Etiopía y Eritrea, obstáculos en el camino hacia la paz definitiva

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Por Richard Ruíz Julién
El arribo de una delegación de Eritrea a Etiopía deja las expectativas altas entre la opinión pública sobre el inicio de una etapa de acercamiento definitiva, aunque expertos alertan acerca de los desafíos a enfrentar.

En general, se espera que la visita, para tomar prestada una línea de la clásica película Casablanca, sea ‘el comienzo de una hermosa amistad’, pero para ambos Estados hay muchos obstáculos en ese camino hacia la paz y la reconciliación.

Un ataque reciente a una manifestación política en esta capital dio indicios de que no todos están contentos con los cambios internos y la actitud conciliadora del primer ministro, Abiy Ahmed, por más que esos pasos vayan encaminados a alcanzar estabilidad y prosperidad.

La explosión, hasta ahora no adjudicada por ningún grupo, demostró claramente que todavía hay un trayecto difícil para el reformista Ahmed, apuntó el comentarista Abraham Zere.

Además de tales amenazas a la seguridad, es probable que enfrente múltiples resistencias dentro del estado, especialmente por parte del Frente de Liberación del Pueblo Tigrayan (TPLF), facción de la coalición gobernante que dominó la política durante más de dos décadas.

El pueblo Tigray es el más afectado por el conflicto con los de la nación colindante y, como su representante en Addis Abeba, el TPLF se siente responsable de garantizar que los intereses estén protegidos a lo largo de este nuevo proceso, argumentó Zere.

A su vez, la agrupación se ve amenazada por la agenda de transformaciones y no quiere renunciar a su posición dominante; también hay informes que sugieren que algunos residentes en la región de Tigray rechazan la propuesta de paz, sobre todo la cesión de la ciudad de Badme, como lo contempla el Acuerdo de Argel del año 2000, manifestó Awol Solomon, investigador del Centro de Estudios Estratégicos.

Esto se debe en parte a que sienten que no se los consultó antes de hacer un movimiento que inevitablemente afectaría sus vidas: quieren un retorno al tono no conciliador de la administración anterior, añadió.

La respuesta negativa de ese territorio a los acontecimientos recientes puede eventualmente alentar al TPLF a aumentar su presión sobre el primer ministro y obstaculizar los esfuerzos, en opinión de los observadores.

Pero a pesar de esas dificultades, el jefe de Gobierno ya se hizo un nombre como pacificador y muchos etíopes parecen apoyarlo en sus iniciativas para avanzar en la reconciliación.

Por supuesto, cualquier éxito logrado dependerá de los desarrollos del otro lado de la frontera.

Según analistas, no será fácil para Asmara revertir el curso y reconocer tácitamente sus propios errores crónicos, pues la paz obligará a implementar reformas y aflojar controles sobre los ciudadanos.

El Gobierno utilizó durante mucho tiempo ‘la amenaza de Etiopía’ para justificar la militarización sistémica, la opresión y la censura. Con la desaparición de tal contexto, el presidente Isaias Afwerki deberá iniciar la desmilitarización y el resto, con suerte, seguirá adelante, consideró Mohammed Abdel, especialista en temas regionales.

Asimismo, el comienzo de un proceso de paz no da cabida al cierre de fronteras, como lo hicieron con la de Sudán; pronto se hará necesario permitir el comercio con los países vecinos para reanudar lo que ayudaría a las empresas a prosperar una vez más. Esto despertaría a la población desesperada y le permitiría elevar las demandas, aseguraron los estudiosos.

La decisión de Addis Abeba de liberar a miles de prisioneros también está presionando a los vecinos para que hagan lo mismo; y está el hecho de que las áreas más afectadas por el perpetuo ‘sin paz, sin guerra’ son los asentamientos fronterizos reducidos a pueblos y ciudades fantasmas; una vez las tropas etíopes abandonen el área, Eritrea no tendrá excusa para no invertir en esas zonas, añadió Abdel.

Esperar para ver, es la recomendación de los analistas; si bien hay fuerzas dentro de ambos países con marcadas tendencias a bloquear la normalización, es un hecho que la paz sostenible parece más cercana que nunca.