Genocidio de Ruanda, aparecen más víctimas

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Por Lemay Padrón Oliveros

Casi un cuarto de siglo después, siguen apareciendo cadáveres como consecuencia del genocidio de Ruanda, la mayor masacre étnica ocurrida con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial.

La pasada semana, autoridades locales y residentes encontraron restos de unas 120 personas enterradas en una fosa común en las afueras de Kigali, la capital ruandesa.

El jefe de la asociación de sobrevivientes de los sucesos en el distrito de Gasabo, Theogene Kabagambire, declaró a medios locales que las víctimas podrían haber sido llevadas al particular campo de exterminio con el pretexto de tomarlas como rehenes.

A inicios del mes de abril comenzó en el distrito de Nyanza (centro-sur) la construcción de un nuevo sitio conmemorativo del genocidio ruandés y se completará en los próximos 12 meses, según adelantó el alcalde del territorio, Erasme Ntazinda.

Ntazinda explicó que el memorial albergará los restos de más de 90 mil perjudicados por esa matanza, y su edificación tendrá un costo de 475 millones de francos ruandeses (unos 557 mil 745 dólares).

El objetivo de este recinto es conservar los restos de víctimas de los sectores de Muyira, Kibirizi, Busoro, Ntyazo y Kigoma que actualmente no están bien conservados, señaló el funcionario.

Ntazinda declaró que la conservación adecuada de las osamentas es lo mínimo que se puede hacer para otorgar dignidad a más de un millón de personas que fueron asesinadas entre abril y julio de 1994.

En su opinión, la conservación también es importante no solo para los ruandeses sino también para el mundo, porque ayuda a mantener viva la memoria como una forma de garantizar que lo que sucedió nunca más se repita.

GÉNESIS DE UNA MASACRE

El genocidio de Ruanda fue un intento de exterminio de la población tutsi por parte del gobierno hegemónico de la etnia hutu, que es mayoritaria y para la época componía un 85 por ciento de la población, mientras que los tutsi eran el 14 por ciento, y los Twa, aproximadamente el uno por ciento.

Desde los tiempos en que Ruanda era una colonia de Alemania (1894-1916) y Bélgica (1916-1962) se crearon diferencias étnicas, pues privilegiaron a los tutsis porque debido a sus facciones y a su contextura, eran considerados ‘más cercanos a los europeos’.

Tras obtener su independencia, se instauró un gobierno liderado por los hutus que buscaba invertir los roles heredados del periodo colonial, y eso forzó al exilio a muchos tutsi hacia Uganda.

Allí se gestó en 1987 el Frente Patriótico de Ruanda (FPR), un grupo liderado por refugiados tutsis que buscaba reivindicar la posición de su etnia a través de actos de violencia contra los hutus, y que actualmente lidera el gobierno en la nación africana.

El 6 de abril de 1994, el avión en el que viajaba el entonces presidente, Juvenal Habyarimana, fue derribado y la muerte del mandatario en ese hecho provocó la reacción violenta de los hutus radicales, quienes llamaron a emprender una masacre contra los tutsis por considerar que estaban detrás del ataque contra el jefe de Estado.

Se desató entonces una ola de asesinatos con machetes, mazos y otros objetos contundentes ante la mirada cómplice del Primer Mundo, que se negó a reconocerlo como ‘genocidio’ y lo catalogó de ‘guerra civil’.

Documentos revelados con posterioridad mostraron que la embajada estadounidense en Uganda estaba al tanto del tráfico de armas en la frontera, y la CIA (Agencia Central de Inteligencia norteamericana) sabía que la fuerza militar rebelde iba aumentando, lo que incrementaba las tensiones étnicas en Ruanda.

Sin embargo, Washington pasaba por alto la asistencia de Uganda a los rebeldes ruandeses, y aunque en octubre de 1993 el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó una misión de mantenimiento de la paz para asegurarse de que las armas no cruzaban la frontera, eso no fue efectivo.

En ese contexto se produjo el atentado contra el avión presidencial y todavía hoy se investiga si fue responsabilidad de los rebeldes o de los propios miembros del gobierno.

Tras el derribo, los genocidas empezaron a atacar a los tutsis y el FPR comenzó a avanzar, pero en vez de dirigirse hacia el sur, donde se producían la mayor parte de asesinatos, se centró en Kigali.

Para cuando llegaron a la capital semanas después, la mayor parte de los tutsis ya había muerto, de ahí que se le acusara de que, en vez de evitar las atrocidades, buscaban llegar al poder.

El genocidio terminó oficialmente el 18 de julio de 1994, cuando el FPR tomó el control de Kigali y estableció un gobierno liderado por un presidente hutu, Pasteur Bizimungu, y un vicepresidente tutsi, el líder del FPR, Paul Kagame, quien desde el año 2000 funge como mandatario del país.

Durante los años siguientes, Bill Clinton se disculpó en numerosas ocasiones por la pasividad de Estados Unidos durante el genocidio.

‘Si hubiésemos ido antes, creo que podríamos haber salvado, al menos, un tercio de las vidas que se perdieron’, le dijo a una periodista en 2013.

En lugar de eso, los europeos y los estadounidenses sacaron a sus ciudadanos de Ruanda y las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU se retiraron discretamente.

Se estima que en total más de un millón de personas entre ambas etnias fueron asesinadas entre abril y julio de 1994, y muchos de los cuerpos siguen desaparecidos.