Etiopía y las iglesias excavadas en la roca

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Por Richard Ruíz Julién

El cristianismo etíope bien podría calificar hoy como una rareza, según expertos, toda vez que mantiene ritos y formas muy próximos a los expuestos en la Biblia y unas profundas semejanzas con el judaísmo.

Este y otros elementos son ahora aprovechados por la campaña para promover los valores de este país del denominado cuerno africano desplegada por el Ministerio de Turismo, que emprendió una carrera contra reloj para lograr el millón de visitantes extranjeros, antes del cierre del año.

Así, uno de los sitios que, de acuerdo con los especialistas, está aumentando en popularidad entre los viajeros son las particulares iglesias talladas en la roca, a las cuales, en muchos casos, se llega escalando.

El templo cristiano de Abuna Yemata Guh, en la región de Tigray, al norte de Etiopía, parece que está más cerca del cielo que ninguno, y para acceder a él no hace falta ser escalador, pero casi.

Tras algunos minutos de ascensión desde la carretera, el camino se detiene al pie de un muro de roca de unos ocho metros que sirve de defensa natural, lo que le da al centro de culto su carácter inexpugnable y lo ha preservado desde el siglo XIII.

El director de la Autoridad para la Conservación del Patrimonio Cultural, Haile Zeleke, refirió que un nuevo plan de visitas dirigidas permite a los turistas recorrer esos atípicos lugares, aunque se requiere no solo preparación física, sino herramientas para garantizar la seguridad en el trayecto.

Además, apuntó Zeleke, el panorama resulta una de las más bellas estribaciones de las montañas Gheralta: unos redondeados y grandes farallones de piedra casi verticales rodeados de una amplísima llanura.

La pared vertical está convenientemente horadada para ser escalada sin demasiado esfuerzo, aunque es recomendable hacerlo siempre con ayuda.

Superarla merece la pena, consideró Tefere Megistu, jefe de Comunicaciones del citado ministerio.

Después de dos o tres cuestas (en cuyos laterales se pueden ver osarios humanos al aire libre) se alcanza una cornisa de roca natural que a modo de pasarela permite acceder al templo.

A pesar de ser suficientemente ancha para recorrerla sin peligro, el vacío que se abre a los pies del viajero, a 762 metros de la llanura, sobrecoge, una emoción que se acrecienta al acceder a la cueva, aseguró Megistu.

Una abertura da paso a este espectacular y recoleto recinto, con un interior que alberga sus pinturas murales, una conmovedora labor pictórica de suelo a techo.

De estilo bizantino, retrotraen al primitivismo cristiano, manifestaron académicos: figuras toscas, hieráticas, de enorme intensidad expresiva, de una frontalidad aún más intensificada por el tono oscuro de la piel y sus esponjosas cabelleras negras, que chocan con cualquier representación religiosa occidental.

Aquí, la virgen, los santos, los apóstoles, los arcángeles son abisinios. El objetivo de los artistas era eminentemente didáctico para un pueblo por entonces no solo iletrado, sino también aislado del exterior.

Con iglesias como la de Abuna Yemata Guh, Tigray es la excepción de la excepción, subrayaron los estudiosos.

Que esta región etíope, que cuenta con uno de los menores índices de desarrollo del país, acumule el mayor patrimonio cultural y espiritual de la nación es, cuando menos, sorprendente, planteó Solomon Alemayehu, investigador de la Universidad de Addis Abeba.

Un extraordinario legado, solo conocido en su conjunto a partir de 1966, que consta de unas 153 iglesias cristianas construidas entre los siglos X y XV; aunque se estima que quedan por descubrir bastantes más, en una región como el cuerno de África, donde cohabitan además el islam y los sistemas de creencias locales.

Lo es aún más si se tiene en cuenta que todas ellas están excavadas en afloramientos a casi dos mil metros de altitud que suponen las últimas estribaciones del macizo abisinio, antes de descender abruptamente hacia la depresión del Rift.