Etiopía, una pasión por el fútbol con sentimientos encontrados

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Por Richard Ruíz Julién
Entre efervescencias y frustraciones, Etiopía vive la apertura del Mundial de Fútbol, del cual la selección nacional se privó participar tras estrepitosas caídas que le colocan en el lugar 151 del ranking universal.

No obstante, esta triste realidad que le aleja de la apasionada disputa por la Copa en los campos rusos, parece casi imperceptible para los etíopes, que consideran el balompié una pasión y la expresan con una exaltación nada habitual en los habitantes de esta nación del cuerno africano.

En respuesta a ello, el Gobierno decidió trasmitir todos los partidos por las señales televisivas, sin excepción, como una suerte de consuelo para quienes no podrán ver jugar allí a The Waliya Boyz, el equipo representativo, pero que no por ello menguan el ardor que les vincula al denominado deporte más hermoso del mundo.

Cuando hace apenas unos días se dio a conocer que Etiopía bajó a la posición 151 en el listado de la FIFA, esta respuesta eufórica de la ciudadanía parecía impensable.

Era el último batacazo: en mayo y abril, el lugar fue 146º y 145º, en ese orden, un movimiento descendente constante que se ha mantenido sin cambios durante los últimos nueve o más meses.

La ubicación africana del conjunto también bajó al 42°; el mes anterior fue 41º.

Inmediatamente después de que el país se clasificó para la Copa Africana de Naciones por primera vez en 31 años en octubre de 2012, ocuparon el puesto 102 en el mundo, subiendo 16 escalones.

En comparación con ese panorama alentador que parece ya muy lejano, la actual cifra es decepcionante para la mayoría de la afición.

Pero es que la mejor posición de Etiopía se registró en 2006 cuando ocupó el lugar 92º y la única otra vez en que se coló entre los 100 mejores fue en 1993, situándose en el 96.

Así, tras la renuncia de Ashenafi Bekele, un nuevo entrenador en jefe no ha sido designado para el equipo nacional desde diciembre; el organismo de gobierno del fútbol de la nación está trabajando actualmente para el nombramiento de uno, aunque el anuncio se retrasó más de lo previsto.

En tanto, a unas horas del silbatazo que pondrá en acción las piernas de 11 rusos e igual número de sauditas en el majestuoso estadio Luzhniki, las calles de Addis Abeba están colmadas de fanáticos, con banderas, emblemas de equipos participantes, cantos alegóricos y otras muestras más de regocijo, que por unos días parecerán olvidar la debacle que vive el balompié etíope.

Cuando preguntas a los citadinos por el favorito, la mayoría parece dividirse entre Alemania, Argentina y Brasil, aunque encuentras algunos que se decantan por Rusia, España y hasta Colombia.

Las nóminas africanas también reciben cierta afinidad, aunque en su mayoría, y más allá del afecto que les puede unir a sus vecinos continentales, reconocen que ‘los grandes, son los grandes, y aún hay que hacer mucho en la región para alcanzar el estrellato’.

Otros, más que un equipo, emulan por los históricos jugadores archirrivales, y entonces te hablan de un Lionel Messi o un Cristiano Ronaldo con un orgullo que parece haberles llevado a adoptarles como hijos de esta tierra.

Cuando conversas con quienes no gustan tanto del deporte, igual te dicen que ahora les importará, porque al menos por un mes buena parte del mundo dejará los interminables conflictos para pensar al unísono en algo más agradable.

‘Incluso, aquí, nadie esgrimirá si soy oromo o tigray, y la fiesta del fútbol les hará sonreír y saltar juntos una vez más’, aseguran los transeúntes.