Guerra libia: matar a Gadafi y recolonizar al Estado

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guerra-libiaCinco años después del asesinato del líder Muamar Gadafi, Occidente sólo logró una parte de su plan camuflado de Primavera Árabe, la otra, la recomposición a su gusto del Estado libio está por ver.

Si bien es cierto que la muerte del guía fue parte de la guerra sucia contra este país norafricano, las consecuencias que le sucedieron parecen que no fueron bien calculadas, pues aunque el objetivo final era desmontar a la Jamahiria como forma de Estado falló su aprovechamiento en interés de estrategias petroleras.

A Gadafi se le recuerda en sus últimas horas con vida por una grabación de video en la cual lo presentan herido y sangrando, mientras que sus captores le golpeaban con saña, luego se conoció que le asesinaron en escenario sobre el cual aún, cinco años después existen dudas.

Pero lo cierto es que si con esa muerte se pensaba retrotraer la historia de un país que tuvo momentos ilustres y alcanzó significativos avances sociales, lo que ocurrió fue una promoción de las tendencias más reaccionarias, las cuales hoy mantienen a Libia sufriendo una suerte de espasmo político.

Los poderes de lo que fue un Estado coherente permanecen divididos, los grupos armados de distintas tendencias proliferan, el extremismo de base confesional adquirió carácter terrorista y hay indicios de que se quiere también fragmentar al país en zonas que concluyan siendo parcelas comandadas por señores de la guerra.

Incluso, ese cuadro mal dibujado se percibe precisamente en la sufrida ciudad de Sirte -cuna y final de Gadafi-, donde los extremistas de confesión islámica enfrentan a fuerzas que responden a varias tendencias, aunque en conjunto lograron alejar a las facciones integristas de donde están las radas relacionadas con la exportación petrolera.

El 25 de octubre de 2011, los cadáveres de Muamar Gadafi y su hijo Mouatassim los enterraron en secreto en el desierto libio, pero la muerte del jefe y la caída del gobierno no detuvieron el declive generado por la guerra pensada en el exterior y en la que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se desempeñó como verdugo.

Así, a través de un camino ensangrentado se dio paso a la implementación de una forma de reconquista del espacio perdido, pues en un contexto donde prima el criterio neoliberal de debilitar a Estados -en conjunto, en especial a aquellos que colocan por delante el principio de soberanía- se facilita la recolonización.

Lo inesperado por ‘planificadores’ de la guerra fue que el conflicto en Libia persistiera hasta poner en riesgo la seguridad de la frontera sur, como considera Europa al magreb, ahora exportador de elementos que pueden amenazar la estabilidad del llamado viejo continente como el terrorismo y la emigración descontrolada.

El peligro de recolonización, como ocurrió contra Libia, puede servirse de varias fuentes, si con Gadafi fueron algunas presuntas inconsistencias políticas, en otros casos puede relacionarse con la profusión del terrorismo o con ofensivas militares ‘humanitarias’ como en Somalia en los pasados años 90.