Grandeza y decadencia imperial en África oriental

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Por Julio Morejón
Entre los siglos XI-XV existió en África oriental uno de los reinos más poderosos, el imperio de Monomotapa, cuyo centro floreciente fue el Gran Zimbabwe, del que hoy solo quedan ruinas incorporadas al patrimonio de la humanidad.

Esa estructura sociopolítica y económica establecida en zonas de los actuales Zimbabwe y Mozambique mostró el desarrollo integral de un estilo de vida que impactó en la civilización de África oriental, con un orden de tipo comunal que avanzaba hacia una etapa prefeudal.

‘El entendimiento entre pastores y agricultores llevó a la creación de muchas de las primeras comunidades políticas de la región; otras surgieron en las escasas zonas donde el comercio era intenso. Los valores de los pastores configuraron la organización social, la cultura y la ideología’, dice Jonh Iliffe, en su Historia de un continente, África.

Según expertos, la ciudad del Gran Zimbabwe albergaba alrededor de 18 mil habitantes quienes habitaban en dependencias de piedras

‘El Gran Zimbabue se hallaba en una zona muy bien irrigada, inmejorablemente situada para el pastoreo. En el siglo XII probablemente fuera la capital de una dinastía local, uno de los centenares de microestados de la meseta (…)’, apunta Iliffe sobre las condiciones la relación hombre-medio existente allí.

A finales del siglo XIII comenzaron a erigirse sus murallas, lo cual coincidió con los hallazgos de las primeras muestras de oro extraídas por los mineros -mujeres y niños- y ya en los tiempos de mayor explotación, se estima que el total pudo ser de una tonelada al año.

La subordinación respecto a la autoridad a la cual se hizo referencia antes, parece que influyó decisivamente en el control que el Gran Zimbabwe ejercía en el tráfico del oro procedente de unas minas algo alejadas del lugar, tránsito que ocurría ‘a lo largo del valle del Save hacia Sofala’, en Mozambique.

Tal facultad daba a la jefatura de la comunidad ventaja sobre sus rivales y la posibilidad de que la ciudad amurallada fuera centro de una muy difundida cultura, que mantuvo algún tipo de vínculo -esencialmente comercial- con chinos, árabes y persas, pues muestras de sus mercancías se hallaron en excavaciones arqueológicas.

‘En el Gran Zimbabue ha aparecido una moneda de Kilua de hacia 1320-1333 de nuestra era, junto a una gran cantidad de cerámica china, persa e islámica de aquel periodo’, por lo cual Iliffe y otros investigadores no descartan que ese período fuera de una intensa actividad de intercambio con los de esa comunidad de la costa de Sofala.

Otra característica importante es que por entonces el comercio debió estar en manos africanas, ya que no existen pruebas de la existencia de una comunidad comercial extranjera, lo que comenzó a ocurrir mucho después. Para desgracia de los dueños del continente que se vieron desplazados de sus riquezas.

Monomotapa no se considera un nombre propio, sino más bien era la identificación adoptada por un gran soberano por encima de sus súbditos, incluyendo reyes y servidores públicos de alto nivel, tal distinción subrayaba el carácter centralizado establecido en una estructura de mando patriarcal.

El sistema la sucesión en el poder se realizaba mediante proceso elemental de elección, en el cual participaban líderes y aliados ilustres, la selección se practicaba con la guía de uno más jefes espirituales, que interpretaban las señales enviadas por los espíritus ancestrales de la comunidad. Así la designación alcanzaba su legitimidad.

La organización del reino con centro en la figura -que evidentemente emergía en alguna forma del consenso- otorgaba cierta unidad de criterio para gobernar en el territorio del imperio y también para imponer un grado de subordinación a otros jefes de menor rango.

El imperio formado por los predecesores de las comunidades shona asentadas en los dos países vecinos, tuvo su máximo esplendor en torno a 1440 sobre la base fundamentalmente el trueque de oro por mercancías procedentes del Oriente. Su puerto comercial era el de Sofala en la desembocadura del río Zambeze.

Conforme con muestras arqueológicas, se considera que el reino con centro en el Gran Zimbabwe mantuvo vínculos comerciales con mercaderes de comunidades árabes, con comerciantes procedentes de China y de la India., y que su desarrollo comenzó a mermar cuando se desviaron las rutas del oro.

Esa última versión posee defensores y detractores, pues los primeros se apoyan en las ideas de que el imperio de Monomotapa comenzó a desgarrarse por las pugnas entre las facciones rivales, y el oro de los ríos.

Otra hipótesis es que su comercio, tan desarrollado, fue desplazado por el tráfico de esclavos, lo cual aunque sin ser un aspecto único en su declive resultó un factor contraproducente en el fomento de las bases requeridas para el mejor advenimiento de las nuevas generaciones de africanos.

La larga historia del reino entró en una insuperable crisis a final del siglo XV, cuando se presume que abandonó la práctica cambista y concedió cada vez más prioridad a la trata de esclavos, cuya potenciación condujo a la extinción de las incipientes relaciones prefeudales de propiedad.

LA MUERTE DEL REINO

Existen muchas imprecisiones de las causas por la que se abandonó el Gran Zimbabwe; pudieran atribuirse a continuas hambrunas por malas cosechas, y terribles sequías, también a epidemias o enfermedades o transformaciones en las direcciones del comercio, conforme a varias bibliografías.

Si bien el comercio fue el medio que engrandeció al imperio de Monomotapa, también facilitó la asimilación de dinámicas, que con un conjunto de condiciones epocales convergentes, hicieron que para la mitad del siglo XVI el imperio se desplomara y su eje principal, el Gran Zimbabwe, no fuera más que una ruina con interés histórico.

‘Es posible que su decadencia a lo largo del siglo xv se debiera en parte a la sobreexplotación del entorno local (que hoy día sigue siendo un páramo), pero también, y sobre todo, a una reorientación del tráfico de oro hacia el norte en el valle del Zambeze, por debajo del límite septentrional de la meseta’, hipótesis que aborda Iliffe.

Sin embargo, también es de notar el posible incremento del tráfico de esclavos en detrimento de otras fuentes de acumulación, lo cual creó una anormalidad en el desempeño integral del reino, toda vez que los valores generados por la trata emigrarían con destino a los tratantes, quienes se llevaban la mercancía más preciada.

Ese es otro criterio, aunque con cariz meramente económico, no queda fuera de las evaluaciones a tener en cuenta para explicar el acelerado desplome del imperio de Monomotapa, una construcción del pueblo shona que había pasado su gran momento cuando en 1531 marinos portugueses llegaron por vez primera a esa ‘ciudad de piedra’.

El estudioso Wilfried Mallows opina que Gran Zimbabue fue un importante centro comercial, usado por mercaderes y tratantes árabes como enclave para el tráfico de esclavos en rutas hacia este, hay muchas deducciones sobre las ruinas pétreas que como testigo mudo de la historia permanecen en la localidad zimbabwense de Masvingo.

Sin lugar a dudas, su singular carácter de ciudad y su relación con Arabia, la India y el Lejano Oriente estimulan la imaginación de investigadores y académicos que hacen de ese conjunto uno de los sitios arqueológicos más grandiosos y enigmáticos acogido al patrimonio de la humanidad.