstitucional el decreto presidencial y obligó al mandatario a convidar al Paigc a que designara a un nuevo jefe de gobierno.

Correia, de 81 años, fue nombrado primer ministro el 8 de septiembre tras semanas de inestabilidad.

La ley permite al presidente disolver el Ejecutivo en caso de crisis política. Una vez consumada la separación tiene que formar un gobierno provisional que organice elecciones legislativas en un plazo de 90 días.

REACCIONES DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Tras la reciente dimisión del gobierno en Guinea Bissau, Portugal pidió a sus principales líderes que resuelvan sus tensiones si quieren que permanezcan los programas de cooperación y apoyo para la antigua colonia.

En un comunicado indicó que «sin el normal funcionamiento de la democracia, habrá grandes dificultades para que la comunidad internacional tenga condiciones para proseguir con la cooperación y el apoyo».

La Unión Europea decidió otorgar a Bissau 160 millones de euros para consolidar la democracia, reforzar el Estado de Derecho y mejorar las condiciones de vida de la población.

«Solo el correcto funcionamiento del régimen democrático y el respeto escrupuloso de la Constitución de la República (de Guinea Bissau) posibilitan el esfuerzo de recuperación económica (…) y la plasmación del auxilio externo tan necesario», advierte Lisboa.

Independizada de Portugal en 1974, Guinea Bissau ha padecido asesinatos de gobernantes y complot golpistas, con un periodo de paz política gobernada durante 23 años por Joao Bernardo «Nino» Vieira, derrocado en 1999.