Guerra con islamistas será larga, y cruel, admite presidente egipcio

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Abdel-FattahEgipto está en una guerra que será larga, cruel y difícil, admitió el presidente egipcio Abdel Fattah El Sisi, en sus primeras declaraciones tras los ataques que el jueves causaron 30 bajas al Ejército.

Al menos medio centenar de militares y civiles resultaron heridos en un bombardeo con obuses contra el cuartel general de las fuerzas de seguridad y otras instalaciones castrenses en la ciudad de El Arish, península de Sinaí, noreste.

En una reunión con el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, el jefe de Estado integró por decretó una entidad unificada cuya misión será “enfrentar las amenazas terroristas en las zonas del país al este de la gobernación de Suez, incluida la península de Sinaí”, noreste.

El ataque obligó al mandatario a suspender su primera asistencia como jefe de Estado a una cumbre de la Unión Africana y a posponer la entrevista con su homólogo etíope, Mulatu Teshome, sobre el diferendo por la súper represa Renacimiento, que Egipto teme disminuya el flujo del río Nilo.

La reunión con el alto mando castrense examina los ataques y “detalles militares y de seguridad” (y) estudiará un plan para combatir el desarrollo cualitativo de las operaciones terroristas en el Sinaí”, según fuentes oficiales.

Los insurgentes dieron muestra de una perfecta coordinación, conocimiento del teatro de la operación, ubicación de los blancos y vías para la retirada sin sufrir una baja, a pesar de los masivos medios desplegados por el Ejército en la zona.

Tras una reunión de emergencia horas después del bombardeo, los comandantes militares anunciaron la víspera el envío al Sinaí de helicópteros Apache, específicos para operaciones antiguerrilleras, y de aviones no tripulados.

El bombardeo del jueves es el más mortífero y sonado desde que en octubre pasado Ansar Beit Al Maqdis, que anunció entonces su afiliación a Estado Islámico, atacó una base militar y un punto policial y causó decenas de bajas mortales en las filas de ambos cuerpos.

Las autoridades respondieron creando una zona tapón de 500 metros de ancho y 14 kilómetros de largo, extendida después, e instauró un toque de queda de tres meses, renovado días atrás.

Ambas medidas de emergencia, junto al despliegue de cuatro grupos de combate de fuerzas especiales disminuyeron el número de acciones en el Sinaí, pero es evidente que la insurgencia en la desértica península está viva y su desaparición está un futuro indeterminado.