Etiopía recuerda victoria de Adwa, el día que África derrotó a Europa

0
90
Etiopía inició las jornadas de celebración por el aniversario 122 de la victoria de Adwa, con un llamado a los jóvenes a sostener los valores de los antepasados, sobre todo, en la lucha por conservar la paz del país.

El ministro de la Oficina de Asuntos de Comunicación, Negeri Lencho, recordó el compromiso y sacrificio de quienes pelearon por mantener la independencia, con motivo del primer día de júbilo nacional por la fecha, que rememora la derrota de los invasores italianos en los finales del siglo XIX.

Esos principios debería, en opinión de Negeri, inspirar a las generaciones actuales a luchar contra la pobreza, la inestabilidad y todo enemigo activo de la paz, en función de un renacer de prosperidad en la nación.

La victoria de Adwa testificó la capacidad de repeler la agresión de los opresores e hizo de Etiopía un símbolo de resistencia en el mundo, agregó el funcionario.

El Gobierno lleva a cabo diversas actividades para honrar la fecha, como la inauguración de la Universidad Pan Africa de Adwa, pequeña ciudad ubicada en el norte del país.

El presidente de la Asociación de Patriotas de Etiopía, Lij Daniel Jote, señaló, por su parte, que ese suceso del pasado debe ser una inspiración para los del presente, y más que todo una lección sobre la necesidad de participar en actividades que contribuirían a la construcción nacional.

EL DÍA QUE ÁFRICA DERROTÃ’ A EUROPA

A nivel internacional se recuerda el hito como el día que África derrotó a Europa; en la noche del 29 de febrero de 1895 las tropas italianas se dividieron en tres columnas y comenzaron la marcha, pero terminaron alejándose varios kilómetros unas de otras debido a que los mapas eran menos precisos de lo pensado.

La columna de Matteo Albertone viró en algún momento para reunirse con el resto del ejército y, sin saberlo, comenzó a acercarse a la posición de Ras Alula, uno de los comandantes del ejército etíope.

Alula de inmediato envió emisarios al Emperador Menelik II para informarle que los italianos habían marchado; el efecto sorpresa se rompió y los etíopes tuvieron tiempo de colocar sus cañones y hombres en las zonas altas que rodeaban el paso al que se dirigía Albertone.

Allí no tuvieron que hacer más que esperar a las desprevenidas tropas italianas.

A las seis de la mañana comenzó la batalla. Albertone pronto vio su posición asolada por el fuego etíope, incluyendo varios cañones que parecen haber sido donados por los rusos (quienes siempre tuvieron simpatías por el emperador africano).

Sus tropas, Askaris provenientes de Eritrea, estaban en gran desventaja numérica y pese a su valor y eficacia pronto comenzaron a perder terreno.

El ejército se desbandó cuando su comandante, Albertone, cayó prisionero, pero para entonces los supervivientes pudieron encontrarse con las tropas de Giuseppe Arimondi, quien acababa de llegar a apoyar la columna de Albertone. Una súbita carga hizo retroceder a los etíopes: parecía que Italia aún tenía chances de ganar.

La ilusión no duró mucho. Arimondi estaba en una mejor posición que Albertone, tenía más hombres y mejor conocimiento del terreno, pero seguía en desventaja numérica.

Pudo resistir con cierta facilidad la carga de las tropas menos entrenadas de Menelik, pero este vio la oportunidad y lanzó sus Shewas a la posición de Arimondi, obligándolo a retirarse rápidamente.

La última columna italiana, dirigida por Vittoro Dabormida, nunca pudo ayudar a sus compañeros. Al marchar en la ayuda de Albertone se encontró con fuertes posiciones etíopes y tuvo que comenzar una lenta retirada en busca de una posición más defendible. Al hacerlo, sin embargo, terminó sin saberlo en un angosto valle donde sus tropas fueron aniquiladas.

La batalla terminó en menos de seis horas con una decisiva victoria etíope. En total, Italia perdió casi 11 mil hombres, contando poco menos de seis mil 500 muertos, mil 500 heridos y tres mil prisioneros.

Menelik II tomó la sabia decisión de evitar una campaña para expulsar a los italianos de Eritrea y Somalia, sino que aprovechó su ventaja para forzar los acuerdos según las percepciones etíopes y al hacerlo evitó una campaña italiana posterior que podría haber resultado victoriosa.

En Italia la derrota de Adwa precipitó una crisis sin precedentes. En Etiopía, sirvió para recordarles a los africanos que podían defenderse y en Europa, para hacerles saber que el continente no estaba completamente sometido.