Gobierno islamista de Marruecos enfrenta crítica situación

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Abdelilah Benkirane

El primer ministro marroquí, el islamista Abdelilah Benkirane, abandonado por su principal aliado y muy criticado por la prensa de su país, lleva adelante difíciles negociaciones a fin de obtener una mayoría parlamentaria y evitar la caída de su gobierno.

Impulsado por los triunfos de la primavera árabe en Túnez y Egipto, el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) ganó las elecciones legislativas de finales del 2011 sin lograr una mayoría absoluta, por lo cual tuvo que formar un gobierno de coalición.

No obstante, Benkirane logró suscitar una gran esperanza, tanto más cuanto que la reforma constitucional previa a las elecciones daba mayores poderes al gobierno.

Sin embargo, 20 meses después, el ambiente cambió considerablemente, al igual que el contexto regional.

«Numerosos indicios llevan a pensar que la caída del gobierno islamista es una cuestión de tiempo», indicó el diario Akhbar al Yaoum.

Los problemas para Benkirane comenzaron realmente en mayo pasado, cuando el partido de la independencia, Istiqlal, segunda fuerza de la coalición, anunció que abandonaba el gobierno.

Desde julio, cuando el retiro de Istiqlal se hizo efectivo, Abdelilah Benkirane no logra encontrar un partido que lo suplante y le garantice la estabilidad.

Benkirane lleva a cabo negociaciones con el partido Reunión Nacional de los Independientes (RNI), con el cual siempre tuvo relaciones conflictivas.

«La política es el arte de lo posible y el conflicto con ese partido no puede durar eternamente», sostuvo el domingo Benkirane ante los jóvenes de su formación.

Los observadores dicen que, aunque difíciles, las negociaciones podrían tener un fin exitoso a mediados de septiembre.

Mientras, el gobierno enfrenta una ola de críticas, particularmente por la ausencia de reformas sociales y la situación financiera del reino, cuya deuda superó en el año 2012 el 7% del PIB.

Desde fin de 2011, el timón está en manos «de la aproximación y el amateurismo», sentenció recientemente el diario L’Economiste.

Pero la crítica más dura e inesperada tuvo lugar el 20 de agosto pasado, cuando el rey Mohammed VI denunció la política educativa del PJD.

Las críticas del monarca fueron mal recibidas en el PJD, pero Abdelilah Benkirane, que evita cualquier conflicto público con el soberano, las aceptó en silencio.

«El rey está por encima de nosotros. Nuestro combate es contra las fuerzas tiránicas que quieren apoderarse de las riquezas del país», declaró Benkirane, refiriéndose a Istiqlal, su ex aliado, y al Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado en 2008 por una personalidad cercana al palacio.

El contexto regional también ubica al PJD en una posición defensiva.

A mediados de agosto los ministros islamistas se abstuvieron de participar en una manifestación de apoyo a los Hermanos Musulmanes de Egipto en Rabat, que reunió a unas 10.000 personas, entre las que se econtraban numerosos militantes del PJD.

La juventud del PJD manifestó el fin de semana pasado el mismo apoyo a los islamistas egipcios.

«Sería más razonable canalizar esa energía al servicio del país», les dijo Benkirane.

La coyuntura regional perjudica al PJD en la medida en que lo obliga a «relativizar el argumento del triunfo electoral» como fuente permanente de legitimidad», analiza el politicólogo Mohamed Tozy.

«Los islamistas están descubriendo en todos lados que el pueblo es versátil» y «que puede cambiar de campo» incluso cuando adhiere a partidos que se basan en un programa religioso, agrega.

A pesar de todo, Benkirane, que mantiene un nivel de popularidad relativamente alto, opta por actuar con calma, sin dramatizar.

«Si fracaso en el intento de formar una nueva mayoría, me dirigiré a su Majestad, que tiene la discreción para tomar la decisión adecuada», dijo el primer ministro en referencia a la perspectiva de elecciones anticipadas.

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